Energía

Mauricio Macri complica a Evo Morales y Chile tiene algo de culpa

Reuters

El gobierno trasandino apuesta por cambiar la ecuación comercial del país en el mediano plazo

Diario Financiero - Santiago

A menos de un año de presentarse por cuarta vez como candidato a la presidencia de Bolivia, a Evo Morales se le acumulan los problemas.

La región ha ido girando a la derecha dejándolo, junto a Nicolás Maduro de Venezuela y Daniel Ortega de Nicaragua, entre los sobrevivientes de la llamada “marea rosada”. Además, se enfrenta a las dudas de que su plan económico sea realmente sostenible, en momentos en que el fin del superciclo de las materias primas ha golpeado los ingresos y con ello su popularidad, poniendo en riesgo su tercera reelección.

A todo ello se suma que 2019 será el año de las renegociaciones de uno de sus pilares económicos: la venta de gas a dos de sus principales compradores, Brasil y Argentina.

Futuro en vilo
En el primer trimestre de 2018, el valor de las exportaciones desde Bolivia a ambos países registró un incremento interanual de 36% por “mayores volúmenes y mejores precios de venta”, según explicó en mayo el ministro de Hidrocarburos de la nación altiplánica, Luis Sánchez. “Todo indica que es una tendencia para todo el año”, agregó.

Sin embargo, su pronóstico podría no ser tan positivo el próximo año.

Con la llegada del ultraderechista Jair Bolsonaro a Brasil -principal destino del recurso boliviano-, la negociación se torna compleja.

Antes de 2018, cuando vence el actual contrato por 20 años, los dos jefes de Estado deberán renegociar la renovación del pacto.

Ya en 2006, el tema causó fuertes tensiones entre los socios comerciales, por el aumento planificado de los precios; sin embargo, la cercanía ideológica de Morales con el entonces presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, permitió resolver los desacuerdos. Ahora, serán dos líderes antagónicos los que deberán pactar buscando términos más favorables para cada uno.

La amenaza argentina
Pero los inconvenientes para Morales no terminan ahí. Desde hace unos meses, Argentina ha empezado a surgir como una amenaza en materia de gas para la nación altiplánica, considerando que la administración de Mauricio Macri está impulsando, con éxito, el desarrollo del yacimiento Vaca Muerta, desde donde ya se ha logrado volver a exportar electricidad a Brasil y gas a Chile.

Con este proyecto, Macri promete cambiar la ecuación comercial de la nación en el mediano plazo. “Vaca Muerta es una revolución energética para Argentina”, aseguró.

Su gobierno espera producir 260 millones de metros cúbicos de gas por día y exportar 100 millones, ampliar las ventas a Chile, reducir las importaciones desde Bolivia y exportar vía marítima a otros destinos.

Por ello, desde ya adelanta conversaciones con La Paz para empezar a recibir menos cantidad del recurso. Ayer el ministro Sánchez anunció que, junto al secretario de Energía argentino Javier Iguacel, buscan ajustar el acuerdo existente que se extiende hasta 2026.

Se evalúa mantener el volumen de envíos que están pendientes en 3,76 trillones de pies cúbicos, extender el plazo más allá de 2030 y abrir el mercado boliviano a empresas argentinas. También estudian la deuda que mantiene Buenos Aires, de más de US$ 200 millones.

Las negociaciones surgieron desde que, en octubre, la autoridad trasandina adelantó que no necesitará del gas boliviano en 2020, por el crecimiento de la producción en Vaca Muerta. Ya ese mes, el país había comprado 42% menos del recurso de lo establecido para la fecha.

Además, Macri cerró una instalación de importación de Gas Natural Licuado (GNL) y despidió, desde Bahía Blanca, el barco regasificador Exemplar para instalar en su lugar otro buque destinado a exportar.

Según él, la nación está retomando la senda del comercio internacional, tras pasar más de una década comprando combustibles por política de los gobiernos kirchneristas.

“(El barco) había venido por un invierno y se quedó diez años, costó un montón de dinero diario y más de 40 mil millones de pesos en diez años”, dijo. “La inacción, la incapacidad y el despilfarro nos costó a todos los argentinos. Pensaron que la energía era gratis”, aseveró.

Mirando a Chile
Argentina tiene claro que quiere dejar atrás su posición deficitaria e importadora de energía, para volver a ser exportador y, por ello, también ha volcado su mirada a nuestro país.

“Gracias a las inversiones realizadas en Vaca Muerta y a los excedentes de gas en estos primeros 18 meses de inversión podemos volver a exportar”, expresó en agosto el Ministerio de Energía a través de un comunicado. “Seguir con estas políticas nos va a permitir sentarnos en la mesa de los grandes jugadores de exportadores de energía”, agregó.

Luego de una década fuera del mercado, el Ejecutivo autorizó a Pan American Energy (PAE) a vender gas natural a la chilena Colbún, por hasta 275,6 millones de metros cúbicos.

Datos oficiales estiman que los envíos a nuestro país entre octubre y abril de 2019 podrían llegar a 10,5 millones de metros cúbicos diarios, lo que posibilitaría ingresos de aproximadamente US$ 38 millones mensuales, según proyecciones del sector privado. Para 2022, las ventas podrían alcanzar los 30 millones de metros cúbicos diarios.

También se dio luz verde a las firmas Total Austral y Compañía General de Combustibles para exportar a Methanex en nuestro país.

No todo es oro
El mensaje pro-empresarial de Macri, basado en la eliminación de las regulaciones y apertura a la inversión, ha atraído a grandes firmas energéticas como Chevron, Shell, Total, Equinor y ExxonMobil hacia Vaca Muerta.

Sin embargo, no todo es oro. El yacimiento enfrenta el dilema del transporte hasta los grandes centros de consumo o hacia las plantas para la exportación, por lo que el gobierno plantea la construcción de un nuevo gasoducto que una el yacimiento con la localidad de San Nicolás, en la provincia de Buenos Aires.

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