Mercosur incumple, excluye y traiciona

Luis Fernando Vargas Alzate

Aunque la América Latina, como subregión del continente americano, ha logrado una estabilidad que le sitúa en mejores condiciones si se relaciona con otras regiones con las cuales tradicionalmente ha sido comparada (norte de África y Medio Oriente), lo real es que vienen desarrollándose algunos acontecimientos que llaman la atención.

Uno de esos hechos está vinculado con lo que sucede en Paraguay, un país de particulares contrastes y que actualmente padece la exclusión de organismos multilaterales y procesos de integración regional, a causa de la reciente destitución del presidente Fernando Lugo.

Los hechos, muy publicitados por la prensa regional, forzaron la salida de la cabeza del Ejecutivo.

Al argumentarse inacción en las tareas del mandatario, el Legislativo aplicó de manera estricta, aunque notablemente ágil y sospechosa, lo que está expuesto en el artículo 225 de la constitución paraguaya, de la sección VI, del título II, sobre el procedimiento para el juicio político: "El Presidente de la República (…) sólo podrá[n] ser sometido[s] a juicio político por mal desempeño de sus funciones, por delitos cometidos en el ejercicio de su[s] cargo[s] o por delitos comunes."

De acuerdo con el citado artículo, puede señalarse que no hay acto de ilegalidad ni inconstitucionalidad en las acciones adelantadas por el Senado paraguayo, que argumentó incompetencia del Presidente de la República en las funciones que debía ejercer como cabeza de gobierno para determinar la destitución. Entonces, se enjuició en rápidas 24 horas.

No obstante la anterior explicación, se desató una oleada de críticas ante el procedimiento desarrollado, tanto desde los espacios domésticos guaraníes, como desde las diferentes latitudes regionales en América Latina.

A su vez, las críticas se acompañaron con la sugerencia de probables maquinaciones conspirativas por parte de quienes insisten en la defensa de la gestión del presidente Lugo al frente de la presidencia. Ello motivó que el Mercosur y la Unasur determinaran suspender a Paraguay de sus estructuras, mientras que la Organización de Estados Américanos (OEA) asegura una posición al respecto.

Viene entonces la suspicacia generada tras lo sucedido. Mercosur es un proceso de integración originado en 1991 con el Tratado de Asunción. Alcanzó su carácter institucional con la firma del Protocolo de Ouro Preto, en 1994, y en desarrollo de sus funciones recibió desde mediados de la década anterior la petición venezolana para su admisión al mismo.

Desde un primer momento, el Legislativo paraguayo encontró inconveniente el ingreso de Venezuela al proceso de integración. Así mismo Brasil mostró sus objeciones. Sin embargo, los legisladores brasileños dieron vía libre al ingreso del país bolivariano, quedando sólo el Senado guaraní en posición de rechazo frente a la membrecía venezolana.

De manera expedita, en reunión adelantada en Mendoza, el pasado 29 de junio, los gobiernos de Argentina, Brasil y Uruguay, determinaron en declaración conjunta suspender a Paraguay del mercado común e incluir de manera plena a Venezuela, aprovechando que no estaba presente en la sesión el país que se mantuvo opuesto al citado ingreso.

Desde todo punto de vista se evidencia un manejo irregular de la situación. El hecho de excluir rápidamente a los paraguayos, tanto de Mercosur como de Unasur, terminó jugando en favor de los intereses chavistas en el Cono Sur; por lo que la reacción airada en defensa de Fernando Lugo fue una simple cortina de humo mientras se fraguaba una sucia jugada frente al mismo Paraguay.

Ahora, del mismo país guaraní dependerá si le sigue apostando a un proyecto integrador que por tradición lo ha excluido.

Y eso que esta vez no bastó con la exclusión sino que además de ello le sumó una traición a su posición de rechazo frente a la participación venezolana en el mercado común.

Ya el gobierno paraguayo presentó demanda ante el Tribunal Permanente del organismo (Mercosur) y espera que se tome muy en serio su reclamo. Queda claro que lo que sucede en América Latina es vergonzoso, en lugar de avanzar se retrocede. Esta vez le correspondió a Paraguay padecer las consecuencias de la tradicional lucha de intereses.