Ecuador

Mientras redes criminales crecen en Latinoamérica, Quito se convierte en campo de disputa

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Miembros de peligrosas bandas de alcance nacional comenzaron a instalarse en la zona, trayendo consigo tiroteos y asesinatos por encargo

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Durante años, el grupo de vigilancia vecinal del popular barrio Solanda, en Quito, patrulló sus calles durante la noche armado únicamente con silbatos y palos y atento a posibles robos de teléfonos móviles y otros delitos menores.

Pero entonces se dieron cuenta de que los delincuentes estaban cambiando. Miembros de peligrosas bandas de alcance nacional comenzaron a instalarse en la zona, trayendo consigo tiroteos, asesinatos por encargo y extorsiones.

El grupo de vigilancia suspendió sus rondas por temor a convertirse en blanco de los delincuentes. En su lugar, llegaron tropas armadas, enviadas por el gobierno nacional.

La importancia de Ecuador como punto de tránsito para las exportaciones de cocaína desde Colombia y Perú se ha disparado en los últimos cinco años.

Esto ha desencadenado una explosión de violencia y criminalidad en un país que antes era tranquilo, afectando a todos: desde pescadores en la costa del Pacífico hasta políticos, periodistas y personas mayores, algunas de las cuales se han visto obligadas a abandonar sus hogares.

El presidente Daniel Noboa, aliado del gobierno de Donald Trump, ha respondido con una ofensiva integral que combina medidas militares, policiales y legislativas, desplegando soldados en las calles y endureciendo las penas, entre otras medidas.

Aunque el gobierno ha logrado capturar o abatir a varios líderes de estas bandas, esto provocó una fragmentación que ha derivado en una violenta lucha interna y en la aparición de grupos más pequeños que buscan controlar nuevos territorios. Ahora, Quito es un territorio de interés para las bandas.

Esta histórica ciudad andina —con sus edificios coloniales de fachadas blancas, calles empedradas y un telón de fondo de volcanes cubiertos por nubes— ha sido durante mucho tiempo un destino atractivo para turistas y nómadas digitales.

Sin embargo, según residentes, la policía y diversos analistas, se está convirtiendo cada vez más en un foco de actividad criminal.

Las bandas utilizan la venta local de drogas para afianzarse en los barrios y aprovechar la ubicación estratégica de la capital de Ecuador para distribuir estupefacientes a los puertos del país, desde donde se envía la cocaína con destino a Europa y Estados Unidos, principalmente.

"Las organizaciones delictivas han tratado de posesionarse de ciertos barrios y sectores a través del microtráfico" , dijo a Reuters el teniente coronel de policía Juan Chacón, mientras su equipo realizaba una redada en un presunto punto de distribución de drogas en el centro de Quito. "Esto conlleva a que estén conectados a varios delitos".

Según la policía, en Quito operan bandas como Los Lobos, Los Choneros y Los Tiguerones, designadas por Estados Unidos como organizaciones terroristas extranjeras.

Solanda, construida como un proyecto de vivienda social en la década de 1980 y que cuenta con un concurrido distrito comercial, así como con calles estrechas de casas modestas, figura en una lista del gobierno nacional como una de las zonas de alto riesgo en Quito.

Los residentes han instalado cámaras de vigilancia en cada esquina y rejas metálicas en las entradas a las calles laterales para impedir el acceso de personas desconocidas.

"Con las cámaras se puede distinguir al delincuente y así no exponerse", dijo María Eugenia Albán, una líder comunitaria en Solanda. "Ahora los delincuentes ya no actúan solos y están armados, hay que evitar eso".

 

Bandas "intentan hacer base"

La respuesta de las autoridades ha logrado ciertos resultados. El refuerzo de la seguridad en Solanda permitió reducir el número de muertes violentas a solo dos entre enero y septiembre, una cifra inferior a las 13 registradas en el mismo periodo de 2025, según los registros gubernamentales.

En todo Quito, las cifras de muertes violentas disminuyeron en 2024 y 2025 —tras haber alcanzado un máximo de 294 en 2023—, coincidiendo con el despliegue de militares en las calles ordenado por Noboa. Aun así, los niveles de violencia siguen siendo inferiores a los observados en ciudades costeras ecuatorianas como Guayaquil y Durán. No obstante, las fuerzas armadas advierten que se trata de una batalla constante.

"Los grupos de delincuencia organizada intentan hacer base aquí en Quito", dijo a Reuters el teniente coronel Miguel Saavedra, jefe de una brigada táctica del ejército encargada del control de armas, municiones y explosivos en la capital, en un puesto de control donde su unidad inspeccionaba vehículos en busca de armas.

Sus tropas trabajan con el objetivo de "preservar y devolver a Quito la seguridad".

Unos 4.000 uniformados, entre policías y militares, fueron movilizados para intensificar las operaciones de control en accesos y corredores estratégicos en Quito como parte de un plan anunciado por Noboa en agosto. La ciudad ha estado bajo estado de excepción durante 60 días desde septiembre.

Durante las primeras seis semanas del plan, la policía detuvo a más de 300 personas, según cifras oficiales. Los militares se sumaron a los operativos policiales para realizar controles de armas en los accesos a barrios de alto riesgo y llevaron a cabo patrullajes focalizados.

Las incautaciones de drogas en Quito aumentaron cerca de 500% entre enero y septiembre en comparación con el mismo periodo del 2025, según cifras de la policía.

Las operaciones militares y policiales en todo Ecuador provocaron a las bandas dedicadas al narcotráfico, la minería ilegal y el tráfico de combustible y armas pérdidas cercanas a US$20.000 millones entre enero y julio de 2026, según el Ministerio de Defensa.

Sin embargo, las medidas enérgicas en un lugar pueden llevar a los grupos delictivos a buscar territorios más favorables, donde los residentes estén menos alerta ante la delincuencia, señaló el coronel retirado Mario Pazmiño, exjefe de inteligencia del ejército y actual analista de seguridad.

Explicó que Quito forma parte del "triángulo de la cocaína", sirviendo como punto de tránsito y almacenamiento temporal para la droga proveniente de la ciudad costera colombiana de Tumaco y de la provincia de Putumayo, antes de ser transportada a través de Ecuador por corredores viales que conectan la región amazónica con la costa del Pacífico.

La posición estratégica de la capital ha sido aprovechada por un número creciente de grupos delictivos durante el último año, indicó Tiziano Breda, analista de la organización de monitoreo de conflictos Acled.

No obstante, su condición de "punto de tránsito" reduce el riesgo de que se convierta en el epicentro de los violentos enfrentamientos entre grupos que se observan en otras zonas.

"En el caso de Quito comienza a converger carteles internacionales y bandas nacionales que comienzan a posicionarse", afirmó Pazmiño. "Quito es una ciudad bisagra, esa función de redistribución atrae la atención de las bandas que vienen a cuidar la mercadería y hay otras actividades".

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