Occidente revive la ira contra un Vladimir Putin que se muestra impasible

Rusia no quiere cerrar por completo la posibilidad de diálogo con EE.UU.

Bloomberg

Las potencias occidentales muestran una creciente exasperación y enojo ante el ruso Vladimir Putin con una nueva ronda de sanciones y condenas de Estados Unidos por la piratería informática, un ataque con agentes neurotóxicos en Inglaterra y la carnicería del régimen que el mandatario ruso respalda en Siria.

Pero nada de eso puede disuadir —ni darle una lección de humildad— a Putin, que ya está bajo sanciones multinacionales por intervenir en Ucrania. Europa muestra poco interés en amontonar nuevas sanciones económicas, y el presidente ruso ha comprobado que ignorar las críticas lo ayuda mientras hace campaña por la reelección como el tipo duro que defiende a su país.

En rápida sucesión, la primera ministra británica Theresa May ordenó el miércoles que 23 diplomáticos rusos se marcharan después de que las autoridades concluyeron que se utilizó un agente neurotóxico para envenenar a un ex espía y su hija en suelo británico, y luego, el jueves, Estados Unidos impuso sanciones a funcionarios rusos ya imputados por el fiscal especial Robert Mueller por entrometerse en la campaña presidencial de 2016.

“No se anunciaron nuevas sanciones reales y la posibilidad de que se acuerden con la UE es insignificante”, dijo Vladimir Frolov, un analista de política exterior y exdiplomático en Moscú. “Hasta ahora, no veo que estas declaraciones puedan dañar o asustar a Moscú”.

Agente de grado militar
Rusia no quiere cerrar por completo la posibilidad de diálogo con EE.UU., por lo que “modulará” su respuesta a las últimas sanciones, dijo este viernes el viceministro de Relaciones Exteriores, Sergei Ryabkov, según la agencia oficial de noticias RIA Novosti.

Rusia actuó con tanta rapidez y agresividad que los Gobiernos occidentales han tenido dificultades para mantenerse al día. El 4 de marzo, un ex agente doble, Sergei Skripal, y su hija Yulia fueron encontrados inconscientes en la pequeña ciudad inglesa de Salisbury. Los funcionarios determinaron que los dos, que permanecen en estado crítico, fueron atacados con un agente neurotóxico de grado militar, y que Rusia probablemente sea la responsable.

El ministro ruso de Relaciones Exteriores, Sergei Lavrov, restó importancia a las acusaciones británicas calificándolas de “absolutamente groseras, infundadas y sin base sólida” y sugirió que las intoxicaciones eran una trampa para desacreditar a Moscú.

Putin continúa apoyando al presidente de Siria, Bashar al-Assad, cuyo ejército está acusado de utilizar armas químicas contra civiles en la sitiada ciudad de Guta. En EE.UU., el FBI advirtió el jueves que piratas informáticos rusos están llevando a cabo un amplio ataque contra la red eléctrica, las plantas de procesamiento de agua, las instalaciones de transporte aéreo y otras infraestructuras.

Nada de eso podría importarle a Putin a menos que los aliados occidentales golpeen a Moscú donde realmente le duele: al restringir el flujo de dinero ruso al jugoso mercado inmobiliario de Londres, por ejemplo, o imponer un tipo de sanciones paralizantes a los principales bancos rusos como las que se aplicaron a Irán por su programa nuclear antes del acuerdo de 2015 con las potencias mundiales.

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