Perú no se detiene en su ascenso

Luis Fernando Vargas Alzate

Como se lee en múltiples reflexiones y análisis sobre procesos de integración, progreso y desarrollo en América Latina, un actor particular continúa llamando la atención de todo quien dedica parte de su tiempo a la comprensión del escenario regional.

Se trata de Perú, un país extenso que mira al Pacífico constantemente desde sus 3.079 kilómetros de costa sobre el Mar de Grau, una nación que entiende la necesidad de unificar criterios en pos de objetivos conjuntos, y un Estado que gradualmente gestiona en favor del desarrollo de su sociedad.

Curiosamente se sigue presentando que al referirse en conversaciones abiertas a lo que Perú desarrolla en procura del desarrollo, muchas personas se sorprenden. Casi con incredulidad se niegan a entender el ritmo de avance del país suramericano. Si bien es cierto que un show televisivo -que no viene al caso mencionar- hizo mucho daño a la sociedad Inca, generando un estigma difícil de eliminar, lo real es que debe dejarse atrás esa penosa imagen que lo máximo que logra es engañar al extranjero.

Tres aspectos importantes debieran tenerse en cuenta al momento de referirse al Perú del siglo XXI. Inicialmente su proceso de fortalecimiento institucional, basado en el imperio de la ley y su innegociable aplicación; lo segundo, relacionado con la periodicidad expresa en los objetivos trazados y su vínculo con la política pública. Por último, es para considerar la relevancia de la posición que su economía ofrece en términos de previsión para los años próximos.

Inicialmente se hace mención a lo que Perú ha logrado institucionalmente. Para los estadistas es claro que mientras se consolide el aparato estatal, existe garantía sobre lo útil que resulta confeccionar objetivos consensuados. El Estado peruano supo aprovechar los golpes dados a Sendero Luminoso para gestar una línea fuerte liderada en sus inicios por Alberto Fujimori y prolongada en el tiempo, muy particularmente, por Alán García (recuérdese que entre García y Fujimori gobernó Toledo). Lo particular se liga al hecho de que en el primer mandato de García (1985-1990) éste hizo poco por la consolidación de las instituciones, a diferencia de su acertado desempeño en el segundo.

Perú se estabilizó y las directrices sugeridas desde el Estado han demostrado ser el camino hacia la inclusión y el desarrollo integral (ratificado en la implementación de programas como Pensión 65, Juntos y Beca 18). No es gratuito, por ejemplo, que los niveles de pobreza hayan caído cerca de 13 puntos porcentuales desde 2005 hasta la fecha, cuando dichas cifras se sitúan alrededor del 32%. Cabe anotar que los planes del gobierno Humala están empeñados en bajar este indicador a 20% para 2016, lo que no luce descabellado, si se analiza de manera juiciosa la estrategia planteada y, claro, si se aprovechan los recursos que están ingresando anualmente al país.

En segundo término es preciso señalar que los peruanos han comprendido la importancia de establecer metas claras en tiempos sensatos.

Perú constituyó objetivos y prioridades con su respectivo plan de ejecución en todas las áreas. Asuntos puntuales como la participación directa en la dinámica del Pacífico, la progresiva -aunque aún lenta- reconversión de su aparato productivo, sus planes incluyentes de transformación social y la vinculación gradual y prudente ante las exigencias de los mercados internacionales, se establecieron bajo el esquema del interés nacional, en temas que la actual administración examina con fervorosa constancia.

De ahí se llega al tercer ítem sugerido. La promesa de lo que hará este inquietante actor latinoamericano. Tal como se hizo público, en marzo la revista Bloomberg Markets asignará la tercera posición a la economía peruana entre todas las emergentes del planeta, superando en mucho a Colombia, México y Brasil. Este año aspira un ascenso del 16% en las ventas regionales; mientras que las cifras esperadas sobre Inversión Extranjera y aumento de las exportaciones no tradicionales, superan cualquier pronóstico que se haya elaborado. América Latina y el mundo deben poner sus ojos en Perú, sin duda, uno de los destinos menos inciertos de la región.

Luis Fernando Vargas Alzate- Analista internacional U. Eafit

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