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¿Por qué aunque usted sea más productivo sus superiores no le aumentan el sueldo?

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RIPE:

Estos son los resultados que arrojaron las encuestas del Segundo Barómetro Adecco Outsourcing sobre productividad y eficiencia

Expansión - Madrid

La productividad con la que sacaban pecho algunos sectores después del confinamiento ya es cosa del pasado. Ni la tecnología ni el cambio de modelo de trabajo -cuando la actividad laboral lo permita- parecen haber conseguido mantener los niveles del año pasado. El II Barómetro Adecco Outsourcing sobre productividad y eficiencia confirma que el nivel de productividad y eficiencia media de la empresa en España baja 4,38 puntos respecto de 2022, y se sitúa en 54,4 sobre 100.

Por sectores, Banca y Seguros lidera el ránking de la productividad con 64,85, a más de dos puntos de distancia de Alimentación, que ocupa el segundo lugar con 62,65 puntos. Por debajo de la media se encuentra Healthcare, Distribución o Farma, entre otros; la Administración Pública, con 46,44 puntos, ocupa el lugar 21 entre los 30 sectores que analiza este informe. Para Daniele Tramontin, director comercial de Adecco Outsourcing, el motivo es "bien sencillo, cuanto más rígidas son las estructuras de una organización más barreras existirán para el cambio y la innovación". Más de 2.000 directores, managers y mandos intermedios representativos de la industria española han participado en la encuesta para realizar esta investigación, que pretende determinar la productividad y la eficiencia de las empresas en nuestro país.

Un total de 5.000 empleados de empresas en 10 países consultó HubSpot -plataforma de CRM- para elaborar el Informe de Trabajo Híbrido 2023. Uno de los datos que se desprenden del mismo confirma la teoría de Tramontin: 66% de los trabajadores piensa que un horario flexible ayudaría a mejorar su productividad.

Las claves de la eficiencia

Tramontin cree que la productividad dentro de cada organización depende de múltiples factores. Sin embargo, entiende que éstos se pueden agrupar en cuatro grupos: las personas, la estructura organizativa, la tecnología y la calidad. Todo apunta a que hay algo que no se está haciendo bien. El estudio de Adecco refleja que 19,13% de las compañías españolas tiene un nivel de productividad y eficiencia nula y 12,51% muy baja; mientras que 12,56% tiene una productividad y eficiencia alta y 5,49% muy alta. Conclusión: sólo 18% de las compañías españolas tiene una productividad sobresaliente (6 puntos porcentuales menos respecto a 2022).

Quizá habría que revisar las claves de la productividad -ratio que mide el rendimiento de las personas- para conseguir organizaciones más eficientes. Para Luis Fernando Rodríguez, CEO de Watch &Act, el ADN de la eficiencia "son aquellos elementos que, siendo susceptibles de gestionarse, son capaces de ampliar el retorno que la inversión en el servicio/producto que entrega la empresa a sus clientes, es diferencial, competitivo y sostenible". Como explica Germán Nicolás, socio director de consultoría de Recarte &Fontenla executive search, la productividad viene dada por obtener más por cada unidad de negocio y, en su opinión, va a ser impulsada por tecnologías inteligentes.

No obstante, cree que la competitividad de las empresas seguirá dependiendo de cuan diferencial sea su propuesta de valor: "La adopción de tecnologías inteligentes será esencial para la supervivencia de muchas empresas. Pero no bastará con implantar las nuevas tecnologías y herramientas de automatización. El éxito dependerá de si las organizaciones las utilizan para innovar en sus operaciones y en sus productos y servicios, y de si adquieren y desarrollan el capital humano necesario para ello".

Mónica Pérez, directora de comunicación y estudios de Infojobs, coincide en que la productividad se puede incentivar de distintas maneras, "pero sin duda es fundamental realizar una gestión eficaz de los equipos, fomentar la comunicación y establecer objetivos claros y bien definidos. Para ello, en ocasiones será necesario cambiar los modelos organizativos o disponer de sistemas de medición concretos que ayuden a lograr esos objetivos". Añade que la tecnología y la formación de los empleados también son elementos fundamentales, "sin olvidar la importancia creciente de todo lo relacionado con favorecer la salud y el bienestar y crear un buen clima laboral: apostar por políticas de conciliación y desconexión digital, y otras medidas como la flexibilidad horaria o la semana de cuatro días".

La competitividad

Uno de los errores más comunes es confundir productividad con competitividad. José Ramón Travé, director comercial de Unisys, pone un ejemplo revelador: "Podemos encontrarnos con grandes competidores que, sin embargo, no son eficientes en el uso de sus recursos. Y esto lo hemos visto en los últimos años con la entrada en el mercado de empresas nativas en Internet que sin apenas activos se han convertido en líderes de sus respectivos mercados. La plataforma más importante en reservas vacacionales, por ejemplo, cuenta con cuatro millones de habitaciones disponibles en todo el mundo y no es propietaria de ninguna".

Pérez aclara que la productividad es la base, y la competitividad es algo que en gran medida depende de ello: "Para competir en el mercado, las empresas deben tener la capacidad de producir y entregar valor. Si además la propuesta de valor es rentable y atractiva para el mercado, seremos competitivos, lo que sin duda contribuirá a seguir mejorando ambas variables para que formen parte de un círculo virtuoso". Carlos Alonso, director general de TMI, cree que "la productividad es la medida de la competitividad, pero al mismo tiempo si mejoramos la productividad estaremos mejorando la competitividad de la empresa. Son conceptos complementarios".

Los resultados

Conseguir que los resultados se conviertan en la vara de medir la productividad es el gran desafío de la gestión de personas. Según Alonso, no existe una receta al uso para lograr ese reto. Cree que es una decisión empresarial y que cada organización debe ajustar sus modelos de trabajo a aquellos que les permitan mejorar su productividad.

Rodríguez discrepa en lo que se refiere a la eficacia basada en los modelos de trabajo: "Si empezamos pensando que para tener a los profesionales con altos niveles de productividad es mejor trabajar cuatro días por el mismo sueldo, sin revisar la competitividad y sostenibilidad de lo que hacemos, estamos equivocados, y los que más se adherirán a estas iniciativas serán aquellos que tienen sueldos asegurados independientemente de la productividad de la empresa".

La clave está en vincular la productividad a resultados. Nicolás propone cuatro ideas. En primer lugar afirma que "el jefe debe entender, por encima de todo, cómo cada empleado es capaz de dar lo mejor de sí mismo en el trabajo. Y al incorporar nuevos empleados debe establecer expectativas claras sobre lo que se espera que deben hacer, ya sea a distancia o en la oficina, en su tiempo de trabajo y cuándo deben estar disponibles para los demás miembros del equipo".

Su segunda propuesta está relacionada con la gestión del tiempo. Sugiere Nicolás mejorar la calidad de las reuniones virtuales. También habla de la transparencia empresarial: "Cuando las empresas explican abiertamente cómo y por qué controlan a sus empleados remotos y presenciales, las personas desarrollan una mayor confianza en los demás y sienten que la compañía se asegura de que los trabajadores remotos son tan responsables como los presenciales".

Por último hace referencia a la confianza: "Se trata de construir una cultura de confianza que permita crear una experiencia de trabajo mejor, más satisfactoria y productiva para el personal de toda la organización, independientemente de donde trabajen".

El sueldo

Pagar más a quien más aporta es otro de los retos que está vinculado tanto a la productividad como a los resultados. Pérez afirma que es la gran asignatura pendiente, porque España no ha conseguido que las subidas salariales de los últimos años vayan asociadas al mismo tiempo a un aumento de la productividad. Cree que nuestro país "necesita fomentar una cultura de orientación a los resultados y entrega de valor, que no se exija y remunere sólo a mandos y directivos. Tenemos que mejorar la corresponsabilidad de todos los trabajadores y equipos hacia el proyecto de la empresa, el valor entregado y su cuenta de resultados".

Nicolás afirma que el motivo de que sueldos y productividad no estén alineados es que en realidad no existe una curva que garantice que a mayor salario se produce mayor productividad: "Cuando pensamos en cómo trabaja la gente, la intuición ingenua que tenemos es que las personas son como ratas en un laberinto que se mueven por el queso que hay al final. En cambio, cuando se examina detenidamente la forma en que trabaja la gente, se descubre que hay mucho más en juego que el dinero". Por otra parte, recuerda que la ciencia demuestra que a los empleados también les mueve el significado de su trabajo, el reconocimiento de los demás y la cantidad de esfuerzo que han realizado: "Cuanto más difícil es la tarea, más orgullosos nos sentimos".

Para Rodríguez, que la retribución y la productividad no vayan en el mismo sentido tiene que ver con la cultura garantista en la que vivimos: "Necesitamos un salario fijo, que lo recibamos mes a mes, independientemente de que la empresa vaya bien o mal, o la rentabilidad sea baja o alta; y la retribución variable, en muchos, muchos casos la asociamos con un más a más y que, además, se suele ver asociada a objetivos sobre los que no tengo ningún control y son casi inalcanzables". Sugiere Rodríguez que sería muy interesante poner una línea de soporte de salarios, "que en gran medida permitan la sostenibilidad de la empresa, y que en base a resultados, la productividad fuera uno de los indicadores, los empleados accedan a una bolsa de retribución variable ligada a esos resultados que se han alcanzado y se pretendían alcanzar, tangibles e intangibles".

Los deberes de la empresa

La productividad depende del trabajador y de los medios que la empresa ponga a su disposición. Luis Fernando Rodríguez, CEO de Watch & Act, señala que la organización tiene que manejar tres claves para aumentar la eficiencia:

  • Una cadena de valor sencilla, en la que las fases que unen las ideas, las acciones, la conversión en servicio y/o productos que llegan al mercado y el cliente compra, y el servicio de posventa, sean cuestionables, digitalizables, explotables y mejorables bajo la premisa de escuchar y actuar activamente al cliente y al mercado.
  • Tener muy buenos equipos con alta carga de trabajo. El tiempo 'ocioso' no sólo mata la productividad, sino que 'aburre y convierte en un calientasillas' al empleado. Mejor uno al cien por cien que dos 50%, y bien pagados.
  • Ambición. La empresa debe sembrar una cultura compartida de 'ganar partidos'. Estar en equipos que aceptan la mediocridad, lleva a la miseria. La ambición es un compromiso con el dolor de perder. Evidentemente se puede "perder", pero se debe sentir 'un gran y compartido dolor organizativo'. Esa es la 'ambición sana' por, a partir del dolor, sacar lo mejor de nosotros para regenerar el orgullo de luchar por ganar el próximo partido, reto o idea a alcanzar.

Los deberes del empleado

La productividad o ser más eficiente en el trabajo también está relacionado con la disciplina y responsabilidad del profesional. Una correcta gestión del tiempo es sólo el principio de una serie de deberes que pueden hacer más rentable cada hora de actividad.

Mónica Pérez, directora de estudios de Infojobs, enumera cinco:

  • Planificar mejor la jornada.
  • Evitar las horas extra.
  • Comprometerse con un horario fijo para medir mejor el tiempo y optimizarlo al máximo.
  • Empezar por las tareas más complicadas.
  • Aprender a decir 'no' es probablemente una de las lecciones más importantes del mundo laboral, y no está reñida con ser un buen compañero.
  • Ordenar el espacio de trabajo: el orden facilita la concentración y la motivación, lo que redunda en beneficio de la productividad.

Para Germán Nicolás, socio director de consultoría de Recarte &Fontenla executive search, los básicos de la productividad profesional son:

  • Acostumbrarse a trabajar con listas de tareas pendientes.
  • Concentrarse en una sola cosa en cada momento en vez de lanzarse a la multitarea ansiosa.
  • Revisar de forma periódica que tipo de tareas se están realizando que realmente tienen poco valor para los objetivos... y eliminarlas o delegarlas.
  • Evitar la interrupciones innecesarias.
  • Descansar. No sólo limitar las horas de trabajo sino también realizar durante la jornada pequeñas pausas para recargar las pilas con actividades como unos breves estiramientos, un par de respiraciones profundas o cerrar los ojos unos segundos e intentar meditar brevemente.

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