Por qué Ocampo, y no Kim, debería presidir el Banco Mundial

Kevin P. Gallagher

Los países emergentes han pasado a la ofensiva para poner fin al ‘coqueteo’ reglamentario de la sucesión, por el cual los europeos puedan elegir quien dirige el Fondo Monetario Internacional y los Estados Unidos, al presidente del Banco Mundial.

Se esperaba que los países en desarrollo nombraran por lo menos dos candidatos: Ngozi Okonjo Iweala, la ministra de Finanzas en Nigeria y José Antonio Ocampo, ex ministro de Hacienda de Colombia. Si la decisión al final se basara en el mérito, como debe ser, Ocampo ganaría.

De lejos, él es mejor que cualquier otro en la lista de nombres creíbles, entre ellas el candidato del presidente Barack Obama, Jim Yong Kim.

Ocampo tiene como máxime la credibilidad de ser un político responsable y diplomático. Trabaja bien con los Estados Unidos y los países en desarrollo por igual. En el campo del desarrollo es uno de los principales economistas académicos.

Es conocido por haber sido Ministro de Hacienda, pero también fue Ministro de Agricultura y de Planeación. Tiene un profundo conocimiento y experiencia en trabajar con pequeños o grandes agricultores, en proyectos de infraestructura y en la inversión necesaria para el crecimiento sostenible. Esta experiencia será esencial, dada a la actual crisis mundial alimentaría.

Como Ministro de Hacienda de Colombia, ayudó al país a sobrellevar los efectos de las crisis financieras en Asia y América Latina. De hecho, elaboró medidas únicas y efectivas, tales como requerimientos de reservas no remuneradas por los cuales los inversionistas extranjeros tenían que aparcar una cierta cantidad de su capital en el Banco Central del país.

Hoy en día forma parte de un equipo especial de alto nivel que tiene como objetivo ayudar a los países a prevenir y mitigar futuras crisis.

Ocampo ganó puntos con los Estados Unidos por colaborar con el país en una intensificación de las operaciones contra el lavado de dinero.

Colombia es sin duda el socio más cercano de Estados Unidos en Suramérica y Ocampo ha ganado la confianza de los estadounidenses. El significado de esto no se debe pasar por alto, ya que se trata de que los Estados Unidos tuvieran que 'renunciar' a la sede del Banco Mundial.

Su éxito lo llevó a la presidencia de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (Cepal), que convirtió en la institución de desarrollo más importante de la región por su reorientación hacia el libre comercio, la competitividad de las exportaciones, la innovación y el alivio de la política.

Después de ese entonces se volvió el subsecretario general de asuntos económicos y sociales de la ONU, una organización que también reformó. Mejoró la implementación, creó un foro de cooperación para el desarrollo global, y celebró la primera conferencia mundial sobre la migración internacional y el desarrollo, ganando una reputación de primera clase como creador de políticas.

Ocampo no sólo tendría legitimidad global junto con una relación especial con Estados Unidos; además lograría más respeto por el personal del Banco Mundial. Tiene un doctorado de Yale en Economía y es visto como uno de los más destacados economistas del desarrollo en el mundo académico.

Ha publicado sobre los mercados laborales, la desigualdad, la deuda pública, la educación, la macroeconomía, la innovación industrial, el cambio climático y el desarrollo del medio ambiente. Recientemente recibió premios prestigiosos anuales y cátedras de las Naciones Unidas, el Instituto Mundial de las Investigaciones para el Desarrollo y la Universidad Tuffts.

Okonjo-Iweala también tiene un doctorado en Economía y una larga historia en el Banco Mundial y fue ministra de Finanzas en Nigeria, ayudando al país obtener su primera calificación de crédito. Dicho esto, fue la segunda al mando detrás de Robert Zoellick. El Banco Mundial tiene que seguir adelante.

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