Presidente Donald Trump lleva a EE.UU. y China al borde de una guerra comercial

Las consecuencias del colapso del diálogo económico formal siguen reflejándose

Bloomberg

Al comenzar el primer encuentro de alto nivel con sus colegas estadounidenses el verano boreal pasado, los funcionarios de finanzas de China tenían muchas expectativas. Unos meses antes, el presidente Donald Trump había agasajado al presidente de China, Xi Jinping, lo cual sugería que los dos países disfrutarían de lazos más cálidos de lo que implicaban sus ataques durante la campaña electoral.

A esas esperanzas les pusieron fin los secretarios del Tesoro y Comercio de Trump, Steven Mnuchin y Wilbur Ross, prácticamente no bien comenzaron las negociaciones el 19 de julio.

Mnuchin dijo a sus visitantes que no firmaría la tradicional declaración conjunta para poner fin a la reunión. Tampoco habría una conferencia de prensa conjunta, un ritual que entusiasmaba a los chinos. Ross, un veterano duro contra China, procedió a sermonear a la delegación extranjera. La reunión terminó con confusión y aceleró una espiral descendiente en los lazos económicos con China.

Las consecuencias del colapso del diálogo económico formal siguen reverberando. La comunicación entre los funcionarios estadounidenses y chinos se redujo a un mínimo y culminó con la amenaza proferida el mes pasado por Trump de imponer aranceles sobre hasta US$150.000 millones en importaciones chinas.

“Buscamos cambiar la discusión sobre comercio”, dijo Mnuchin el lunes en la Milken Institute’s Global Conference en Los Ángeles. “Desde la primera reunión en Mar-a-Lago, el presidente Trump dejó muy claro que el principal problema era el desequilibrio comercial, que queríamos tener un comercio recíproco”.

Encuentro en Pekín

Mnuchin y Ross aterrizaron este jueves en Pekín y se reunirán con funcionarios chinos por la tarde y para cenar, informó el Departamento de Estado. Las negociaciones se retomarán el viernes y los funcionarios abandonarán la capital de China por la noche.

En una reunión la semana pasada, algunos asesores de alto nivel del presidente señalaron que no estaban seguros de qué necesitaría Trump para creer que consiguió un buen acuerdo comercial, según dos personas al tanto del tema. Además, otra meta del viaje es que EE.UU. le muestre algo de respeto a China por su ayuda en la presión para que Corea del Norte abandone su programa de armas nucleares.

Mnuchin dijo que su Gobierno está “muy preocupado por las transferencias forzadas de tecnología” y las “empresas conjuntas forzadas” para las empresas estadounidenses que buscan hacer negocios en China. “Esos son todos los temas que discutiremos”, dijo en la conferencia Milken.

Mucho pedir

Los funcionarios chinos están abiertos a discutir temas como las transferencias de tecnología, una ampliación del acceso a los mercados de China, un aumento de las importaciones de EE.UU. y la política industrial china, dijo He Weiwen, vicedirector del Center for China and Globalization en Pekín y exfuncionario del Ministerio de Comercio. No negociarán un achicamiento de los aranceles propuestos por Trump ni de las tasas de estos, agregó. China había exigido que se retiraran por completo.

“China necesita ver sinceridad de EE.UU.”, dijo. “Y la buena fe EE.UU. solo la puede demostrar retirando las amenazas de realizar 301 investigaciones e imponer aranceles a los US$150.000 millones”.

Trump “pide mucho de China”, dijo Wang Tao, economista jefe de UBS Group AG para China en Hong Kong. “Lo que quiere es muy abarcador y confuso”.

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