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Robots y chips, las grandes apuestas para invertir US$1 millón en el nuevo ciclo

Expertos consultados por Bloomberg revelan dónde ven las próximas oportunidades en medio de los cambios que está generando el auge de la inteligencia artificial

Bloomberg

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La inteligencia artificial sigue moviendo los mercados, pero la próxima gran oportunidad para los inversionistas podría estar lejos de las compañías tecnológicas que hoy dominan los titulares. Energía para alimentar centros de datos, robots asiáticos, fabricantes chinos de chips, bancos y empresas de biotecnología aparecen entre las apuestas de expertos que analizaron dónde pondrían US$1 millón.

Expertos consultados por Bloomberg consideran que hay vida más allá de las grandes empresas asociadas directamente con esta tecnología. Una de esas apuestas está en algo esencial para que la inteligencia artificial funcione: el hardware. Marko Papic, director de estrategia de inversión y jefe de GeoMacro de BCA Research, cree que todavía es demasiado temprano para dar por terminada esta etapa del ciclo tecnológico.

Su comparación está en el nacimiento de internet. Durante la década de 1990, Estados Unidos necesitó años de fuertes inversiones para construir la infraestructura que permitió la expansión de la red. En el caso de la IA, recuerda Papic, el gran ciclo de expansión del hardware apenas lleva alrededor de dos años. Por eso considera que todavía existe espacio para crecer.

Dentro de esa apuesta aparecen los chips de memoria. Su propuesta concreta es comprar y mantener el ETF KraneShares China Technology & Semiconductor STAR 50 Index, conocido por su referencia Kstr. El fondo replica un índice de 50 compañías de la Bolsa de Shanghái con una importante inclinación hacia empresas de hardware.

Pero fabricar más chips y construir más centros de datos plantea otro problema: ¿de dónde saldrá toda la electricidad necesaria para mantenerlos funcionando? Ahí aparece una de las apuestas que puede cobrar mayor protagonismo durante los próximos años. Gabriela Santos, directora de estrategia de mercados para América de JPMorgan Asset Management, señala que la energía se está convirtiendo en uno de los principales cuellos de botella para el crecimiento de la IA. Para Santos, una alternativa atractiva está en la infraestructura energética básica, particularmente en activos relacionados con la generación y distribución de electricidad.

LOS CONTRASTES

  • Gabriela SantosDir. estrategia de mercados para América de JPMorgan Asset Management

    “Uno de los principales cuellos de botella en la IA, además de la memoria, es, por supuesto, la energía. Estamos asistiendo a un aumento del consumo energético en EE.UU. por primera vez en décadas”.

  • Garrett MelsonEstratega de cartera de Natixis Investment Managers Solutions

    “La mejor forma de abordarlo es buscar nichos del mercado que no estén correlacionados negativamente, pero que tengan una baja correlación con las oscilaciones del mercado y con la IA”.

La siguiente parada está en Asia y tiene forma de robot. Santos destaca el potencial de la denominada “IA física”, es decir, llevar las capacidades de esta tecnología al mundo industrial mediante máquinas. Japón, Corea y China cuentan con enormes bases manufactureras y ventajas que podrían permitirles acelerar la adopción de inteligencia artificial dentro de fábricas y procesos industriales.

Garrett Melson, estratega de cartera de Natixis Investment Managers Solutions, advierte que el mercado se ha vuelto muy dependiente de los movimientos de la IA. Una posibilidad es buscar compañías cuyo comportamiento tenga una menor relación. Dos nombres aparecen en esa búsqueda: banca y biotecnología. Ya se observa un mejor desempeño dentro de los servicios financieros, particularmente entre los bancos. En salud, la biotecnología también podría recibir capital de gestores.

La IA amplía el mapa de inversión más allá de las grandes tecnológicas

Las empresas de pequeña capitalización podrían igualmente entrar en el radar, debido a su exposición a estos sectores. La lógica es diversificar antes de que una eventual rotación del mercado obligue a los inversionistas a buscar alternativas apresuradamente. Así, invertir en IA ya no significa comprar acciones de las compañías que desarrollan los modelos más conocidos. Significa apostar por la electricidad que necesitan los centros de datos, los chips que almacenan información, los robots que llegarán a las fábricas o, incluso, por bancos y biotecnológicas.

 

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