Se desmorona la `E` de los CIVETS

Luis Fernando Vargas Alzate

Hablar aún de la Primavera Árabe resulta común para muchas personas que ven cómo la población Siria continúa incólume en su desgastante lucha contra el gobierno de Bashar Al-assad. Máxime con la reciente masacre de Hula (41 niños y 67 adultos).

Sin embargo, el fenómeno de rebeliones iniciado en Sahara Occidental (Marruecos) y Túnez, hace ya 19 meses, pareciera desvanecerse en la medida que se desarrollan contiendas electorales para profundizar las reformas exigidas por las poblaciones que forzaron la partida de los antiguos gobernantes.

Egipto, una de las economías incluidas en el acrónimo CIVETS, acaba de desarrollar la primera vuelta de las elecciones en procura de estabilizar su aparato de gobierno. Sin embargo, los resultados, además de discutibles, han abierto nuevas controversias sobre el futuro de la nación africana.

Tal como se había difundido por la prensa, los candidatos favoritos hasta el momento de las elecciones eran el Secretario General de la Liga Árabe y Ex Ministro de Exteriores, Amro Mussa, y el islamista moderado Abdemoneim Abul Futuh. Sin embargo, ambos quedaron por fuera de competencia al notar cómo Mohamed Mursi se hizo con el 24,4% de los votos, y Ahmed Shafiq, en segundo lugar, alcanzó el 23,3%.

De los más opcionados a instalarse en el poder -de acuerdo con las encuestas- no quedó ni la sombra, pues en tercer lugar se situó el socialista Hamdin Sabahi, quien alcanzó el 20,4% de la votación. Estos resultados desataron una oleada de críticas frente al proceso y caldearon los ánimos de cara a la segunda vuelta, puesto que los finalistas para la misma serán un líder islamista afiliado a los Hermanos Musulmanes (Mursi) y un ex miembro del gobierno de Mubarack (Shafiq), lo que pareciera indicar que, pase lo que pase, pocas cosas cambiarían en el país.

Las irregularidades, distorsiones y manejos sospechosos al momento del escrutinio final para el proceso de implementación del sufragio universal, se han convertido en asunto desestimado para la Comisión Electoral Egipcia. De todas partes llegaron las quejas, pero la posición de la citada comisión se caracterizó por obviarlas y desentenderse de los reclamos.

En múltiples lugares e instituciones se ha alegado, por ejemplo, que el candidato Shafiq no podía participar, dada su otrora afiliación con el régimen recién abolido. Sin embargo, ahí está, presto a disputarse el principal cargo público en Egipto. Las irregularidades se perciben fácilmente, incluso estando a la distancia.

Ahora que se conocen los nombres de los dos finalistas que se enfrentarán en la lucha por la presidencia egipcia, lo que resta es definir otras cosas no menos importantes. Por ejemplo, en el fondo de todo esto aparece el tema constitucional.

Aún no es muy claro el momento en que se dará plena oficialidad a la carta magna del país árabe, que conjuntamente se estaba elaborando. Desde que Mubarack salió expulsado de la presidencia han transcurrido importantes episodios entre los que se cuenta el referéndum constitucional.

No obstante, aún hoy Egipto sigue sin constitución y no se considera posible llegar pronto a un punto final, ya que la Asamblea Constituyente fue disuelta por la justicia egipcia dejando el vacío legislativo y ampliando el drama de la situación interna del país africano.

En definitiva, lo que podría asegurarse con una relativa facilidad, es que Egipto en lugar de avanzar hacia la construcción de una institucionalidad que le afiance ante el mundo, está siguiendo un proceso poco favorable. No va a importar mucho quién triunfe en las elecciones de junio (16 y 17). La decepción entre las juventudes iniciadoras del proceso de 'reconstrucción nacional' es total. Están sintiendo el desgaste y están viendo cómo su nación prosigue un notable ritmo de degradación institucional.

Ese 'civeta' que compartió perfiles con Colombia, Indonesia, Vietnam, Turquía y Suráfrica no va a aguantar las exigencias de la sociedad internacional en muchos de los temas claves para mantenerse arriba. Hoy su PIB per cápita es bajo, su proyección de crecimiento del 1,2% y su deuda pública ha subido al 86% del PIB (Banco Mundial). Es notable cómo se desmorona la promesa egipcia.