Sobre el diálogo entre China y EE.UU.

Luis Fernando Vargas Alzate

Recientemente se ha presentado una gira global por parte de Xi Jinping, el actual vicepresidente chino, por diferentes lugares del planeta. Ha visitado, entre otros países, a Irlanda, Turquía y Estados Unidos. En su recorrido algunas cosas han quedado claras. Entre ellas, por ejemplo, el tema de su ascenso al poder en menos de un año.

Salvo que algo extraordinario suceda, el relevo político de Hu Jintao está definido para que Xi Jinping, un conocedor profundo del modelo político chino -si es que se puede hablar de modelo en dicha hibridación- y quien se encuentra identificado con su aplicación, tome su posición. A su vez, en una China extremadamente disciplinada, aparece como una figura que lidera una diversidad de procesos contra la corrupción; hecho que le deja el camino expedito para su ascenso al poder.

A propósito de esta situación, apareció en The Economist un titular de un artículo bastante llamativo: Buttering-up and scolding. Frase que en términos castellanos bien pudiera leerse 'ejerciendo el lobby y regañando', o algo similar. Con lo que la reflexión invitó a tener muy en cuenta que a pesar de la cercanía entre líderes, de las cenas compartidas y de todo el ambiente de generosidad evidenciado en el reciente encuentro entre el presidente Obama y el vicepresidente chino, la situación continúa tensa ante el reiterado reclamo por la devaluación del yuan, la ambivalente aplicación de reglas al comercio internacional y a la propiedad intelectual, y el tema de la toma de posiciones blandas ante los últimos acontecimientos en Siria.

La posición de China al votar en contra de las resoluciones (A/HRC/RES/S-18/1), (A/66/36) y la emitida recientemente por el Consejo de Derechos Humanos (ONU), que condenan las violaciones en dicha materia en el país árabe, se ha convertido en un asunto delicado en las relaciones de los chinos con Occidente. En esa línea, el artículo citado invita a seguir de cerca el hecho de que no por atender a los líderes de gobierno chinos en territorio estadounidense, desaparecerán los reclamos sobre las negativas cifras en temas de derechos humanos y falta de oportunidades a la igualdad y respeto mutuo en la sociedad oriental. Incluso se refiere a una paranoia existente y a una particular desconfianza que no se salva con el gusto del señor Xi Jinping por el basquetbol estadounidense o por el hecho de visitar los amigos de otrora residentes en Iowa.

Sin embargo, la visita se tornó muy diplomática y en nada hostil. Superado el contenido de dicha publicación, se mantiene en el ambiente la pregunta sobre los cambios que podrán presentarse con el futuro presidente de China, una vez se instaure en el poder. Indudablemente se trata de un hombre más cercano a Washington que Hu Jintao, por lo que de entrada podría ser fácil predecir un acercamiento. No obstante, éste se daría sólo si a Xi Jinping le permiten adelantar las reformas que, muy seguramente tiene en mente.

Hay en el líder oriental una oposición, por ejemplo, al tema de la flotación del yuan y la aplicación de barreras no arancelarias a la interacción económica de China con el resto del mundo. Ambos, temas sensibles para el partido de gobierno (el único legal y legítimo en el país). A pesar de ser hijo de uno de los creadores de la guerrilla maoísta del norte, Jinping se considera un personaje liberal y con una comprensión mucho más ajustada a las realidades del sistema internacional. De hecho el actual presidente chino estuvo orientado a que su sucesor fuese Li Keqiang y no el hoy vicepresidente del país. Realmente la lucha interna por alcanzar las actuales posiciones ha sido trabajo arduo y complejo.

Ligado a esto, otro tema llama la atención. Tiene que ver con el nuevo rol estadounidense en el Océano Pacífico. Actualmente el país se ha ocupado en replantear su posición en la zona. Si bien nunca la descuidó, ahora se ha pronunciado públicamente en fortalecer su estrategia de participación en una región de natural influencia china. Seguramente en Beijing querrán concertar con Washington para que la presencia mutua se mantenga sin alterar el statu quo, ya que mientras se toque el tema militar, poco habrá que discutir con los Estados Unidos de América.

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