Sobre las 46 economías del G-20

Luis Fernando Vargas Alzate

Termina la cumbre que reúne a representantes de las economías más relevantes del sistema internacional. La reunión del grupo de los 20 (G-20) es, sin duda, el evento de mayor impacto en relación con la cooperación económica, y el foro indicado para analizar las posibilidades de recomposición de la incierta Eurozona.

Algunas preguntas surgen al respecto de dicha reunión y bien vale la pena aprovechar estas líneas para reflexionar en torno a ellas: ¿Cómo se llegó a la clasificación para determinar las economías participantes en el foro? ¿Por qué se determinó que fueran 20 y no un número diferente? ¿Cuáles han sido los más relevantes resultados de este encuentro? ¿Tendrá la capacidad de sacar a flote la deteriorada política monetaria europea? El primero de los interrogantes se remonta a las razones por las cuáles existe el G-20. Una vez iniciados los cambios de la Postguerra Fría, la existencia primero de un G-7, luego de un G-8, y por último de un G-14, se hizo insuficiente. La evolución económica llevó a que nuevas naciones adelantaran procesos de industrialización relativamente satisfactorios, lo que les puso en condiciones de exigir ser tenidas en cuenta en el debate sobre la institucionalidad financiera internacional y todos los retos que había por delante. Fue entonces, cuando se determinó ampliar el número de economías y, desde 2008 (aunque sus inicios se remontan a 1999), la afamada reunión se ha encargado de estudiar, revisar y promover discusiones sobre asuntos directamente relacionados con las naciones industrializadas y las economías emergentes. Siete cumbres se han realizado hasta hoy, dos de ellas en Estados Unidos, las demás en Reino Unido, Canadá, Corea del Sur, Francia y México respectivamente.

A partir de ese año el grupo se conformó teniendo en cuenta a 19 Estados (incluyendo a Alemania, Francia, Italia y el Reino Unido) más los restantes miembros de la Unión Europea, lo que quiere decir que en sus inicios el G-20 estuvo conformado por 30 economías, pues la Unión contaba sólo con 15 Estados en su estructura. Esto da pie para referirse al segundo interrogante. El G-20 no está realmente conformado por 20 socios. A la fecha mantiene a los 19 iniciadores y al resto de la Unión, pero como ésta creció durante la primera década del siglo XXI, entonces hoy se totalizan 46 economías al interior del club para la cooperación económica, aunque no todas con representación directa. El listado de los miembros incluye a Alemania, Arabia Saudí, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica y Turquía, además del resto de la Unión Europea, que son otras 23 naciones.

Todos los anteriores tienen en común que se sitúan a partir de unos niveles básicos de industrialización, entendidos como mínimos posibles, y preocupaciones notables frente a la recurrente crisis del sistema económico y financiero internacional. Sus ministros de finanzas, gobernadores de la banca central y jefes de Estado o gobierno, intentan una conjunción de intereses que los lleve a reformas y propuestas estructurales que beneficien la economía global. De hecho puede señalarse que de los más importantes logros alcanzados hasta hoy por este club, está el empuje transformador al sistema financiero mundial, oxigenando instituciones profundamente desprestigiadas tales como el FMI y el propio grupo del Banco Mundial. Además, puede considerarse el avance en la coordinación macroeconómica internacional, la regulación financiera y el fortalecimiento de la estructura de buen gobierno del sistema monetario internacional.

No obstante, las dificultades persisten. Por ello aparece ese último interrogante sobre la capacidad de este mecanismo de concertación informal. La respuesta, sin ser tajante, es muy precisa. A pesar de las diferencias entre algunos, los Estados parte del G-20 han determinado sumar voluntades para apoyar a Europa en su recuperación. Han reavivado el capital del FMI y prometen ser sigilosos en el seguimiento. Pero sólo de Europa dependerá salir del problema, serán sus ajustes los que la estabilicen.