¿Pymes de ingeniería, en trance de muerte?

Juan Martín Caicedo Ferrer

Las pymes son más que necesarias. Aquí y en Cafarnaúm. Las de ingeniería, por ejemplo, se encargan en el mundo entero de las obras de menor tamaño, y usualmente se ocupan de los proyectos regionales.

Son imprescindibles, por lo demás, en la ejecución de los subcontratos especializados que requieren las grandes construcciones de obra pública o de concesión.

Tal vez por ello, los enunciados de las políticas públicas suelen promover a los empresarios medianos y pequeños. El propio Plan Nacional de Desarrollo del Presidente Santos sugiere un decidido apoyo para las pymes. También ordena precisar ese concepto en cada uno de los sectores empresariales y exige que a tales empresas se les tenga en cuenta en procesos licitatorios.

Sin embargo, dichas políticas no se aplican de manera consistente. Desincentivan, por el contrario, la evolución de este tipo de compañías, y están generando el marchitamiento paulatino de las pymes de la ingeniería colombiana: por obra y gracia de quienes se robaron los anticipos, se limitó para las empresas pequeñas y medianas la opción tradicional de esa figura, sujeta en el pasado a los debidos controles. Los requisitos financieros y de experiencia son para ellas de costoso e imposible cumplimiento, y por ende las excluyen de los procesos licitatorios. No cuentan con el apoyo de una política crediticia y, de manera recurrente, son objeto de una mora excesiva en el pago de sus cuentas por parte del Estado.

Se ha generalizado, de otro lado, la práctica del desempate de las licitaciones, a través del favorecimiento a las pymes. Esta costumbre, originada en una interpretación perversa de la norma, favorece, ¡oh, paradoja!, a las pymes de papel que se crean demanera tramposa, para negociar o vender esa condición a las empresas que se disputan los contratos. Se cierran de esta manera las puertas a las compañías serias y sólidas, y algunos entes licitantes actúan bajo la engañosa ilusión de que esa regla de desempate favorece en verdad a las pymes, cuando en realidad está fomentando un incentivo perverso en contra de su necesario crecimiento.

En consecuencia, tales compañías están siendo motivadas para seguir actuando como pymes hasta el fin de los tiempos. ¿Acaso el Estado y los gremios no deben propugnar, más bien, por el crecimiento de las mismas? ¿Acaso las grandes empresas de construcción no ostentaron, en sus inicios, la condición honrosa de pequeñas y medianas empresas? En el caso de la ingeniería colombiana, los grandes constructores no aspiran ni pueden asumir los contratos de manera monopólica. Menos aún, en un espectro de crecimiento como el que ofrece el país, donde hay campo para los unos y los otros.

Recordemos también que la política económica de la tercera vía, tan cercana a los afectos del Presidente Santos, predica el desarrollo de las pymes como algo indispensable. En el sector de la ingeniería local representan ellas casi el 80% de las empresas de construcción, e igualmente el 80% de las empresas de consultoría, según los análisis de Supersociedades.

He aquí un llamado cordial para las organizaciones que agrupan a los ingenieros colombianos. En sus cartas frecuentes a los funcionarios públicos, suelen manifestar que gracias a los sabios consejos de esas beneméritas instituciones, todo marcha a las mil maravillas en materia de contratación, ¿Olvidan, entonces, que muchos de sus miembros, los pequeños y medianos ingenieros, se ven hoy a gatas para participar en el desarrollo de la infraestructura nacional y regional?

Regalías permitirán beneficiar al 70% de la población
El director de Planeación Nacional, Maurición Santa María, afirmó que este año se destinarán $9,1 billones en regalías. 'Con el sistema antiguo, el 80% de las regalías se lo apropiaba el 17% de la población. Ahora, ese mismo 80% beneficiará al 70% de la población. Los seis departamentos más pobres del país: Chocó, Vichada, Guainía, Vaupés, Cauca y Nariño, recibirán $613.000 millones adicionales'.