Una tragedia desapercibida

Colprensa

Movilidad en motos ha dejado más de 2.600 muertos

Ciro Gómez Ardila

Sorprendentemente, parece que lo que sucede en este edificio de oficinas se ha vuelto normal. Imagínese que, en este edificio, que es muy grande, hay una enorme congestión en los ascensores; las demoras para subir o bajar son, de verdad, desesperantes. Sin embargo, algunas personas se dieron cuenta de que en los túneles de los ascensores había espacios libres que usaban los encargados de mantenimiento para subir y bajar sin necesidad de tomar el ascensor.

Esto ha llevado a que cada vez, más personas en lugar del ascensor usen esos espacios y suban y bajen por ellos haciendo gala de gran habilidad; se requiere, es cierto, algo de pericia, pero se puede aprender y ciertamente es mucho más rápido. El problema, ya lo imaginará usted, es que se corre algún riesgo porque los ascensores pasan muy cerca y a alta velocidad, la estructura ofrece sus “trampas” y eso de hacer maromas a varios metros de altura sin red, es peligroso; y la verdad es que los accidentes son cada vez más frecuentes. Los hay desde los que solo se tronchan un pie al caer mal unos pocos metros, hasta los que caen varios pisos y mueren, pasando por todo tipo de fracturas y lesiones incapacitantes. Quienes bajan por ascensor se diría que están acostumbrados a ver estos heridos cada tanto tiempo y la molestia mayor es que a veces retienen, aún más, un ascensor. Lo llamativo, al menos para mí, es que los administradores del edificio han visto esta práctica como una buena alternativa al uso de los ascensores y no han faltado letreros como “ayude al edificio, use los barrotes de la estructura para subir o bajar”. Es cierto que se ha pedido precaución al hacerlo: “mire bien dónde da el paso”; “no se acerque al ascensor en movimiento”, pero lo más radical ha sido aumentar la cuota de mantenimiento de las oficinas para asumir el costo que estos accidentes está causando en el seguro de atención médica del edificio. Así es: como el número de accidentes ha aumentado tanto, el edificio ha tenido que asumir mayores gastos médicos, de manera que fue necesario subir la cuota de administración para pagar el seguro.

Yo no puedo creer que la solución sea esta; todavía me impresiona ver a las personas haciendo maromas y no creo que estos accidentes puedan seguirse dando.

¿Dónde queda ese edificio?, se preguntará. Y aunque no es un edificio propiamente, sino una ciudad, Bogotá, creo que esto es lo que está pasando con los transportes alternativos con los que estamos “solucionando” nuestros grandes problemas de transporte.

Con alguna frecuencia debo ver accidentes que involucran motos. Supongo que a usted, amable lector, le pasa igual. No entiendo cómo es que algo así sigue pasando. Estaba el otro día en un edificio con una estructura metálica que sobresalía y me imaginé si sería normal ver a la gente subiendo por ella para evitar el ascensor y cómo eso se parecía bastante a lo que vemos en las calles. No es impresión mía. Las estadísticas son alarmantes. Las pérdidas humanas y económicas, enormes. Se dice que las motos son medios de transporte para quienes tienen menos recursos… ¡más grave! Eso quiere decir que, dado que no tenemos un medio de transporte público fiable y seguro, deben optar por invertir en medios de transporte inseguros en los que se arriesgan a perder la vida o quedar incapacitados.

¿Será que quienes compran moto son conductores de carro que desesperados por el tráfico cambian el carro por una moto? ¿O, quizá, usuarios del sistema público que desesperados compran una moto? Sí, como me temo, es lo segundo, las motos antes que alivio son factor adicional de congestión.

¿Será que alguien que puede comprar carro o moto prefiere esta última?
Las cifras son aterradoras: según datos oficiales del Observatorio Nacional de Seguridad Vial, en 2017 murieron 2.640 conductores, 558 acompañantes y 644 peatones atropellados por motos, en total 3.842 víctimas para 7,9 millones de motos registradas; uno de cada 3.000 motociclistas murió y por cada 2.000 motos hubo un muerto en 2017. A esto hay agregar entre 22.000 (Hidalgo) y 45.000 heridos, la mitad de ellos, graves (García Villegas). Si proyectamos estas cifras a 10 años tenemos cerca de 38.000 muertos y 220.000 heridos graves. ¿Habrá algún conductor de moto que cuente con el beneplácito de sus padres? ¿Qué madre puede estar tranquila sabiendo que su hijo se desplaza diariamente en este medio tan inseguro?

Aparte de lo muy grave que es cada muerte, medir estos daños económicos es difícil, pero podríamos usar un enfoque muy elemental. Supongamos que hubiera trabajado por 35 años ganando dos salarios mínimos: eso equivaldría a $650 millones que por 38.000 muertos da $25 billones perdidos (cada 10 años).

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