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El mapa de la restricción a redes sociales para menores de edad alrededor del mundo

Gráfico LR

Australia fue pionera en decretar la restricción del uso de las redes sociales a los adolescentes más jóvenes; seis gobiernos más lo han aprobado y más de 10 lo discuten

Isabella Salazar Gaitán

La discusión sobre el efecto nocivo del uso de redes sociales por parte de adolescentes ha ido más allá de un entorno académico, o de una simple concientización hacia los padres, para instalarse en las altas esferas hacedoras de leyes dentro de los gobiernos.

El año pasado Australia abrió el camino, a partir de diciembre se prohibió el uso de redes a menores de 16 años, obligando a plataformas como Meta, TikTok y YouTube a cerrar millones de cuentas. Un suceso que no pasó desapercibido.

Así está la restricción

Desde la medida tomada por las autoridades australianas, como si de una tendencia en redes se tratara, otros gobiernos empezaron a replicar este tipo de restricciones a los adolescentes más menores.

Entre los países que ya aprobaron una regulación para la edad de acceso a redes se encuentran Australia, Portugal y Malasia con una restricción a menores de 16 años. Francia también inauguró la ley, pero con una restricción que empieza para los menores de 15 años.

En EE.UU., Nebraska aprobó la suspensión de redes para todos los menores de 18 años, la restricción más severa en edad, y Virginia para menores de 16.

Por otro lado, hay varios proyectos similares cursando discusiones. Entre los países que se encuentran debatiendo este tipo de limitaciones están, con restricciones para menores de 16 años, España, Reino Unido, Alemania, Indonesia y Nueva Zelanda. Para los menores de 15 años se discute en países como Grecia, Noruega, Dinamarca, República Checa, Eslovenia e Italia.

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¿Por qué restringir?

El argumento central de esta nueva ola de leyes se basa en la protección de la salud mental de los adolescentes más jóvenes, pues se pone en el foco el hecho de que estas redes tengan un formato que permite un deslizamiento infinito, volviéndose adictivas, y con el paso del tiempo, nocivas para la salud, generando cierto tipo de trastornos.

Como lo aseguró el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, “traeremos nuevos poderes que nos darán la capacidad de tomar medidas enérgicas contra los elementos adictivos de las redes sociales, detener el juego automático, el desplazamiento interminable, que mantiene a nuestros hijos enganchados en sus pantallas durante horas”, añadiendo, “y si eso significa una pelea con las grandes empresas de redes sociales, entonces tráigala”.

Para el neurólogo pediátrico de La Fundación Cardioinfantil - LaCardio, Edwin Fabián Forero Sánchez, el uso excesivo de pantallas por parte de los menores puede causar “mayores períodos de ansiedad y cierta adicción a los dispositivos”, además de que el acceso a redes “supone peligros asociados a que tengan contacto con personas desconocidas que puedan generarles situaciones de riesgo”, explicó. Así mismo, el uso excesivo de pantallas y redes sociales estaría asociado a trastornos como la depresión, en el sueño, y de autoimagen y dismorfia corporal.

LOS CONTRASTES

  • Juan Diego GuzmánSocio de Galo Estudio Legal

    “El principio del interés superior del niño permite establecer limitaciones razonables cuando el objetivo es proteger su integridad, salud mental y desarrollo integral”.

  • Edwin Fabián Forero SánchezNeurólogo pediátrico de LaCardio

    “Por el uso de pantallas se puede identificar una disminución en la realización de otro tipo de actividades benéficas como la lectura y los deportes en los jóvenes”.

Se estima que los adolescentes pasan en promedio 7,2 horas mirando pantallas, lo que equivale a 43% de su tiempo en vigilia, razón por la que Forero Sánchez también aseguró que el uso de pantallas genera “una disminución en la realización de otro tipo de actividades benéficas como la lectura y los deportes”.

Sobre las leyes

El auge de este tipo de leyes suscita algunos interrogantes. Si el Estado está interviniendo demasiado en una cuestión que debería ser asunto de los padres, por ejemplo, o si esta limitación de redes sociales hasta cierta edad afecta la interacción social o el derecho de libre expresión. Juan Diego Guzmán Botero, socio de Galo Estudio Legal, explicó en el ámbito jurídico y legal cómo se pueden interpretar este tipo de leyes.

Guzmán enfatizó que los menores son objeto de especial protección desde una vista jurídica, por lo que “el principio del interés superior del niño permite establecer limitaciones razonables cuando el objetivo es proteger su integridad, salud mental y desarrollo integral”, explicó el abogado, añadiendo que en los países en que se han adoptado estas medidas el enfoque ha sido el de protección al menor.

“Varios países ya han avanzado en esta dirección. Australia, por ejemplo, aprobó una norma que prohíbe el acceso a redes sociales a menores de 16 años; Francia exige consentimiento parental para menores de 15; y el Reino Unido impuso obligaciones estrictas a las plataformas para mitigar riesgos digitales. Estas medidas no buscan censurar, sino reducir la exposición de los menores a fenómenos como el ciberacoso, la explotación o la manipulación algorítmica”, anotó.

Redes sociales en la mira

A la par que crece alrededor del mundo un mayor interés por salvaguardar la salud de los adolescentes de los efectos nocivos del abuso de las redes sociales, también se ha cuestionado cuál es el papel de los grandes dueños de las comentadas plataformas que, por supuesto, están en todo el centro de la discusión.

Como coincidencia, actualmente se lleva a cabo en California, EE.UU., un juicio contra Meta, dueño de Instagram, y a YouTube, por diseñar funciones adictivas que habrían perjudicado la vida de la demandante, Kaley, una joven de 20 años que empezó a usar Instagram desde los 9 años, incluso cuando ya existe una restricción de su uso para menores de 13 años.

La reciente audiencia contra Mark Zuckerberg, CEO de Meta, ha puesto de nuevo el tema sobre la mesa, sobre todo si estas plataformas están haciendo lo suficiente para proteger a los adolescentes al usar las redes, o si hacen falta mayores controles desde los desarrolladores para evitar daños a largo plazo en la salud mental.

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