IoT, ¿vida fácil o exclusión?

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Se deben abaratar los costos de servicios y equipos

Diego F. Barragán

Se estima que para 2020 la población mundial será de 7.200 millones de personas, existirán 50.000 millones de dispositivos tecnológicos conectados y 6,58 dispositivos conectados por persona.

En este panorama, aparece Internet de las Cosas (IdC) (conocido también como Internet of things, IoT) realidad que está cambiándolo todo, incluso, la manera como nos concebimos como seres humanos. IdC busca conectar objetos y personas para interactuar de diferentes formas, facilitándonos la vida cotidiana.

Ejemplo de lo planteado anteriormente son los automóviles que marchan sin conductor, una condición que los convierten en autos inteligentes. Se dice que los chips de identificación que se incrustan en el cuerpo serán de uso obligatorio en ciertas naciones.

Ya existe, por ejemplo, un sticker electrónico que se adhiere al cuerpo, el cual ofrece información sobre los rayos UV y transmiten estos datos a dispositivos móviles permitiendo así cuidar la piel de la persona que usa este producto.

IdC parece estar por todos lados, pues cada vez más se conectan más objetos y personas, especialmente mediante dispositivos móviles. Esto trae consigo ciertas precauciones y posibilidades, de las cuales resaltan:

Si IdC tiene como finalidad facilitarnos la vida, es necesario adquirir los dispositivos con la tecnología de punta para tales fines, lo que incrementa el consumo tecnológico, que no siempre es barato; acceder a un estilo de vida basado en IdC resultaría costoso.

Así, servicios en la nube que permitan la interacción objetos cotidianos -refrigerador, alarmas de casa, cuentas de banco, mapas para moverse caminando, en bicicleta o en automóviles- se hacen más necesarios y a la vez, deben ser más económicos, pues generar soluciones de IdC impactaría el consumo de diversas generaciones: Centenialls (nacidos desde el año 2000), Milenialls (nacidos entre 1980 y 2000), Generación X (nacidos entre 1965 y 1979), Baby Boomers (nacidos entre 1946 y 1964), Generación Silenciosa (nacidos entre 1925 y 1945).

Por otra parte, para un país como Colombia, el desarrollo de soluciones IdC, resulta también complejo, pues se debe fortalecer este tipo de investigación. Desde la empresa privada, desde la educación superior o en alianzas de los dos sectores.

Sin embargo, la mayoría de las directivas de las universidades no se toman esto muy en serio, tal vez porque la naturaleza misma de este tipo de instituciones no se lo permite; de ahí, que las instituciones tecnológicas y técnicas profesionales, que también son educación superior, deben liderar los desarrollos tecnológicos en esta área pues la formación y la investigación tecnológica apunta a la solución de problemas concretos y, adicionalmente, no es una oferta educativa de segunda.

Como una oportunidad, se puede decir que este tipo de investigación puede impactar diversas esferas de la vida social como biomedicina, educación, movilidad, hábitos de consumo, por solo mencionar algunos campos.

Pero no se puede dejar de mirar la Colombia rural donde hay múltiples alternativas de desarrollo, de ahí que se deban exploran las posibilidades de IdC en este sector, más allá de la simple explotación de los recursos naturales y más bien buscando el bienestar de esas personas que habitan la Colombia profunda.

En síntesis, Internet de la Cosas debe llevar a facilitarnos la vida de todos los miembros de la población, pero si no se abaratan los servicios y los dispositivos tecnológicos que permiten la interconectividad y la interactividad de objetos y personas, el IdC, mejor conocido como Internet de la Cosas, se convierte en una ruta de exclusión social.

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