Internet Economy

La IA va a ser un commodity

Federico Garzón

Durante años, construir tecnología fue un privilegio reservado para quienes sabían programar o podían pagar equipos completos de desarrollo. Hoy, esa barrera prácticamente desapareció. La inteligencia artificial está permitiendo que personas sin formación técnica creen soluciones que automatizan procesos complejos, como el análisis de documentos legales inmobiliarios o la evaluación de inquilinos frente a pólizas de aseguradoras, en cuestión de minutos.

Lo interesante es que detrás de estas dos soluciones no hay necesariamente grandes estructuras, sino algo mucho más simple: entender un problema real. En mi caso, todo empezó con conversaciones con personas que tenían fricciones claras en su operación diaria. Yo los construí usando Claude Code, una herramienta de Anthropic que permite darle instrucciones a una IA en español y que esta escriba el código, configure los servidores y despliegue el producto. Sin equipo de desarrollo. Costo de infraestructura: US$6 al mes. Hoy, esas plataformas las operan ellos en sus negocios.

Lo verdaderamente relevante es la conclusión que deja el proceso: estamos entrando en un momento en el que construir tecnología deja de ser el factor diferencial. Y eso cambia por completo las reglas del juego.

La IA se va a volver un commodity. En 12 a 18 meses, muchas más personas van a poder hacer lo que yo hice en Feche.xyz. Las herramientas van a ser más fáciles, más baratas, más accesibles. Andrej Karpathy, exdirector de IA en Tesla, ya lo bautizó “vibe coding”: construir software dándole instrucciones a la IA en lenguaje natural, sin saber programar. Y lo dijo porque él mismo lo estaba haciendo.

Esto significa que la capacidad de construir tecnología va a dejar de ser una ventaja competitiva. Cuando todos puedan hacer un bot o automatizar un proceso, la pregunta deja de ser “¿quién puede construirlo?” y pasa a ser “¿quién sabe qué construir y por qué?”.

Ahí es donde aparecen las dos únicas cosas que van a separar a los ganadores del resto.

La primera es la ventaja injusta: algo que su empresa tiene que la competencia no puede copiar fácilmente. No la tecnología, eso se replica en una semana, sino el acceso, la relación, la posición: un registro ante un regulador, una base de datos de años, un conocimiento profundo de un nicho que nadie más entiende.

La segunda es el unique insight: algo que entendió del mercado que nadie más ha visto. Un dolor insatisfecho, una ineficiencia que todos dan por normal, una oportunidad que está ahí, pero nadie ha articulado.

Ninguna IA genera esas dos cosas sola. Esas salen de las personas que están en el terreno todos los días. Lo que la IA hace es convertir ese conocimiento en un producto funcionando en días, en vez de meses.

Y aquí viene lo más importante: si su insight no es exclusivo de Colombia, y la mayoría no lo son, la IA le permite llevar esa solución a cualquier mercado del mundo. El mismo bot que funciona en Bogotá se adapta para Ciudad de México o Madrid en días. La barrera de entrada a mercados internacionales se derrumbó, y la mayoría de los empresarios todavía no se han dado cuenta.

Su mercado dejó de ser local. La pregunta es si se va a dar cuenta antes que su competencia.
La IA va a ser un commodity. Lo que no se puede comoditizar es lo que usted sabe sobre su mercado que nadie más sabe y la posición que tiene que nadie más puede replicar. Eso es suyo. Y ahora ya no tiene que quedarse en un solo país.

La tecnología dejó de ser el privilegio de los que saben código. Ahora es de los que saben pensar y de quienes formulan las preguntas correctas, entiende mejor el problema.

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