La inteligencia artificial pone a prueba a la industria musical y reabre el debate sobre la creatividad
sábado, 10 de octubre de 2026
La música generada por IA transforma este mercado y plantea nuevos retos sobre los derechos de autor, la remuneración de los artistas y la creatividad
¿Ha visto cantantes que parecen ser perfectos en técnica, imagen y calidad vocal? ¿O ha escuchado voces que le resultan familiares en canciones que no pertenecen a esos artistas? Detrás de esos contenidos puede haber un componente más allá del talento y la composición.
La música se enfrenta a una transformación que va más allá de la incorporación de nuevas herramientas tecnológicas. La inteligencia artificial se ha vuelto una herramienta más cercana para aquellos que acercan la producción y la creación a la mayoría de personas, desde la capacidad de la generación de voces y construir artistas virtuales capaces de acumular millones de reproducciones. Sin embargo, mientras las posibilidades creativas se multiplican, también crecen las preguntas sobre quién controla esta producción, quién se beneficia económicamente y qué ocurre con los derechos de los músicos cuyas obras alimentan estos sistemas.
Según Billboard, las canciones completamente generadas por IA superaron 50% de las cargas diarias detectadas por Deezer en junio de este año. Apple Music, por su parte, informó que más de un tercio de la música que recibía mensualmente era generada mediante esta tecnología.
De acuerdo con The Economist, Deezer recibía alrededor de 90.000 canciones completamente generadas por maquinas al día, aproximadamente la mitad del total de las cargas. Spotify, entretanto, aseguró haber eliminado 75 millones de canciones consideradas spam durante el año anterior.
Juan Sebastián García, profesor de producción musical de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana, considera que la IA está creando oportunidades para personas que antes no contaban con los conocimientos o los recursos necesarios para producir música. Sin embargo, advierte que esto no asegura el éxito comercial. No obstante, agrega que no se garantiza un movimiento en el mercado musical en términos de reproducciones, especialmente cuando no se cuenta con los recursos para desarrollar una campaña de marketing apropiada.
La diferencia entre producir y posicionarse también es central para Lina M. Parra Ante, docente investigadora de la Escuela de Negocios y Diseño de LCI Bogotá, quien señala que aunque hay un acercamiento a estas herramientas no necesariamente cambia la estructura de la industria. “Democratizar las herramientas no significa necesariamente democratizar la industria”, advierte Parra. Aunque la inteligencia artificial facilita el acceso a la creación musical y reduce algunas barreras de entrada, el control de los modelos, los canales de distribución y las condiciones de monetización continúa en manos de las plataformas tecnológicas. Esto plantea el riesgo de que el poder de la industria no se distribuya de manera más equitativa, sino que se traslade de las discográficas a las empresas que dominan estas tecnologías.
Una preocupación similar plantea Enrique Melgarejo, docente de Formación Musical de la Universidad El Bosque. A su juicio, no puede hablarse de una democratización plena mientras los medios de producción y, especialmente, los canales de distribución permanezcan concentrados en pocas empresas.
No obstante, uno de los mayores desafíos de la música generada con IA está, además, en determinar quién puede reclamar esos derechos de la obra y bajo que condiciones pueden utilizarse las creaciones humanad para entrenar los modelos.
Fredy Forero, experto en propiedad intelectual, explica que el derecho de autor protege las creaciones humanas, por lo que una obra generada exclusivamente por IA no estaría protegida bajo el marco jurídico que describe. El debate también abarca el entrenamiento de estos sistemas con obras existentes y la necesidad de establecer licencias para remunerar a sus autores. “El gran reto está en reglamentar y en conocer y probar qué es lo que está pasando”, señala Forero. Melgarejo y García coinciden en la importancia de proteger la creatividad humana y garantizar el reconocimiento de los artistas.
Frente a este panorama, las plataformas musicales han adoptado distintas medidas. Spotify y Apple Music desarrollan etiquetas para identificar contenidos generados con IA, YouTube exige declarar su uso y Deezer limita su presencia en las recomendaciones. Tidal anunció que no monetizará esta música, mientras Bandcamp prohibió determinadas creaciones con IA.
Para Lina Parra, el acceso a estas herramientas no garantiza una industria más equitativa, pues democratizar la producción no significa que los creadores tengan mayor control sobre la distribución, la visibilidad o los ingresos. La investigadora advierte que, aunque la IA permite generar más canciones, esto no implica necesariamente una mayor diversidad cultural ni mejores oportunidades para quienes viven de la música. Melgarejo destaca los conciertos y las experiencias presenciales como espacios para fortalecer la conexión entre artistas y público.
Más canciones en las plataformas digitales, menos atención disponible
La expansión de la música generada con IA intensifica la competencia por la atención y plantea interrogantes sobre su valor económico y cultural. Para Lina Parra, docente-investigadora de la Escuela de Negocios de LCI, producir más canciones no garantiza mayor diversidad ni conexión con el público. El caso de Nyla Stone, una cantante virtual que superó el millón de oyentes mensuales en Spotify, demuestra el potencial comercial de estos proyectos. Sin embargo, también surgen riesgos relacionados con fraudes e identidad artística.