Internet Economy

Revolución 4.0: más allá de lo tangible

María Camila Segura Matiz

No hace falta ser un experto en economía digital ni manejar a profundidad el campo de la innovación tecnológica para reconocer que los emprendimientos y las industrias que nacieron de la disrupción electrónica han constituido un amplio abanico de beneficios reales y cuantificables.

Desde la generación de cientos de miles de empleos directos, muchos de ellos remunerados por encima del estándar del mercado y la democratización de servicios y productos tradicionales, hasta la atracción de millonarios montos de inversión extranjera, como recientemente lo hizo la startup Habi, al convertirse en el segundo unicornio del país, y la dinamización de actividades esenciales para el PIB, el aporte que ha representado el auge de la generación “tech” es evidente y admirable.

Sin embargo, y por fortuna, esta revolución emprendedora va más allá de las métricas y los datos ponderables. De hecho, existe un universo de variables intangibles y subjetivas, quizás más valiosas que los mismos números del negocio, que se ve favorecido por las soluciones y la incidencia que ofrecen estas nuevas propuestas, y que, en ocasiones, simplemente se dan por sentadas.

Aspectos como el ahorro del tiempo, la eliminación de trámites, la analítica para tomar decisiones informadas, las facilidades de los procesos en línea, el empoderamiento empresarial, las alianzas entre startups para complementar servicios o la formación de culturas organizacionales sin precedentes, son algunas muestras de esas útiles ventajas, que no necesariamente tienen una medición específica para reconocer su valor.

Por esta razón, y con el fin de que se aprecie el aporte de las empresas “tech” en toda su dimensión, es que vale referirse a eso que, en un segundo plano, está impactando diariamente la calidad de vida de millones de personas en América Latina.

A manera de ejemplo, está la frase de Rodrigo Sánchez Ríos, presidente y cofundador de La Haus, que alguna vez mencionó en una entrevista: “curiosamente, el reto más grande no tuvo que ver ni con el mercado, la competencia ni con el negocio como tal. El mayor desafío es y ha sido cambiar el falso imaginario de que la única tecnología que sirve es la de afuera”. Es una clara evidencia del papel no medible que han tenido las startups para resignificar el potencial colombiano y regional.

Es la primera vez, luego de varias décadas, que el país empezó a destacarse masivamente por su capacidad para liderar internacionalmente en los campos de la innovación y el emprendimiento; un logro que, aunque no se pueda tabular, tiene una connotación altamente significativa.

En ese sentido, desde Global66, una fintech diseñada para democratizar el servicio de transferencias internacionales y el acceso a productos financieros, la cuarta revolución industrial ha sido y es asumida como un fenómeno que trasciende las métricas de ingresos e inversiones; esta es, sobre todo, vista como un marco para crear un sello de país y de región, tan distintivo como industrias icónicas como la del café, las flores o el turismo ecológico.

Puede que aún falten algunos pasos para que esto suceda, puede que todavía tengan que consolidarse nuevos unicornios o, incluso, que queden años para que el consumidor reconozca el valor de la era “tech” que se está atravesando, lo importante es que en este proceso, oportunamente, se logre reconocer el impacto inmaterial que supone la tecnología para la calidad de vida; pues, como bien lo dice una afamada entidad crediticia, hay cosas que “no tienen precio”.

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