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Sudáfrica, Brasil y Filipinas, los territorios que más horas pierden utilizando pantallas

Gráfico LR

Latinoamérica es una de las regiones con mayor tiempo de permanencia, siendo Brasil, Colombia y Argentina los que más se enganchan con los dispositivos electrónicos

Santiago Rodríguez Morales

El tiempo frente a las pantallas dejó de ser un hábito para convertirse en una rutina que define la vida diaria. Hoy, en promedio, una persona pasa seis horas y 40 minutos al día mirando algún dispositivo, ya sea el celular, el computador o el televisor. Por esto que Visual Capitalist presentó un informe de los países que tienen más tiempo de permanencia en pantallas.

El dato más significativo lo pone Sudáfrica, que lidera el ranking global con nueve horas y 24 minutos diarios frente a pantallas, una diferencia amplia frente al promedio mundial, que es de poco más de ocho horas. Le sigue Brasil con nueve horas y 13 minutos, y el top tres lo completa Filipinas con ocho horas y 52 minutos. Entre el top cinco global aparece Colombia con ocho horas y 43 minutos, junto con Argentina que promedia ocho horas y 41 minutos. En la sexta casilla aparece Chile con ocho horas y 31 minutos.

La presencia de América Latina en la parte alta del listado no es casualidad. Responde a una mezcla de factores culturales, económicos y tecnológicos que terminan concentrándose en un mismo punto: el celular. En esta región, el dispositivo no es solo una herramienta de comunicación; es el centro de la vida digital. Felipe Lizcano, experto en tecnología y cofundador de Red Design Systems y Techcetera, aseguró que “pasamos tanto tiempo frente a ellas porque con el auge del 5G básicamente ya no hay fricción”. Es decir, todo está disponible de manera inmediata, sin barreras.

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Esa facilidad de acceso se complementa con el diseño mismo de las plataformas. “Las apps están diseñadas, además, para que sean muy fáciles de navegar y el famoso scroll infinito, que resulta bastante adictivo, hace que el usuario termine pasando muchísimo tiempo sin siquiera darse cuenta”, añade Lizcano. El problema no es solo entrar, sino salir. Cada contenido lleva a otro, en una cadena que no se detiene.

A eso se suma un elemento que pesa en el día a día: el costo. El entretenimiento digital compite con ventaja frente a otras opciones. “No nos digamos mentiras, es un plan barato. No cuesta tanto como salir a cine o ir a un restaurante”, afirma Lizcano. En economías donde el ingreso es limitado, el celular termina siendo la opción más accesible para pasar el tiempo.

Sin embargo, el fenómeno va más allá del entretenimiento. Gustavo Torres, experto en tecnología y director de Tecnogus, señala que el aumento del tiempo en pantalla responde a cambios estructurales. “La adopción masiva de smartphones accesibles y la expansión de redes móviles democratizaron la conexión. Por otro lado, el internet ha absorbido servicios esenciales”, explica. Hoy, estar conectado no es opcional, es parte del funcionamiento cotidiano.

En América Latina, esa dependencia es más evidente. En países como Colombia o Brasil, el celular fue el primer contacto con internet para millones de personas. No hubo un proceso gradual desde el computador, sino un salto directo al smartphone. Lizcano afirma que “para muchos latinos el smartphone fue su primer contacto con internet. Es la oficina, es la tele, el entretenimiento, la consola de juegos, todo en uno”.

Ese “todo en uno” explica por qué el tiempo de uso es tan elevado. El mismo dispositivo sirve para trabajar, estudiar, comprar, informarse y socializar. Y en una región con una cultura altamente social, la interacción digital es constante. “Nos encanta compartir memes, audios, redes sociales, videollamadas. Es un estilo de vida”, dice Lizcano.

Torres coincide en que hay factores propios de la región que refuerzan este comportamiento. “La socialización digital es un pilar del día a día, además de que el celular se convierte en herramienta de trabajo para millones de microempresarios”, afirma. A esto se suman problemas de infraestructura o seguridad que hacen que muchas personas opten por el entorno digital como espacio de entretenimiento.

El impacto de este uso intensivo ya se refleja en los hábitos cotidianos. La forma de consumir información cambió. “Ahora es algorítmico y fragmentado; se prioriza el impacto visual inmediato sobre el texto profundo”, explica Torres. Los videos cortos dominan, mientras que los formatos largos pierden espacio.

También cambia la forma de relacionarse. Lizcano señala que “uno está con una persona y esa persona está metida en el celular, no se está en el lugar donde está el cuerpo, sino donde están los ojos”. La conexión permanente genera una especie de presencia parcial.

Las consecuencias empiezan a sentirse. Torres advierte señales de alerta claras: pérdida de la noción del tiempo, descuido de responsabilidades o irritabilidad cuando no hay conexión. A esto se suman problemas de sueño, ansiedad y una sensación de agotamiento constante.

El entorno digital también plantea retos en materia de información. “El algoritmo ya es el que decide qué ver y muchas veces uno solo deja que le llene el cerebro de cosas”, señala Lizcano.
Torres añade que esto tiene impacto directo en la conversación pública. “El debate se ha vuelto más agresivo y superficial, favoreciendo contenido emocional que genere interacción”, afirma. Las redes priorizan lo que engancha, no necesariamente lo que informa mejor.

La tendencia, por ahora, no muestra señales de reversa. Aunque existe un límite natural, la tecnología sigue avanzando hacia formas de conexión más integradas. Torres afirma que “con interfaces invisibles y computación espacial, estaremos más conectados, pero mirando menos una pantalla tradicional”.

LOS CONTRASTES

  • Gustavo TorresExperto en tecnología y dir. de Tecnogus

    “A nivel público, urge y es necesario una regulación sobre el diseño adictivo de algunas redes sociales, además de hacer cumplir el derecho a la desconexión laboral”

  • Felipe LizcanoExperto en tecnología

    “Es la ventana del mundo, mucha gente se entera por ahí, consume noticias y a falta de planes en la calle, el refugio seguro y también divertido tiende a ser el mundo digital”

Eso significa que la relación con la tecnología no desaparecerá, sino que se transformará. Lizcano menciona dispositivos como gafas inteligentes o entornos de realidad virtual que harán la conexión aún más constante, incluso sin necesidad de sostener un celular.

En este escenario, el reto no es eliminar las pantallas, sino aprender a manejarlas.

Turquía, EE.UU. y Arabia Saudita, los que menos tiempo de permanencia tienen

En la parte baja del ranking aparecen países donde el tiempo frente a pantallas, se mantiene por debajo del promedio de los líderes, aunque sigue siendo un tiempo considerablemente alto. Turquía registra seis horas y 57 minutos diarios, siendo el menor entre los analizados, seguido por Estados Unidos con siete horas y tres minutos. Más arriba están Arabia Saudita con siete horas y nueve minutos y Taiwán con siete horas y 13 minutos. También figuran Israel con siete horas y 20 minutos, y Bulgaria con siete horas y 29 minutos.

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