Adiós a Ignacio Gómez Lecompte, un sacerdote ejemplar

Javier Abad Gómez

‘Diles a todas y a todos, que muchas gracias’. Fueron sus últimas palabras. Era tan sacerdote que agradecía el agradecimiento. Somos nosotros quienes hubiéramos debido acercarnos a él para manifestarle nuestra gratitud por la entrega que, a lo largo de más de 60 años, había hecho de su vida. Murió exprimido como un limón, sirviendo a sus hermanas y hermanos hasta el momento final, cuando se le acababan las fuerzas y casi no se sostenía en pié.

Quienes convivimos con él las últimas semanas, meses, años, lo vimos esforzarse para mantener la sonrisa, el buen humor, el chiste a flor de labios, el espíritu de servicio, igual que lo había hecho desde el primer momento en que acogió la llamada divina para entregar su vida al Señor. Nunca se le oyó una queja o un negarse a cualquier requerimiento de la tarea pastoral que se le había confiado. Disponibilidad plena para ir de aquí para allá: primero en Medellín, luego en Roma, en Estados Unidos, en México, y por último en su amada Cartagena. Siempre con alegría, sembrando paz y cariño en el corazón de aquellos que se acercaban a él para pedirle algún consejo, dirección espiritual o el sacramento de la penitencia.

No sabía decir que no. Su unión con Dios era tan profunda que veía en lo que le pedían o en todo lo que acontecía una manifestación clara de la voluntad divina. Era tal su riqueza interior que vivía plenamente desprendido de sí mismo, así como de los bienes materiales, que usaba con sobriedad. Y manifestaba gran libertad de espíritu, desparpajo para expresar con sencillez lo que le hiciera falta: desde sus años jóvenes hasta aquellos en los que sobrellevó con elegancia las enormes limitaciones de su larga enfermedad. Le correspondió ser el primero en Colombia que acogió el llamado de Dios para entregar su vida en celibato apostólico y como sacerdote, en la obra fundada por San Josemaría Escrivá de Balaguer, el Opus Dei. Después vinimos los demás, que contemplamos en él un testimonio de lo que significa corresponder a la gracia de una vocación y ahora nos acogemos a su intercesión para ser como fue Nacho, bueno y fiel hasta la muerte.