Así es la experiencia de la clase premium en un viaje largo en Air France

Ripe

Un coche recoge al viajero para llevarlo hasta el aeropuerto de Barajas. El vuelo con destino París despega en hora, a pesar del temporal, y al llegar a Charles de Gaulle, la asistente Marion lo recibe en la puerta del avión, saludándolo por su nombre y apellido.

Coge su equipaje de mano y toman un ascensor hasta las pistas, donde un coche lo está esperando para llevarlo a otro sector del aeropuerto. Suben hasta la sala

La Première, abierta de 5:30 de la mañana hasta las 12:30 (aunque si el avión se retrasa, permanece abierta, con un cocinero de guardia, hasta que el vuelo despegue. Si se cancelara se le lleva hasta su hotel). Un policía, vestido con jeans y jersey azul, busca al pasajero para devolverle el pasaporte. Por esta vip lounge, de algo más de 1.000 metros cuadrados diseñada por el arquitecto Didier Lefort y en la que trabajan 110 empleados, pasan cada día entre 60 y 90 personas, en su mayoría franceses y americanos.

La estancia dispone de varios salones, y en todos ellos -incluidas las seis mesas con ordenador- se puede comer cualquiera de los platos que preparan al momento en la cocina el chef Gérald Poirier, formado a las órdenes de Alain Ducasse en su restaurante de Plaza Athénée.

En las estanterías reposan las magdalenas recién hechas, la caja de tés de Hediard, los aceites y quesos seleccionados por Ducasse, una cesta con seis clases de salchichón, cinco tipos de panes, el servicio de té, el bar de aguas y la bodega seleccionada por Olivier Poussier, elegido Mejor Sumiller del mundo en 2000.

El viajero se sienta a cenar en una de las seis mesas con mantel de lino y cubiertos de Christofle. Lo atiende una camarera en castellano. Todos visten americana blanca con hombreras doradas inspiradas en los uniformes de los stewards de los años 50. En un recodo hay un bar 'de hotel' con 10 botellas de champagnes para que el viajero elija cuál le apetece o solicite su cóctel favorito. La estancia se completa con una zona de tumbonas donde recuperarse del jet lag arropados por mantas de Hermès.

Al fondo están las duchas y las cabinas de masajes, donde concertar tratamientos con productos de Biologique Recherche.

Un ascensor lleva directamente a la zona de boutiques del aeropuerto, donde se baja acompañado de un personal shopper.

Faltan 10 minutos para el siguiente vuelo de nuestro viajero. Marion viene a buscarle y le acompaña hasta la puerta de embarque.

Allí le presentan a la tripulación que le va a acompañar durante las siguientes 12 horas. Mientras ocupa una de las ocho butacas de Primera, le dan la bienvenida con una copa de champagne.

El vuelo del `turista` en primera clase Mientras ocupa una de las ocho butacas de Primera, le dan la bienvenida con una copa de champagne Henriott 1999. Fuera hay -8ºC. Despegan. Enseguida le entregan una carta diseñada por el Studio Culinaire Servair, presidido por Joël Robuchon, y le explican que puede ordenar todo lo que quiera y en el momento que quiera. Es más de medianoche. Hora de ponerse el pijama que las azafatas han dejado junto al neceser.

Tal vez haya duendes, porque al regresar a su asiento, éste se ha convertido en una cama horizontal de dos metros de largo, con un edredón de plumas, igual que el almohadón y una manta de lana merino, por si hiciera falta.

Llega la mañana y con ella Buenos Aires y sus 25 grados. Así que en esto consistía primera clase. Más info: www.airfrance.es