Así se mueven las millonarias faenas del Mundial de Toreo en ‘Las Ventas’ de Madrid

La ocupación hotelera en Madrid sube Hasta 13% durante la feria de San Isidro.

Víctor Diusabá Rojas

“Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo”. El refranero español hace sentir su sabiduría: aunque es primavera en junio y el verano deja ver tímidas avanzadas sobre calles y terrazas, el caprichoso cielo de Madrid hace tomar precauciones.

Lo saben sus 3 millones de habitantes, no de la provincia, sino de la urbe en sí. Pero si alguien se lo toma en serio y carga estas fechas paraguas y chubasqueros, son los casi 20.000 parroquianos que se citan a diario en la Plaza de toros de Las Ventas para asistir a la Feria de San Isidro o al Mundial del Toreo.

La Feria cumplió el año pasado 70 años. Nació en 1947, fruto de la imaginación y, sobre todo, de la visión de Livino Stuyck, un hombre empeñado en dar un ciclo taurino con el pretexto de rendir homenaje al santo patrón de la capital española.

No presintió Livino que con el paso de los años el invento se convertiría en un negocio que mueve fortunas y genera una de las mayores dinámicas económicas de esta, una de las principales ciudades de Europa.

Lo dicen los casi $230.000 millones que se activan en el curso de apenas un mes en esa olla hirviente que es Las Ventas y su inmenso radio de acción. Ello incluye la feria misma con sus casi 600.000 asistentes en total, más sectores de la hostelería, transporte y servicios, entre muchos otros beneficiados de manera directa o indirecta.

Semejante cascada de dinero se ha hecho visible en los últimos años, cuando las vacas flacas han sido el denominador común de la economía española.

Es gracias a San Isidro y sus toros bravos que los hoteles de Madrid ven crecer 13% la ocupación, antes de la tromba turística del verano. Igual, los restaurantes y bares de Ventas, el barrio anfitrión de miles de aficionados, se ven atestados y hay que abrirse paso con maña para llegar a la barra en pos de una cerveza y una tapa de esa inagotable fuente gastronómica.

Allí, en la célebre Calle de Alcalá, hay presupuestos para todos los bolsillos. Desde el famoso Toribio, un sitio que lleva el nombre del dueño y donde van a parar, por contrato exclusivo los rabos de los animales lidiados en el coso venteño, convertidos en lo que en Colombia se conoce como guiso de cola. El plato está entre US$35 y US$45, depende si hay aperitivo o vino para acompañar. A pocos pasos de allí, un bar tradicional pone por US$14 primero, segundo, vino, y café o postre.

El espectáculo en sí de los toros en el ruedo, objeto de cuestionamiento por parte de animalistas y detractores, cuenta con una organización que no tiene nada que envidiar a los grandes conciertos de estrellas de la canción o al jugoso teatro moderno que ha resultado ser el fútbol. De hecho, fueron las corridas de toros, en la primera mitad del siglo pasado, las inspiradoras del modelo que hoy hace de las grandes carpas un fenómeno que mueve divisas como pocas otras actividades comerciales.

En Las Ventas todo parece, antes que andar, embestir, que en la tauromaquia quiere decir ir para adelante y con motor para largo. Los abonos son una tradición que se cuida como un bien. La boletería suelta encuentra clientes sin dificultad. Y el ‘No hay billetes’ que se cuelga en las taquillas cuando las entradas se agotan, se deja ver con cierta frecuencia cuando las figuras del toreo se presentan.

Y no es caro ir si se comparan los precios de las entradas con los que se cobran en Colombia. Por estos precios, se obtiene una buena localidad.
Frente a la lluvia hay poco por hacer. Las plazas de toros, por tradición, tienen casi siempre el ruedo a cielo abierto. Y Las Ventas, un monumento construido en 1931 no es la excepción. Entonces, el riesgo de suspensión del espectáculo está latente. Cuando así sucede, los seguidores se marchan aburridos pero la empresa se guarece bajo una serie de seguros que le cierran el paso a pérdidas.

La plaza se entrega por concurso. Quien la regenta es Simón Casas. Su obligación es dar la Feria de San Isidro y corridas los demás domingos del año, mientras la primavera, el verano y el otoño lo permitan. En invierno se cierra. Por ese concepto, la administración municipal recibe unos $10.500 millones de arriendo anual. Si a eso se le agregan los ingresos por IVA que recibe el estado, unos $5.000 millones más, y se agrega lo que factura el escenario por otro tipo de actividades musicales y deportivas, hay que concluir que Las Ventas es una máquina de plata.

“Es que la Feria de San Isidro es, además del acontecimiento taurino más importante del planeta, una inyección económica diaria para la ciudadanía de Madrid”, dice Germán Estela, cabeza visible del equipo que transmite cada uno de los festejos por el Canal Toros de Movistar, en un despliegue técnico de decenas de cámaras que no deja suelto detalle mínimo de lo que pasa en la arena y en las tribunas.

Aparte, pocos espectáculos se pueden dar el lujo de tener, en promedio, más de tres cuartos del aforo (23.798 localidades). “Este es también un acto social y un capítulo imprescindible en el calendario taurino anual”, dijo.

Sin embargo, en el programa oficial de festividades de San Isidro, la feria taurina no aparece por lado alguno. “A pesar de ser uno de sus principales atractivos y contra una tradición afincada en nuestra cultura”, dice Paco Aguado, escritor y crítico reconocido del medio.

Para el madrileño promedio, la vida pasa, y seguirá pasando, por el San Isidro de los toros. “Aquí hay un atractivo turístico, más allá de la gente que es aficionada de toda la vida. Abundan los visitantes de otras culturas que vienen a ver este patrimonio que es la fiesta de los toros. Como quien va a Nueva York y no falla la cita con el béisbol, así no lo entienda. Más exposiciones de artistas, coloquios y demás posibilidades de intercambio entre diversas miradas”, apunta Micaela Díaz Descalzo, productora de medios, pero, ante todo, aficionada a la fiesta brava y orgullosa de ser madrileña.

Sin señales visibles de antitaurinismo en sus alrededores y con el mismo sentimiento de expectativa, Las Ventas vive esta última semana de Feria como si fuera la primera. Tal cual lo sienten los dueños de restaurantes, bares, hoteles, parqueaderos, entre otros negocios.

Todos ellos  saben que el Mundial del Toreo es en estos meses motor de la economía de una ciudad que si bien no es estrictamente taurina, sí está segura que San Isidro labrador no solo se las apaña para quitar el agua y traer el sol con los euros que ayudan a lidiar con una crisis que no termina de irse de España.

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