Atleta de corazón

Alexander Obando

Para un funcionamiento adecuado de nuestro cuerpo, el corazón envía sangre a nuestros órganos a una frecuencia cardíaca de unos 50 a 100 latidos por minuto en estado de reposo. Este número de latidos puede variar de acuerdo con diferentes factores (edad, estilo de vida, estado físico, etc.)

A menor edad -por ejemplo- mayores pulsaciones en reposo y en la actividad física. De acuerdo con nuestra frecuencia cardíaca podemos determinar nuestra condición física y saber si estamos en condición de realizar algún ejercicio o pensar en participar en alguna competencia.

El corazón es el motor de nuestro cuerpo y bombeará más sangre a nuestros órganos y músculos entre más rápido pueda latir; lo cual garantizará una oxigenación más eficiente y un mejor desempeño en los entrenamientos y competencias. Pero nada de esto se logra de la noche a la mañana; es un trabajo de muchos años de entrenamiento (no sólo de los músculos, sino también de nuestra capacidad cardiovascular).

En las competencias de largo aliento, la frecuencia cardíaca no se lleva al 'límite', algo que sí ocurre en las pruebas de velocidad. Siempre es bueno entrenar ambos aspectos: fondo y velocidad. Lo mejor para calcular la frecuencia cardíaca máxima es acudir a un médico deportólogo a que nos realice una prueba de esfuerzo; también podemos calcularla restando nuestra edad a la cifra 220.

Los entrenamientos de fondo contribuyen a disminuir las pulsaciones, es decir, que con tiempo y entrenamiento el corazón se esforzará menos para arrojar los mismos resultados que se lograban anteriormente. Con menos cansancio, existe mejor posibilidad de lograr un buen tiempo, así como de recuperarse más rápidamente y con mejor disposición para los siguientes entrenamientos.

Se dice que durante la actividad deportiva la frecuencia cardíaca ideal no debe pasar el 60% ó el 80% de la frecuencia cardíaca máxima; así que no resulta lógico entrenar 'a toda máquina'. Es bueno iniciar a un 50% de la frecuencia máxima y si es posible, siempre monitorear nuestro corazón: un reflejo confiable de nuestra condición física.