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Branni Pets: fábrica que triunfa con marroquinería de lujo para perros

Gráfico LR

Esta firma que fabrica en Italia diseña con mirada contemporánea y ha convertido correas, collares y arneses en piezas con ADN de marroquinería

Expansión - Madrid

El universo pet hace tiempo que dejó de ir "detrás" de la moda para caminar a su lado. El paseo de las mascotas se ha convertido en una escena de cuidado, estilo y bienestar. En ese cruce entre artesanía y tendencia se entiende el fenómeno Branni Pets: una firma que fabrica en Italia, diseña con mirada contemporánea y ha convertido correas, collares y arneses en piezas con ADN de marroquinería.

La historia de Branni Pets no empieza en una "startup", sino en un oficio. La familia paterna de Nora Branni procede de Bagheria (Palermo, Sicilia) y emigró a Milán en los años 60, donde fundó Taliax, un pequeño taller de cinturones de piel que con el tiempo se consolidó como manufactura para marcas y boutiques. Hoy, explica la firma, el taller sigue en manos de Sandro y Lourdes, segunda generación, y continúa fabricando cinturones además de todas las colecciones de Branni Pets.

El momento "perruno" llegó en 2017 cuando Sandro decidió aprovechar retales de una producción anterior para hacer un primer collar a Gero, uno de los galgos italianos de la familia.

 

El momento "perruno" llegó en 2017 cuando Sandro decidió aprovechar retales de una producción anterior para hacer un primer collar a Gero, uno de los galgos italianos de la familia. No era perfecto, pero abrió la idea de aportar al mercado accesorios prácticos, pero también estéticos u, durante el covid, según cuentan, esa intuición se convirtió en proyecto: una firma que uniera comodidad real y diseño.

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Así se fabrica una pieza para perros

Entrar en una fábrica de cinturones es entender por qué algunos accesorios "duran" y otros solo aguantan una temporada. Branni Pets fabrica en su propia fábrica familiar a las afueras de Milán y su base es la materia prima: piel vacuna procedente de curtidorías italianas avaladas por el sello Leather Working Group (LWG), y herrajes italianos (incluidos metales bañados en oro) seleccionados por durabilidad. Y después viene lo que en marroquinería importa de verdad: el proceso. Cortar, rebajar, ensamblar, coser, rematar cantos, pulir…

En algunos collares intervienen entre 10 y 15 máquinas y una misma pieza puede pasar por varias manos a lo largo del proceso.

 

La marca resume esa exigencia en una frase que vale para cualquier buen taller: incluso los componentes "invisibles", es decir, hilos, pegamentos, tintes… pasan controles para garantizar que la pieza sea estética, pero también segura y resistente. En su propio material, Branni añade un dato muy ilustrativo: en algunos collares intervienen entre 10 y 15 máquinas, pero el resultado depende del savoir faire; una misma pieza puede pasar por varias manos a lo largo del proceso.

Branni Pets une en sus creaciones sofisticación, manufactura y amor por los animales, con piezas atemporales, elegantes y artesanales, diseñadas en Barcelona y fabricadas en Milán.

 

Branni Pets se define con una idea sencilla: elevar el paseo a "momento extraordinario" uniendo sofisticación, manufactura y amor por los animales, con piezas atemporales, elegantes y artesanales. No es casual que su discurso mezcle dos ciudades: diseño en Barcelona y fabricación en Milán, y que el resultado funcione en una estética muy europea (colores, acabados, metalizados) sin sacrificar el lado práctico. Y la prueba de que ese posicionamiento ha cruzado fronteras está en su presencia internacional: la marca afirma estar en más de 100 puntos de venta en el mundo.

Al final, lo más interesante de entrar en una fábrica como esta no es el glamour (que lo hay), sino entender el porqué de la confianza: una correa no es un adorno, es un elemento de seguridad; un arnés no es un capricho, es un punto de contacto con el cuerpo del animal. En Branni, esa frontera entre accesorio y herramienta se toma en serio: cuero bien curtido, herrajes que resisten, remates pensados para el uso diario. Y esa es, probablemente, la razón por la que el "lujo" en mascotas ya no se mide solo por el precio, sino por algo más difícil de imitar: oficio.

El auge de firmas como Branni no se explica solo por la estética. Y el paseo ya no es "correa y ya", sino bienestar. Cada vez se habla más de ergonomía, de cómo ciertos arneses reparten mejor la presión que un collar y evitan tensión en cuello y tráquea, y esa conciencia ha empujado el diseño hacia piezas más cómodas, ajustadas y bonitas. En ese cruce de afecto, funcionalidad y oficio se entiende que una correa o un arnés de buena marroquinería no sea un capricho, sino una forma de cuidar mejor a nuestras mascotas.

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