De 0,1 a 12,3 salarios mínimos, esto es lo que cuesta una boleta del Mundial según el país
viernes, 19 de junio de 2026
Informe de Anif revela que el esfuerzo para comprar una entrada varía: en Ghana equivale a 12,3 salarios mínimos, en Colombia representa 1,1 y en Suiza apenas 0,1
El Mundial no solo pone frente a frente a las mejores selecciones. También exhibe una de las mayores desigualdades económicas entre los aficionados que acompañan a sus equipos en Estados Unidos, México y Canadá. Así quedó en evidencia en el informe semanal de Anif, ‘El once económico del Mundial 2026’, en el que hace un ranking sobre cuántos salarios mínimos necesita cada persona para comprar una boleta de su selección para la cita orbital.
Aunque el precio de las entradas es el mismo para todos los compradores, el esfuerzo económico necesario para adquirir una boleta varía drásticamente según el país de origen. El análisis de Anif muestra que, mientras para algunos aficionados la compra representa apenas una fracción de su salario mensual, para otros equivale a varios meses e incluso más de un año de ingresos. El caso más extremo es Ghana.
Un trabajador que perciba el mínimo en ese país tendría que destinar el equivalente a 12,3 salarios mínimos mensuales para adquirir una de las entradas más económicas del torneo. En otras palabras, el costo de una sola boleta supera un año completo de trabajo.
La situación también resulta compleja para otros países en el torneo. En Haití se requieren 5,7 salarios mínimos para acceder a una entrada, mientras que en Uzbekistán la cifra alcanza 5,3. Senegal y Costa de Marfil completan el grupo de economías con mayores barreras de acceso, con un costo equivalente a 4,9.
Las cifras ponen de relieve una realidad que suele pasar desapercibida detrás de la pasión futbolística: el Mundial es un espectáculo global, pero no todos los aficionados tienen las mismas posibilidades económicas de vivirlo en primera persona.
“Desde la teoría económica hay tres lecturas que son bastante interesantes y que se derivan de todo este análisis. Primero, la desigualdad internacional de ingresos. La boleta es un bien global, con un precio prácticamente uniforme, pero los ingresos son muy heterogéneos entre los países. En segundo lugar, está el poder adquisitivo, es decir, lo relevante no es cuánto cuesta la boleta en dólares, sino cuánto ingreso local representa. Un aficionado suizo y uno ganés enfrentan el mismo precio en dólares, pero no el mismo costo económico. Para el ganés, la compra implica sacrificar una proporción mucho mayor de su consumo potencial. Y tercero, todo esto que se deriva al consumo potencial en la elasticidad del consumo de entretenimiento. En países donde una entrada equivale a varios salarios mínimos, asistir al Mundial deja de ser un gasto de entretenimiento y se convierte en uno extraordinario. En economías de menores ingresos, ir a la Copa se convierte en un bien de lujo, mientras que en economías de altos ingresos se acerca más a un gasto recreativo ordinario”, explica Valentina Guio, jefe de estudios macroeconómicos de Anif.
En América Latina las diferencias también son evidentes. Argentina aparece como el país de la región donde el esfuerzo relativo es más alto, con una entrada equivalente a 2,3 salarios mínimos. Brasil registra 1,8 y Panamá 1,6. Colombia se ubica en una posición intermedia. Según el análisis, un trabajador que gane el salario mínimo necesitaría destinar cerca de 1,1 salarios mínimos para comprar una boleta. Esto significa que el valor de la entrada equivale a poco más de un mes completo de ingresos.
En relación con este indicador del país, Guio comenta que “Aunque esta relación es más favorable que lo que estamos observando en otras naciones que están en el torneo, sigue siendo considerablemente más alta que la de economías desarrolladas como Suiza, Alemania e Inglaterra. La posición de Colombia refleja una realidad característica de las economías de ingreso medio, en las que el poder adquisitivo de los trabajadores es suficiente para evitar los niveles más extremos de inaccesibilidad observados en países de menores ingresos, pero sigue estando lejos de los otros estándares de las economías avanzadas”.