De plan casual a experiencia programada, la nueva era de los conciertos en Colombia
viernes, 13 de febrero de 2026
Ir a esos espectáculos, además, ya no es una decisión de última hora. Fan organiza su calendario, presupuesto y mueve las economías
Hay algo que cambió en la forma en que jóvenes y adultos van a conciertos. Ya no se trata solo de si el artista gusta o no, sino de planificar toda una experiencia. En 2025, los colombianos organizaron sus salidas musicales con la misma lógica con la que planean un viaje.
De acuerdo con cifras de TaquillaLive, el año pasado se vendieron más de 600.000 boletas y 75% se compró con más de un mes de anticipación. Más que un dato técnico, es una señal de comportamiento: el público agenda, distribuye presupuesto y, en muchos casos, calcula transporte y hospedaje.
A la par, 50% de los eventos alcanzó el sold out. En un mercado con oferta cada vez más amplia, eso sugiere que los asistentes no están comprando todo, sino aquello que realmente perciben como imperdible.
El mejor desempeño lo tuvieron los shows masivos de un solo día, especialmente los ligados a la electrónica y al reguetón. Son formatos que concentran experiencia y generan sensación de evento único. El consumo, además, se concentró en el segundo semestre, coincidiendo con festivales, giras internacionales y una agenda más completa y movida.
De hecho, los sold out ya no responden únicamente al nombre del artista. Como lo resume Andrés Aranda, director de Ventas para Latinoamérica de HubSpot, “los eventos que alcanzan sold out de forma consistente no lo hacen por casualidad. Detrás hay una alineación real entre marketing y ventas, basada en datos que permiten anticipar la demanda y acompañar al consumidor en cada etapa”.
Por otro lado, Bogotá, Medellín y Cali siguen liderando el mapa del entretenimiento.
Sin embargo, en 2025 las ciudades intermedias también ganaron terreno. Ibagué, Duitama, Manizales y Neiva evidenciaron que el consumo cultural empieza a descentralizarse y que el público está dispuesto a desplazarse si el evento lo justifica.
Las primeras fechas confirmadas para este año refuerzan esa lógica de grandes nombres y formatos claros. En Bogotá se esperan presentaciones como Doja Cat, 15 de febrero; Kali Uchis, 18 de febrero; y Rüfüs Du Sol, 6 de marzo. Medellín tendrá en agenda a Miguel Bosé, 14 de marzo; Sebastián Yatra, 26 de abril; y Mon Laferte, 9 de mayo, entre otros artistas y bandas.
Pero el movimiento no se queda en los escenarios. El impacto del entretenimiento en vivo ya no se mide únicamente en taquilla. Las fechas de Bad Bunny en Medellín, en enero, lo confirmaron: en plataformas como Booking y Airbnb, los precios para estadías de tres días oscilaron entre $400.000 y más de $11 millones , incluso en alojamientos de tres y cuatro estrellas.
El fenómeno también se refleja en los grandes números de la industria. Según la revista especializada Pollstar, los principales estadios del país vendieron más de un millón de entradas y recaudaron cerca de US$99 millones en eventos musicales entre diciembre de 2024 y noviembre de 2025. Colombia logró ubicar cinco recintos entre los 25 más rentables de Suramérica, con El Campín como el segundo estadio con mayor facturación en la región.
La dinámica no es aislada ni producto del azar. Promotoras colombianas como Páramo Presenta y Ocesa Colombia se ubicaron entre las más fuertes del continente en entradas vendidas y recaudo. Además, 10 de las 15 giras más taquilleras de Suramérica incluyeron fechas en el país, lo que confirma que Colombia dejó de ser una parada ocasional para convertirse en un mercado prioritario dentro del circuito latinoamericano.
El concierto dejó de ser un plan improvisado. Hoy es una decisión que se agenda, se presupuesta y, muchas veces, se viaja. 2026 arranca con una industria que parece haber entendido a los fans, que cada vez son más exigentes con la experiencia que esperan en los eventos y que están dispuestos a gastar.