Las joyas ocultas que conviene reservar desde ya para el otro año
domingo, 13 de septiembre de 2026
Intrepid Travel publicó su lista anual 'Not Hot', que reúne a los sitios que reciben menos turistas, pero que tienen infraestructura lista para atenderlos
El mapa del turismo mundial tiene manchas casi en blanco: lugares que aparecen en los buscadores de vuelos, pero que rara vez hacen parte de las conversaciones sobre el próximo viaje. Entre ellos, destaca un parque en el norte de Kenia con su propio quinteto de animales exclusivos, una isla griega donde vive una de las focas más raras del planeta y un sendero recién trazado entre plantaciones de té en Sri Lanka, todos destinos que existen desde hace siglos.
Para conocerlos, Intrepid Travel publicó su lista anual 'Not Hot', que reúne a los sitios que reciben menos turistas, pero que tienen infraestructura lista para atenderlos. Es, precisamente, esa combinación de bajo perfil y apertura la que suele traducirse en tarifas más accesibles. Por eso, reservar cupo desde ya para las vacaciones de 2027 puede significar pagar mucho menos de lo que costará una vez que estos lugares dejen de ser un secreto.
El primero de esos puntos ciegos queda en el norte de Kenia, donde la Reserva Nacional de Samburu recibe apenas entre 30.000 y 40.000 visitantes al año, frente a los cerca de 300.000 que llegan cada temporada a la más célebre Maasai Mara. Por sus sabanas semiáridas y sus bosques de palmeras doum, se mueven cerca de 900 elefantes y más de 350 especies de aves; además del quinteto que le da identidad al parque: la jirafa reticulada, la cebra de Grevy, el órix beisa, el avestruz somalí y el gerenuk.
De África se salta a las montañas del Cáucaso, donde Mestia guarda un patrimonio bastante más antiguo: torres de piedra construidas desde el siglo IX que, junto a los pueblos que las rodean, fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1996.
Aunque el trayecto por carretera desde Tiblisi toma entre ocho y nueve horas, el pequeño Aeropuerto Queen Tamar lo reduce a poco más de sesenta minutos de vuelo, una facilidad que explica por qué esta localidad de apenas 2.500 habitantes se ha convertido en la puerta de entrada a Ushguli, uno de los asentamientos más altos de Europa.
Un poco más al sur, las Tierras Altas del Norte de Jordania muestran la cara verde de un país que casi siempre se asocia con el desierto. Mientras Petra y el Mar Muerto concentran la atención de la mayoría de los viajeros, esta región montañosa apuesta por posadas y proyectos de turismo comunitario que buscan sostener la vida rural y ofrecer una experiencia jordana distinta.
El salto hacia Norteamérica lleva hasta Whitehorse, capital del territorio canadiense de Yukón, convertida en una de las puertas más accesibles al óvalo auroral, la franja del planeta donde más probabilidades hay de ver la aurora boreal. A solo dos horas de vuelo desde Vancouver, la ciudad combina trineos de perros y aguas termales que siguen activas incluso a treinta grados bajo cero, con guías de Primeras Naciones que narran la historia del territorio bajo sin contaminación lumínica.
La lista se completa entre el Mediterráneo, Asia y la Patagonia
De regreso en Europa, pero esta vez frente al mar, la isla griega de Alonissos alberga el Parque Marino Nacional de Alonissos y Espóradas del Norte, la mayor área marina protegida del Mediterráneo, con cerca de 2.250 kilómetros cuadrados. Ahí sobrevive la foca monje mediterránea, de la que quedan menos de 700 ejemplares en el mundo, un dato no menor si se tiene en cuenta que, solo en 2026, la agencia griega Ofypeka documentó 21 crías recién nacidas en la isla de Piperi.
Mucho más al oriente, en Timor-Leste, Dili y su costa apuestan también por la vida marina: ballenas azules y delfines que migran entre octubre y diciembre por el estrecho de Ombai-Wetar, uno de los corredores de cetáceos menos explorados del planeta. Este sitio empezó a ser reconocido apenas en junio, cuando la Unesco declaró el Parque Nacional Nino Konis Santana como la primera Reserva de la Biosfera del país, un sello que busca atraer viajeros que quieran explorar de forma responsable.
En Sri Lanka, el atractivo cambia de escenario. El recién inaugurado Pekoe Trail recorre cerca de 300 kilómetros en 22 etapas por las tierras altas del té, entre Kandy y Nuwara Eliya, pasando por el Adam's Peak y antiguas estaciones ferroviarias de la época colonial. Concebido como un corredor económico, el sendero busca que las comunidades rurales se beneficien del interés por el turismo de caminata.
Ese impulso por descentralizar el turismo también llega al norte de Europa, donde Liepāja se ha ganado el apodo de "capital letona del viento", gracias a sus playas azotadas por ráfagas constantes y a una escena de rock alternativo que le da identidad propia. Pero no solo eso. Un poco más al este, la región sueca de Dalsland atrae a quienes prefieren remar entre lagos y canales rodeados de bosques boreales, lejos del bullicio de Estocolmo.
El cierre de la lista queda en el otro extremo del continente americano, en la Carretera Austral chilena, que atraviesa una transformación en curso: de sus 658 kilómetros entre el límite regional de Aysén y el lago Juncal, 244 siguen siendo de ripio. El interés ya se refleja en las cifras oficiales: según Sernatur, entre diciembre de 2024 y febrero de 2025, la ruta recibió 189.802 visitantes, lo que representó un aumento de 40,3% frente al mismo periodo del año anterior.