Gastronomía

Dolores, el restaurante que apuesta por la alta cocina europea con alma de hogar

Fundado por los chefs Paula Harker y Leonardo Marín funciona en el barrio El Nogal de Bogotá; ofrece una propuesta que combina tradición, técnica y creatividad

Carlos Jaramillo Palacio

Al entrar al restaurante Dolores, una de sus chefs y fundadores, Paula Harker, es enfática en algo: “nuestra obsesión es que la gente se sienta como en casa”. Acá la cocina no solo se sirve, se cuenta. Cada plato es una historia que cruza fronteras, épocas y memorias, y que encuentra en la mesa un lugar para ser compartida. La propuesta gira en torno a la alta cocina europea, pero va más allá de la técnica: busca emocionar, sorprender y permanecer.

Es un espacio que está pensado y cuidado en todos los detalles.

 

Harker y el chef, Leonardo Marín, son sus fundadores y se conocieron hace siete años haciendo un curso de cocina de vanguardia en Medellín. Ubicado en una bella casona tradicional del barrio El Nogal, el restaurante ofrece un formato exclusivo con pocas mesas, lo que permite cuidar cada experiencia con dedicación. En ese entorno, donde el diseño y la calidez conviven, la propuesta culinaria cobra aún más sentido.

Pero en el corazón del restaurante hay una figura aún más importante: Dolores, abuela del chef Marín, cuya influencia fue determinante en su camino. Su nombre no solo identifica el lugar, también representa un legado de afecto, hospitalidad y pasión por la cocina, que se nota en cada detalle y preparación de un restaurante que vale la pena conocer.

“No queremos que Dolores sea algo acartonado. Eso es lo que nosotros queríamos, que la gente se sienta como en nuestra casa, y eso es la oferta de hospitalidad que nosotros queremos tener para los clientes. Por eso tampoco tenemos un restaurante con 400 sillas, ni un restaurante de 100 sillas, por ahora abrimos con 45 sillas y 5 de la barra, que nos hace 50 puestos, y también era importante para el tipo de comida que nosotros hacíamos, no arrancar y como respetar eso”, cuenta Harker.

La chef Paula Harker, una de las fundadoras de Dolores.

 

En cuanto a las entradas, hay que destacar el Royal de langosta, que ofrece una experiencia que combina técnica y puesta en escena: un consomé servido en mesa que envuelve una delicada preparación con notas dulces y salinas.

El chef Leonardo Marín es el otro fundador del restaurante.

 

Son muchos los platos para resaltar, como Codorniz con hongos silvestres; Risotto de cangrejo; Quenelles de pescado; Rack de cordero; Pasta a la rueda; Pernil de pato, Pasta alla vodka y Entrecôte, que destaca por su ejecución precisa y su riqueza de sabores, acompañado de elaboraciones que elevan un ingrediente tan cotidiano como la papa a otro nivel, como sucede con otros tantos ingredientes e innovaciones que se ven en la carta y la mesa. De postre, una torta de chocolate inmejorable.

Milhojas, uno de los más pedidos en el restaurante

Esta es una de las preparaciones estrella. Son milhojas de cerdo y res glaseadas con miel de trufa, trigo cremoso y croqueta de portobellos. “De la Italia más golosa. Un homenaje al exceso bien entendido”, dicen allí.

 

Lasagna flotante, de la gastronomía toscana

 

Otro de sus platos apetecidos y que tiene gran demanda son estas láminas de pasta rellenas de presa ibérica, manitas de cerdo caramelizadas y langostinos, terminadas con una emulsión de trufa y que son toda una delicia.‍

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