El agridulce balance preliminar del XIII Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá

Kathy García - kgarcia@larepublica.com.co

No todo fue color de rosa en el XIII Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá-Fitb. A cinco días de su cierre, la incuestionable calidad de las obras y los artistas internacionales todavía incita aplausos y buenos comentarios. Pero las cifras de asistencia sorprenden más por su declive que por su grandeza.

Este año la ocupación en salas fue apenas del 70%, mientras que en 2010 sobrepasó el 80%. ¿La razón? Según la directora del Fitb, Anamarta de Pizarro, 'este año teníamos un 20% menos de oferta. En 2010 tuvimos funciones en 5 salas de teatro más que este año, y 3 grupos se quedaron una semana adicional'. Se redujeron las salas con la intención de que el Festival fuera más compacto. En la versión XIII hubo en total 2`800.000 espectadores, mientras que en 2010 se habían superado los 3 millones.

Además de la disminución en asistencia, también se reportaron problemas de logística. El público resultó afectado por dos cambios de salas a última hora. Un caso que generó malestares fue el de Cantina. Estaba programada para el Teatro Faenza y terminó siendo trasladada para Corferias. Según la directora, 'fue un error nuestro. Teníamos planeado vender vino porque era una obra tipo cabaret, pero no sabíamos que el Faenza por ser de la Universidad Central lo tenía prohibido'. Los espectadores se vieron obligados a ir hasta el Teatro Fanny Mikey para que les cambiaran sus boletas.

Lejos de las angustias, la escena nacional habría resultado ganadora. Según los primeros cálculos de Pizarro, en la rueda de negocios Vía 'aumentó el número de contratos internacionales para las compañías colombianas, y no solo para las tradicionales, sino para los grupos de teatro para niños. Tuvimos 85 programadores con los que ya se hicieron acuerdos para salir del país'.

Pese a que la perspectiva es positiva, el balance económico aún no ha sido consolidado. En los próximos días serán presentadas las cifras, que demostrarían que hubo más expresiones felices que tristes en La fiesta de las mil caras.