Cultura

El arte como activo de inversión en manos de los más jóvenes en el mundo de las subastas

Las casas de subastas ajustan su modelo para atraer a compradores jóvenes que ven el arte como patrimonio cultural, coleccionismo y activo de inversión

Tabata Martínez Arévalo

Piezas de arte, objetos valiosos, joyas preciosas y manuscritos están reunidos en un solo lugar: las casas de subastas. Espacios que, entre sus paredes, guardan reliquias de lo que alguna vez fueron memorias de otras vidas. Hoy, las casas de subastas en Colombia están viviendo un cambio silencioso. Lejos de dirigirse únicamente a grandes coleccionistas o patrimonios consolidados, el sector empieza a mirar con atención a un nuevo público: jóvenes que viven y reviven la nostalgia, interesados en el arte como pieza cultural, pero también como activo de inversión.

“Cada vez llegan compradores más jóvenes, informados y con una lógica distinta. Ya no compran solo por gusto, sino porque entienden el comportamiento del mercado”, explica Catalina Martínez Ágrea, directora ejecutiva de Lefebre Subastas. Según la ejecutiva, este perfil investiga artistas, trayectoria y precios nacionales y externos antes de pujar, y busca lo que la casa define como precios de oportunidad.

En Bogotá Auctions, la transformación también es evidente. “En grabados, fotografía y obra múltiple vemos compradores más jóvenes porque son piezas originales, pero con precios más accesibles”, señala Charlotte Pieri, directora de la casa, que acumula casi 12 años de operación en el país. De acuerdo con Pieri, los precios de entrada pueden partir desde $50.000, lo que abre la puerta a nuevos coleccionistas que antes no se sentían parte del circuito.

Pero el tamaño del bolsillo no implica menor dinamismo. “Hemos visto casos en los que dos o tres coleccionistas compiten por una misma pieza y están dispuestos a pagar 20, 30 o hasta 40 veces el precio de salida”, afirma Pieri. Este comportamiento, dice ella, confirma que el mercado se ha vuelto más selectivo y está compuesto por personas que realmente buscan ampliar o iniciar sus colecciones.

Esta lectura la comparte La Independencia Casa de Subastas & Anticuario, fundada en 2021. Para su director, Santiago Valencia, el reto está en romper los mitos del coleccionismo a los que la mayoría están acostumbrados. “Existe la idea de que solo las personas millonarias pueden comprar arte. Nosotros trabajamos para demostrar que no es así”. De hecho, las casas de subastas coinciden en este objetivo: los compradores sin experiencia o más jóvenes reciben acompañamiento pedagógico, no solo para entender el valor de la pieza, sino también su procedencia, sus técnicas y su contexto histórico, incluso antes de iniciar una colección, un aspecto muy importante en este negocio.

Valencia explica que estos nuevos coleccionistas llegan con presupuestos definidos y una intención clara: empezar. “Tenemos personas de 28 o 29 años que quieren saber por qué una pieza es importante, dónde ha expuesto el artista o cómo se comporta su obra en subasta”. Según sus palabras, es allí donde la educación se vuelve casi tan importante como la venta. Este giro hacia el público joven también ha transformado la forma de subastar. La digitalización de las piezas se ha vuelto fundamental.

Las tres casas coinciden en que las subastas híbridas, con transmisión en vivo y plataformas de puja en línea, han ampliado el alcance y reducido aún más las barreras de entrada. Este movimiento interno ocurre en paralelo a un mejor desempeño del sector en el frente externo. Entre enero y agosto de 2024, las exportaciones colombianas de Artes y Patrimonio alcanzaron US$3,4 millones, un crecimiento de 55,2% frente al mismo periodo de 2023, lo que refuerza la percepción de un mercado más activo y en potencia.

Por eso, hoy más que vender, las casas de subastas se han convertido en espacios donde la cultura reposa, se reinterpreta y busca un nuevo lugar: uno donde pueda ser apreciada, estudiada y puesta nuevamente en circulación.

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