El mundo lee menos y consume cada vez más textos breves adaptados a la inmediatez
sábado, 18 de abril de 2026
La lectura entre jóvenes pierde terreno frente a los hábitos digitales, mientras el sector editorial, la escuela y las familias enfrentan el reto de formar lectores
De acuerdo con un informe publicado por The Economist, la caída de la lectura entre niños, adolescentes y adultos ya se percibe como un fenómeno extendido en distintos países. Pues no solo se está leyendo menos, sino que también está cambiando la textura de lo que se lee: textos más breves, más simples y adaptados a una lógica de consumo rápido.
La preocupación de fondo es mayor debido a que perder el hábito de leer textos complejos también puede debilitar la capacidad de pensar con matices, sostener contradicciones y elaborar ideas más sofisticadas.
En Estados Unidos, dice el informe, la proporción de personas que leen por placer cayó dos quintas partes en 20 años, y en Reino Unido 40% de los británicos dijo no haber leído ni escuchado ningún libro en 2024. Además, The Economist señala que incluso el lenguaje público parece haberse simplificado: su análisis encontró que los discursos parlamentarios en Reino Unido se redujeron en un tercio en una década y que, al medir casi 250 años de discursos inaugurales presidenciales en EE.UU., el de George Washington arrojó un nivel de lectura de posgrado, mientras que el de Donald Trump se ubicó en un nivel propio de secundaria.
El diagnóstico del sector editorial colombiano apunta en la misma dirección. Nicolás Morales, director de la Editorial Javeriana, advirtió que en el grupo de 16 a 25 años se registra una pérdida importante de lectura asociada a los cambios tecnológicos y los nuevos hábitos de consumo digital. Según explicó, no se trata de un problema exclusivo de Colombia, sino de una tendencia mundial que ya está alterando la relación de los jóvenes con el libro.
Morales sostiene que en ese rango de edad cerca de 90% de los jóvenes afirma enterarse de la información sobre libros, principalmente, por la vía digital o a través de redes sociales, lo que deja al libro compitiendo en un ecosistema dominado por la inmediatez, la fragmentación de la atención y el contenido breve. A su juicio, el problema no está solo en la escuela o en la universidad, sino también en un contexto cultural que ha dejado de fomentar la lectura como una práctica cotidiana y placentera.
El panorama colombiano muestra señales mixtas. Un estudio de la Cámara Colombiana del Libro encontró que en 2023 72% de la población del país afirmó leer, mientras que el 28% dijo no hacerlo. Entre quienes sí leen, 75% consume libros, 38% páginas web y 34% redes sociales. El mismo estudio señala que 62% de los lectores lo hace por placer, 29% por estudio y 7% únicamente por trabajo.
De acuerdo con la Cámara Colombiana del Libro, en 2024 el formato digital representó 36,3% de los registros ISBN en el país y 9,9% de las ventas totales del sector. Morales plantea que esa transformación va a sentirse con más fuerza en los próximos años, cuando los jóvenes que hoy todavía no tienen gran poder de compra entren de lleno al mercado cultural.
Su advertencia es clara: si ese segmento no consolida hábitos de lectura ahora, difícilmente va a convertirse después en un gran consumidor de libros. Por eso considera que el reto del sector editorial será volver a conquistar públicos generales con libros masivos, atractivos y cercanos, sin depender únicamente de los lectores especializados, que siguen siendo una minoría.
Para Morales, una parte central del problema está en la casa. Su tesis es que cuando un joven no ve leer a sus padres, entra en un riesgo alto de no desarrollar el hábito de manera sostenida. Por eso insiste en que la discusión no debe quedarse únicamente en los niños o en los adolescentes, sino que debe incluir también a los padres y a sus escuelas, que ya no leen de forma sistemática y, en consecuencia, no replican esa práctica en el hogar ni en otros espacios.