Colombia vive un nuevo boom de la música electrónica con festivales y clubes

El Storyland cuesta más de $4.000 millones y espera 30.000 asistentes en su próxima edición

Gabriel Forero Oliveros - gforero@larepublica.com.co

Si la marca Nokia es desconocida para gran parte de los millennials, mucho más son las palabras Nokia Trends. Tal vez uno de los principales festivales de electrónica que se hizo en Colombia a comienzos del nuevo milenio y del cual queda poco rastro a excepción de aquellos personajes que se enamoraron de los sonidos electrónicos que DJ’s como Karl Bartos y Laurent Wolf generaban y hacían vibrar a miles de asistentes.

Hace un poco menos de dos décadas la escena de la música electrónica tuvo sus primeros pasos en las ciudades capitales, en donde se podían escuchar artistas internacionales, y donde clubes como Gótica, en Bogotá, o el Parque Jaime Duque eran algunos de los escenarios para el desarrollo del primer boom de este género que actualmente acumula 15% del recaudo por eventos musicales en vivo dentro de la categoría de ‘alternativa’.

Siempre con el mote de ‘underground’ en las espaldas, la electrónica se enfrentó en el plano comercial con géneros fuertes como el reguetón; sin embargo, en los años que lleva este nuevo siglo personajes como Daniel Calle, dueño de Vagabond, sello que tendrá su primer festival en noviembre, continuaron haciendo música y consolidando una escena que se ha mantenido con un nicho pequeño, pero que cada año toma más fuerza de la mano de patrocinadores y promotores que también ofrecen artistas más comerciales.

El género siguió creciendo y hoy los empresarios y amantes de la electrónica concuerdan en que hay un nuevo boom nacional que hace que esta industria se profesionalice cada vez más. Esto se ve representado en la creación y éxito de festivales que ven el aumento de asistentes en 25% anual con una oferta de subgéneros como el techno, el house, el deep house y el EDM, entre otros.

Gabriel García, CEO de Páramo, compañía que organiza el Festival Estéreo Picnic, que si bien no es solo de electrónica ha traído artistas relevantes en la actualidad; el Sónar, y el Baum Festival, en compañía del club Baum, recuerda que el proceso en la creación de estos eventos, principalmente el último, ha sido difícil pues la compra de boletería no es tan similar a la de un gran concierto, sino que las entradas se adquieren el día del evento, algo que asustaba, pero que derivó en un crecimiento orgánico a unas tasas de entre 20% y 25%, que a su vez incentivó el apoyo de patrocinadores como Heineken o el Grupo Aval.

“Este es un negocio apretado y está en desarrollo porque aún es pequeño, pero está empezando a funcionar y va a crecer mucho porque esta generación tiene una costumbre de ir a shows y no solo masivos, de EDM, sino de otros subgéneros de electrónica”, menciona García.

La presencia de artistas como Deadmau5, Maceo Plex, Boris Brejcha, Charlotte de Witte, Hardwell o Martin Garrix en las tarimas colombianas, grandes o pequeñas, da cuenta del fuerte movimiento que hay y que lleva a que Páramo se plantee hacer un evento de electrónica más masivo, parecido al Tomorrowland.

El sufijo ‘land’ también tiene protagonismo a más de 8.200 kilómetros de Bélgica en donde se realiza este último, en las playas de Santa Marta. El Storyland es otro ejemplo del crecimiento de la música electrónica, que se ha caracterizado por los sonidos comerciales pero de a poco ha sumado artistas que son de culto. Ángela Esquivel, CEO del festival, dijo que en la próxima edición esperan 30.000 asistentes para que disfruten de 24 horas de música repartidas en dos días.

Este espectáculo, que según Esquivel demuestra la relevancia de este tipo de música con presencia de 20 artistas internacionales, confirma el apoyo de la empresa privada, pues de un costo total de $4.200 millones, los patrocinios de tabacaleras, cerveceras y automotrices aportan 30%, lo que ayuda a que haya números en negro a la hora de presentar el balance final.

LOS CONTRASTES

  • Gabriel GarcíaCEO de Páramo

    “Tenemos pensado hacer algo masivo de este género en el mediano plazo. Este es un negocio apretado y aún es pequeño, pero va a crecer”.

El creador de Vagabond ha traído en 15 años que lleva en la industria a más de 300 artistas y dice que aunque hay un boom comercial, su festival en Aero Norte estará enfocado en el techno, con artistas apasionados y que no solo piensen en dinero. Ese sentimiento es el que ha querido transmitir en su club de Bogotá, que cambiará de sede, y que suma cerca de 600 asistentes por semana.

Este impulso lo comparte con Baum, que nació en 2013, y que también tiene el Festival Tatacoa de Huila y el Baum Park de Medellín, por lo que se ha logrado posicionar como una de las casas de la fiesta electrónica más relevante de América Latina y del mundo, pues entró en el ‘Techno Traveler Map’ en compañía de Calle 9+1 (Cali) y San Antonio Club House (Cartagena), que se convierten en el abono diario para que este boom de electrónica siga creciendo.

El nuevo boom de la música electrónica
Diana Torres, directora de la Fundación Cultural Arca, perdió $60 millones cuando intentó hacer la segunda edición del Micro Mutek en 2015, la realización a escala de uno de los espectáculos más importantes de la música electrónica que nació en Canadá y mezcla una propuesta de artes visuales que se resume en la ‘creatividad digital’. Esta promotora, que tiene actualmente la programación Artka de artistas de música de vanguardia electrónica, ofrece en Cine Tonalá de Bogotá una propuesta más experimental, pero ha tenido que sobrepasar obstáculos como la falta de apoyo del Gobierno y de la empresa privada.

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