Cultura

"La Guerra de los Mil Días determinó la organización de la Colombia de hoy"

Luis Guillermo Vélez Cabrera, autor de ‘Aquella Guerra Eterna’ y columnista de La República, habló sobre cómo era el país económico antes de la Guerra de los Mil Días y cómo el conflicto reconfiguró el territorio

Tatiana Arango M.

La Guerra de los Mil Días, que se libró entre 1899 y 1902, obligó a redibujar el territorio. Así lo señala el autor del libro ‘Aquella Guerra Eterna’ y columnista de La República, Luis Guillermo Vélez Cabrera, quien habló de la “inutilidad” del conflicto, a pesar del impacto que tuvo en la reconfiguración del mapa de Colombia.

En su obra, publicada por Rey Naranjo Editores, Vélez desmitifica varias afirmaciones históricas que han acompañado a los colombianos desde esa epoca. Uno de ellos es la figura de Rafael Uribe Uribe, a quien el autor define como un "irresponsable", que ayudó a continuar un conflicto sangriento que no era necesario. Sin embargo, explica que al mito del "buen guerrillero" contribuyó la historia de 'Cien años de soledad', que retrara a Uribe Uribe en Aureliano Buendía.

Otro de ellos es la creencia de que el periodo conocido como La Violencia, que inició en los años 50, fue una continuación de la Guerra de los Mil Días. Aunque Vélez afirma que existen coincidencias entre los conflictos, después de 1902 existió un periodo de paz, que se mantuvo hasta el fin de la primera mitad del siglo.

Alejandro Lugo /LR

Vélez resaltó que la guerra reconfiguró el mapa de Colombia, sobre todo los departamentos que fueron más bélicos durante el conflicto. Además, destacó que aceleró la colonización agrícola, pues crecieron pueblos en Boyacá y en los Santanderes, principalmente.

El autor también destacó el uso de fuentes historiográficas poco utilizadas en trabajos previos, como los telegramas militares y los expedientes de pensiones, además de testimonios en prensa de personas del común, pues según dijo Vélez, "la guerra involucró a toda la sociedad".

Para empezar, y considerando el enfoque económico de este diario, ¿cómo era el país en la preguerra, principalmente en su economía y conformación social?

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La Regeneración de Rafael Núñez hizo un viraje fundamental en la estructura institucional del país y generó un Estado moderno. Durante el gobierno federal anterior, la economía estaba descentralizada, dominada por los Estados y sin coordinación nacional. El régimen centralista de la Constitución de 1886 dotó al Estado de recursos fiscales que antes no existían, permitiéndole crear instituciones nacionales.

Además, esta etapa coincidió con un auge económico internacional y con el desarrollo de una fuente de recursos inédita: el café. En las últimas décadas del siglo XIX, Colombia por fin encontró un producto de exportación que la conectó con los mercados internacionales y le generó divisas, algo que no lograba desde la época del oro en el siglo XVIII.

Este nuevo Estado, con recursos centralizados y un dominio territorial más amplio, pudo crear un Ejército de alcance nacional y una armada incipiente. Hacia finales de siglo, tomó la decisión de emitir papel moneda de curso forzoso, obteniendo así soberanía monetaria. Era un Estado mucho más fuerte y moderno que el anterior.

En su libro menciona que el conflicto se prolongó en parte por la estrategia militar, comparándolo con conflictos como la guerra de los bóeres en Sudáfrica, o las de Filipinas y Cuba. ¿Por qué fue tan determinante esta tecnología militar en este caso?

A finales del siglo XIX, el arte y la tecnología bélica se habían transformado profundamente, en especial por la llegada de los fusiles de pólvora sin humo, claves para la modernidad militar. Paralelamente a la Guerra de los Mil Días se peleó la guerra de los bóeres en Sudáfrica, que también duró tres años. Allí, la tecnología permitió que unas fuerzas inferiores contuvieran al Imperio Británico.

En Colombia sucedió algo similar: la combinación de fusiles modernos y machetes les permitió a los liberales, organizados en guerrillas, contener a un Ejército Nacional mucho más grande y poderoso. Se habían importado millones de machetes y fusiles baratos y de buena calidad. Estas armas cambiaron la naturaleza del conflicto y nivelaron las fuerzas.

Alejandro Lugo / LR

Al hablar de la gran batalla de Colombia, muchos pensarían automáticamente en el Pantano de Vargas o Boyacá. Sin embargo, usted señala que es la Batalla de Palonegro. ¿Por qué?

Lo que hace única a Palonegro —ubicada donde hoy queda el aeropuerto de Bucaramanga— es su duración. En el siglo XIX, las batallas de las guerras civiles duraban uno o máximo dos días, como La Humareda o La Garrapata. Palonegro, librada en mayo de 1900, duró 15 días. Es algo totalmente inédito.

Llegó a tener unos 15.000 combatientes y dejó entre 2.000 y 3.000 bajas. Duró tanto tiempo por las mismas razones tecnológicas que alargarían las batallas de la Primera Guerra Mundial años más tarde: después de dos días de combates, los ejércitos se atrincheraron en posiciones fijas. Se observan allí elementos bélicos que el mundo vería a gran escala 14 años después.

Hablemos de Rafael Uribe Uribe. Existe un mito que lo consagra como un héroe y prócer liberal, pero usted afirma que fue un irresponsable. ¿Cómo se construyó esa figura mítica que perduró durante todo el siglo XX?

Como explico en el libro, los liberales perdieron la guerra pero ganaron la memoria, mientras que los conservadores intransigentes ganaron la guerra pero perdieron la paz.

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La guerra terminó en 1902. Casi 25 años después, durante la República Liberal de los años 30, el liberalismo edificó su identidad reivindicando las luchas de la Guerra de los Mil Días. Lograron cosas insólitas, como expedir leyes que pensionaban a los excombatientes, incluyendo a los insurgentes que se habían levantado contra el Estado. El abuelo de Gabriel García Márquez fue uno de ellos, y en él se inspiró para 'El coronel no tiene quien le escriba'.

Esa leyenda se edificó alrededor de Rafael Uribe Uribe. Se construyeron monumentos como el del Parque Nacional en Bogotá, que lo retrata casi como un mártir. Pero lo que realmente consolidó el mito fue 'Cien años de soledad'. El personaje del coronel Aureliano Buendía es, en esencia, Rafael Uribe Uribe; García Márquez logró descifrar su carácter y fisonomía. Esa memoria cuasi hegemónica quedó tan arraigada que muchos hoy creen que el Partido Liberal ganó la Guerra de los Mil Días.

Pasemos a otro mito histórico: la creencia de que la Guerra de los Mil Días tuvo como consecuencia directa la separación de Panamá. Usted en su libro demuestra que no fue así.

La separación de Panamá fue consecuencia exclusiva de la decisión del Senado colombiano de no ratificar el tratado Herrán-Hay. En el momento en que se rechazó el tratado, se desató la independencia. Si esa noche se hubiera aprobado, Panamá no se habría independizado, y los propios Estados Unidos se habrían encargado de evitarlo. La élite panameña vio frustrado su potencial de crecimiento económico vinculado al canal y reaccionó.

Además, rompo el mito de que la guerra generó un sentimiento separatista por decepción con Colombia. La Guerra de los Mil Días en Panamá fue combatida y liderada por los propios panameños. Belisario Porras, quien comandó las invasiones liberales más importantes en el istmo, fue posteriormente presidente de Panamá. Los líderes políticos panameños de las siguientes dos décadas participaron activamente en la guerra en uno u otro bando. No existía un sentimiento separatista previo basado en el conflicto bélico.

¿Existe una continuidad o relación directa entre la Guerra de los Mil Días y La Violencia partidista de los años 50?

No hay una continuidad directa. Las causas de La Violencia de los años 50 son muy diferentes, y entre ambos conflictos hubo una paz extensa y real de casi 40 años.

Sin embargo, quedaron dos elementos: primero, no se logró erradicar del todo el uso de la violencia para fines políticos; y segundo, quedó una especie de memoria refleja no resuelta. Hay zonas que fueron muy activas en la Guerra de los Mil Días donde la violencia se repitió con fuerza en los 50, como el norte del Tolima, el suroccidente de Cundinamarca y partes de Boyacá y Santander. Pero no es una regla general.

Alejandro Lugo / LR

Su trabajo destaca por el uso de fuentes historiográficas poco exploradas. ¿Qué encontró en esa documentación?

Eso es lo que hace de esta una guerra moderna: fue un conflicto popular que movilizó a toda la sociedad, no solo a unos militares disparándose en un campo abierto.

LOS CONTRASTES

  • Adriana Ángel ForeroDirectora de la Feria Internacional del Libro de Bogotá

    “Que hoy un libro sobre la Guerra de los Mil Días suscite este interés nos demuestra que la historia y los libros siguen siendo un refugio para la conversación pública y una necesidad para las nuevas narrativas”.

El archivo es inmensamente rico y hay dos fuentes subexplotadas. Primero, los telegramas militares; el Archivo Nacional conserva todas las comunicaciones entre Bogotá y cualquier guarnición militar del país. Segundo, los expedientes de pensiones. Para recibir la pensión, el combatiente debía declarar ante un juez, con un testigo, lo que había hecho en la guerra. Hay casi 50.000 testimonios de ciudadanos de a pie. Allí encontramos relatos fascinantes, como el de mujeres "capitanas" que narran cómo combatían llevando a sus hijos. Las fuentes primarias de la experiencia humana de esta guerra son inmensas.

Usted afirma que este conflicto fue inútil y que debió durar apenas tres meses. ¿Por qué se prolongó por mil días si, al final, los bandos terminaron en el mismo lugar donde empezaron?

Se prolongó por la Batalla de Peralonso, que cambió la ecuación del conflicto. El propio Rafael Uribe Uribe se lamentó después en una carta privada diciendo que, de haber perdido esa batalla, se habrían ahorrado mucha sangre y sufrimiento. Fue un desastre que destruyó el país.

La guerra continuó por el concepto que los estadounidenses llaman sunk cost o "costo hundido". Cuando un conflicto acumula tantas pérdidas y sufrimiento, los líderes sienten que no pueden rendirse porque entonces todas esas muertes habrían sido en vano. La decisión de volverse guerrillas después de la derrota en Palonegro fue precisamente eso: una huida hacia adelante en un conflicto inútil.

Es una guerra increíblemente complicada, súper sangrienta, súper extensa, devastadora en todos los sentidos, sin ningún propósito. Es uno de los conflictos que más hace crecer a los pueblos en Colombia. Hay un desplazamiento de las ciudades capitales hacia los pueblos.

Es decir, acelera unas colonizaciones...

Acelera la colonización agrícola. De ahí crecen una cantidad de pueblos en Boyacá, montones en los Santanderes... Son pueblos que no es que nazcan, pero crecen sus asentamientos. Hay una dislocación demográfica bien grande, sobre todo en Santander y en el Cauca en algunas partes.

¿Cuántos colombianos había en ese entonces?

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Cuatro millones. Y mueren 100.000, o sea 2,5% de la población.

Si uno hace una arqueología histórica del impacto de la guerra en la formación de los departamentos colombianos...

Es clave. Determinó la Colombia de hoy. La Guerra de los Mil Días es lo que genera los departamentos nuevos hasta el 91. El Tolima Grande, el Viejo Caldas. El que parte los departamentos es Reyes. Y los parte recién posesionado, por el tema de la guerra, específicamente. La provincia de Pasto la separan. Y el Valle del Cauca, el Cauca y el Chocó. Los que parten son los más belicosos en la guerra: el Tolima y el Cauca. El Valle del Cauca lo parten en tres.

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