Las artes escénica, un sector que resulta innovador para el futuro

No es sólo teatro, también negocio. De momento es un sector en estado embrionario, pero la idea es potenciarlo para que los grupos de artes escénicas colombianos no solo mejoren su oferta cultural sino que aprendan a vender el producto. Octavio Arbeláez, director de Ventana Escénica Internacional, está al frente de este esfuerzo que va en paralelo con las funciones diarias del Festival Iberoamericano de Teatro.

El Festival tiene ingresos por patrocinadores, boletería, que será un porcentaje pequeño…
Es un caso atípico, porque la boletería es la que le da sostenibilidad. Entre el 50 y el 60% del presupuesto entra por taquilla. No conozco ningún festival del mundo que ingrese tanto dinero por ese concepto. Un cálculo optimista en cualquier festival del mundo está entre el 25 y el 30%, cuando no se trabaja con criterios de rentabilidad social, que solo llega al 10% y 15%.

¿Un Festival es como un Mundial Sub-20, una vitrina donde los grupos pugnan por darse a conocer y que los contraten?
Puede serlo, estamos consolidando dos dimensiones. Una tradicional, que son los festivales que llevan entre sus invitados especiales a personas de otros festivales, de teatros y salas que les pueden contratar. Y una Ventana Internacional de las Artes (VIA), que es la vitrina. Esto busca que el producto de artes escénicas sea sostenible, crear una cultura empresarial para las artes y que el artista viva dignamente de su trabajo.

¿Hay que pagar por estar en VIA?
No. Un grupo de curadores seleccionó, entre trescientas propuestas colombianas, las cien mejores, las que entran en un portafolio web, y nosotros capacitamos a los grupos de teatro, hagan presentaciones en las citas con los empresarios, aprendan habilidades negociadoras o cómo tasar el costo de venta. Es una apuesta a largo plazo porque es decirles: ustedes prepárense para esta oportunidad pero habrá otras y en estas plataformas permanentes en la web, cualquier persona del mundo puede entrar.

¿Cuánta gente vino en la edición anterior para hablar de negocios?
Sesenta y ocho, y este año casi cien. Nuestro objetivo inmediato es tener dos mil citas cuadradas. En cuanto a dinero, un reto modesto de quinientos mil dólares negociados.

¿Con qué porcentaje se queda el Festival?
Con nada. Estamos apenas afinando las herramientas, es un sector nuevo, además, las cifras que se manejan no son grandes, les contratan por cinco mil dólares y si le quitas mil… Habrá un momento en que exista un circuito y si negociaste cincuenta mil dólares, pues ya es distinto. En Colombia no hay una sola agencia de distribución que represente a grupos teatrales, tampoco modelo de producción, aquí es el grupito que se reúne, es más creación colectiva.

¿No somos, pues, la Atenas de Sudamérica en teatro?
Salvo los festivales, como Manizales o este, en las salas, en general, no hay gran demanda de público. En Buenos Aires en un fin de semanapuedes encontrar más de trescientas obras ofertadas.

¿Cómo convencería a un empresario de que es buen negocio invertir en su sector, en un país donde hay poca demanda?
Es un negocio que se fundamenta en la innovación y la innovación es el futuro de los negocios. Es generar valores nuevos, agregados. Cuando se negociaron los TLC con Estados Unidos, la sección cultural fue siempre un obstáculo para suscribirlos porque es muy importante para ellos. Conseguir que el mundo de las artes escénicas tenga un impacto importante en Colombia es un reto. Hay un potencial enorme. Se trata de que ese espectador captado cada dos años, se fidelice y haga del hecho único e irrepetible, un hábito. Significa generar oferta de calidad, infraestructura adecuada, que el espectáculo sea atractivo, que tú digas, ¿voy al cine o al teatro? No tenemos una cartelera sólida y permanente, es uno de los problemas. Se necesita en Colombia un músculo financiero que haga apuestas más arriesgadas e importantes.

Tres obras colombianas que uno no debe perderse en el Festival
Teatro Petra, La maldita vanidad y Teatro Mata Candelas.