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Los brasileños todavía no están para carnavales

Expansión - Madrid

Ya se han suspendido los desfiles oficiales de carnaval en varias ciudades por motivos financieros y por falta de fondos. En Campinas, Porto Ferreira (por primera vez desde que empezaron a celebrarse hace más de 30 años), Macapá o Lavras do Sul no desfilarán las escuelas de samba locales, y el dinero -en algunos casos 300.000 euros- se destinará a servicios esenciales. Se prevé que se cancelen también en otras ciudades en las próximas dos semanas. Aunque habrá fiestas espontáneas en las calles, se espera menos alegría.

Olga Valles, propietaria de Condal, uno de los mayores productores de máscaras de carnaval, dijo que las ventas bajaron casi un tercio respecto a 2015, y que éste es el peor año desde que llegó de España en 1994: “Tiendas que nos hacían pedidos de 40.000 a 50.000 reales,  los han bajado este año a 3.000”.

Claudia Sakuraba, propietaria de Carnaval Store de São Paulo, que vende tejidos para más de 90.000 trajes anuales, dijo que 2016 es el peor año desde que abrió el negocio, y que las ventas cayeron 15%. Además, la bajada del real provocó que los tejidos importados sean más caros.

El pesimismo se refleja en el índice de confianza de los consumidores de la Fundación Getulio Vargas, que ha alcanzado mínimos en los últimos meses, igual que la popularidad de Rousseff.

El enfado de los ciudadanos se agrava porque muchos creen que los problemas económicos los han causado sus dirigentes. Durante gran parte de sus 13 años en el poder, el Partido de los Trabajadores de Rousseff, animado por los ingresos generados por el boom de las materias primas, adoptó políticas populistas y de expansión fiscal, pero no hizo las reformas estructurales necesarias para lograr un crecimiento sostenible.

Aunque la generosidad fiscal ayudó a salir de la pobreza a millones de personas, también sentó las bases para la crisis actual, al dejar la economía expuesta al precio de las materias primas.