Cultura

Los clubes de lectura buscan recuperar la atención en la era del doomscrolling

Gráfico LR

Las comunidades de lectura buscan recuperar el hábito de leer en un entorno dominado por las pantallas, creando espacios de encuentro, diálogo y reflexión

Tabata Martínez Arévalo

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¿Su tiempo frente a la pantalla del celular supera las 15 horas? ¿O simplemente entra a TikTok “por un rato” y, cuando vuelve a mirar la hora, descubre que ya han pasado más de 60 minutos? Este es el caso de millones de personas en todo el mundo que han caído en el doomscrolling o desplazamiento infinito, una práctica que consiste en recorrer las redes sociales de manera prolongada y, muchas veces, sin ser conscientes del contenido que consumen. Este comportamiento puede afectar la capacidad de atención y estar asociado con mayores niveles de preocupación y ansiedad.

Sin embargo, frente a este fenómeno empiezan a surgir alternativas para romper con el desplazamiento infinito. Una de ellas son los clubes de lectura, espacios que no buscan competir directamente con las redes sociales, sino recuperar el tiempo dedicado a la lectura y fomentar conversaciones en torno a este hábito.

De acuerdo con el State of Reading Report 2026, 37 % de los lectores participó en un club de lectura durante 2025. Entre las principales razones para unirse a estas comunidades están descubrir nuevos libros y autores, compartir el gusto por la lectura y conocer personas con el mismo interés.

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De hecho, en un reto de lectura de 30 días en el que participaron 9.524 personas, realizado por la organización The Challenge, 41 % de los comentarios recogidos mencionó espontáneamente haber reducido el scrolling en favor de la lectura. Entre quienes cumplieron con mayor constancia el reto, 75 % reportó mejoras en la concentración, la calma, el estrés, el estado de ánimo o el sueño. Estos resultados muestran cómo la lectura puede, en la práctica, ocupar parte del tiempo antes destinado al consumo de redes.

LOS CONTRASTES

  • Lucas MendozaCofundador del Club de Lectura Converso

    “De ninguna manera es una tendencia. Por el contrario, es una muestra de que estamos despertando del letargo digital y, poco a poco, regresando a las raíces de lo humano y del encuentro”.

Para Lucas Mendoza, cofundador de Converso, un club de lectura en Bogotá, este espacio también implica alejarse de los estímulos constantes de las redes sociales y explorar otras formas de construir ideas y vínculos. “Un club de lectura -o grupos afines como el nuestro- existe, principalmente, para conversar sobre aquello que no hace parte de lo cotidiano. El simple hecho de participar en estas conversaciones nos obliga a dejar de lado la dopamina que generan las redes y a encontrar en los libros una forma de enriquecer nuestro punto de vista”, explica.

Esto puede explicar por qué el auge de estas comunidades no significa, necesariamente, que las personas hayan abandonado las pantallas. Más bien, podría indicar que algunos lectores buscan, dentro de un entorno hiperconectado, espacios de atención más deliberada, conversaciones presenciales y actividades compartidas que les permitan relacionarse con otras personas fuera del consumo individual de contenido.

De hecho, el informe de Everand y Fable encontró que 83% de los lectores dice sentirse relajado cuando lee y que 54 % utiliza los libros como una forma de aliviar el estrés. El reporte también señala un aumento en la lectura antes de dormir, otro espacio en el que los libros parecen competir con el uso de dispositivos electrónicos.

Así, más que una batalla entre libros y celulares, los clubes de lectura podrían representar una nueva manera de recuperar un hábito que compite por algo cada vez más escaso: nuestra atención.

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