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Los zapatos de Manolo Blahnik se exhiben en Londres como obras de arte

Manolo Blahnik

El español, de padre checo, ha puesto el arte clásico a sus pies

Expansión - Madrid

El medio natural del diseñador Manolo Blahnik Rodríguez (Santa Cruz de la Palma, 1942) podría ser entre las plantaciones de plátanos en Canarias, pero el de sus zapatos está lejos de las islas españolas y del entorno agrario y rural. Un centenar de sus producciones han recalado en la Wallace Collection de Londres para la exposición "An Enquiring Mind" (Mente inquisitiva). Un museo que reúne obras de arte clásico, del siglo XIV hasta el XIX, con salas repletas de marcos dorados y ornamentos en paredes, techos y hasta suelos. El Barroco de nunca acabar en el que las creaciones de Blahnik encajan a la perfección, sin calzador.

En diez salas se reparte calzado que arranca, en el tiempo hace más de 40 años, con una pieza en rojo y negro con simetrías de arlequín titulada Picasso y otra Julio, un botín plano en verde con puntas también de traje de arlequín. Ambas producciones datan de 1976, la puesta de largo de Manolo Blahnik en el mundo del diseño zapatero. Desde Picasso y Julio, de 1976, hasta el modelo Hangisi Prague, de 2017, la muestra abarca todo lo humano y lo divino que ha surgido de la mente y las artesanales manos del canario, quien a menudo se pierde en museos como el Prado o la Wallace Collection para cargar las baterías de su mente inquisitiva.

Los vínculos entre los zapatos expuestos y el arte, las esculturas o el mobiliario se establecen bajo títulos como Comedia del Arte, Amor y Pasión, Interpretación británica, Opulencia o Vuelta a la simplicidad, aunque Blahnik raramente se acerca a lo simple. Hasta sus zapatos tipo bailarinas tienen un punto de sofisticación (una hebilla, un entorno satinado, una puntera distinta o un cordón juguetón) que las identifica como su producción.

Los casi 50 años de diseño que lleva Manolo emergen a lo largo de la exposición con varias señas de identidad: los mules, elegantes y de lujo, son suyos aunque no fuera él el primero en hacer zapatos abiertos por detrás. El español, de padre checo, ha puesto el arte clásico a sus pies. Entre las piezas expuestas está el modelo Marie Antoniette que hizo para la película de Sofía Coppola. Botas altas, bajas y medianas; calzado adornado con piedras, encajes, puntillas o joyas que hacen de los Manolos auténticos competidores de Velázquez, Rembrant o Rubens. Un zapato decorado de color rosa salta del pie de El Columpio, de Fragonard, y parece caer fuera del cuadro, recogido en una urna de cristal por obra y gracia de Manolo Blahnik.

Junto al romanticismo de Fragonard-Blahnik o el calzado de Mme Pompadour sobre el lienzo y dentro de la urna, una bota alta de color negro con una pieza marrón hace compañía a Laughing Cavalier, de Fran Hals. Todas las piezas provienen de la colección privada del diseñador, a quien le disputan el trono de rey otros nombres como Jimmy Choo o Christian Louboutin. Si no es rey, sí es el príncipe del zapato artístico; delicado, elegante y de lujo. A pesar de que la tela de algunas piezas ha perdido lustre, mantienen su portento original. La ubicación del calzado dentro de urnas de cristal entorpece ligeramente la fusión entre las obras de Blahnik y las de los grandes maestros del arte clásico.

La exposición "Mente Inquistiva: Manolo Blahnik en la Colección Wallace", de Londres, está abierta hasta el 1 de septiembre de 2019. Gratuita.

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