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Michael Jackson todavía vende, su película marca récord y engrosa su lista de cifras

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Aun conserva la marca del álbum más vendido y uno de los contratos publicitarios más caros en el universo de las celebridades

Juan Camilo Quiceno

Aun después de su partida, Michael Jackson es una máquina generadora de dinero: su película biográfica se estrenó este 23 de abril y alcanzó un debut inmejorable con una taquilla récord de US$18,5 millones.

La vida y obra del genio de Indiana, pasados 17 años de su fallecimiento, todavía llama exageradamente la atención del público. Su filme debutó en 23.230 salas y se proyectó en más de 50.500 pantallas en el ámbito mundial.

Durante toda su trayectoria supo crear riqueza para él, para las empresas y para las marcas que lograron unirlo a sus campañas. Y es que hubo un momento en el que el globo entero parecía girar al ritmo de él. Su poder de atracción era algo más difícil de definir: una fuerza cultural capaz de atravesar generaciones, geografías y prejuicios.

Todo comenzó con una obra que cambió las reglas del juego: Thriller, lanzado en 1982, fue un fenómeno sin precedentes. En una época en la que la música todavía se consumía principalmente en radio y vinilo, Jackson entendió —antes que nadie— el poder de la imagen. Cada canción venía acompañada de una narrativa visual ambiciosa, casi cinematográfica.

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De su mano, el videoclip dejó de ser promoción para convertirse en arte. Y el público respondió: Thriller se convirtió en el álbum más vendido de la historia; se calcula que alcanzó a comercializar más de 70 millones de copias y la canción que llevaba ese mismo título marcó tendencia por el arte que llevaba su videoclip; contaba con vestuario, maquillaje, iluminación, coreografía y montage impecable.

Ese nivel de impacto no tardó en atraer al mundo corporativo. En 1984, Michael firmó un acuerdo millonario con Pepsi (valorado en US$500 millones) que redefinió la relación entre artistas y marcas. No era la primera vez que una celebridad protagonizaba una campaña publicitaria, pero sí una de las primeras en las que el artista era el centro absoluto del espectáculo.

En el libro titulado La guerra de las Colas, Roger Enrico, quien se desempeñaba como líder de Pepsi en aquel entonces, detalló lo complejo que fue sacar adelante el primer comercial, pues Michael estuvo apunto de bloquearlo un par de ocasiones mientras todos los embotelladores ya estaban a la expectativa y listos para aquello que les habían prometido en la convención anual.

Los dolores de cabeza que aguantó Enrico, tal como el mismo lo narró, valieron la pena después de atestiguar como el Rey del pop concentró todos los reflectores y los medios no paraban de mencionar a la marca de forma orgánica.

En la cima de su carrera, se calcula que Michael tuvo un patrimonio de entre US$300 millones y US$500 millones. Aunque su fortuna siempre estuvo rodeada de una complejidad financiera marcada por deudas, inversiones y un estilo de vida difícil de sostener.

Su adquisición del catálogo musical de The Beatles —una decisión que en su momento generó controversia— terminó siendo una de las jugadas más brillantes en la historia de la industria. En lugar de depender únicamente de sus giras y ventas, aseguró ingresos a largo plazo en un negocio donde pocos artistas pensaban en propiedad intelectual como activo financiero. .

El éxito nunca fue lineal ni sus apariciones siempre tuvieron tinte positivo. A medida que su figura crecía, también lo hacían las controversias. Las acusaciones de abuso sexual marcaron un punto de quiebre en su vida pública. En 1993, protagonizó una conciliación extrajudicial calculada en US$23 millones y evitó un juicio, pero no el escarnio mediático.

Años después, enfrentó un proceso penal del que fue absuelto, pero el daño ya estaba hecho. Más allá de los veredictos legales, su reputación quedó atrapada en una zona gris que sigue generando debate hasta hoy.

En paralelo, su vida personal parecía alejarse cada vez más de la realidad común. Neverland Ranch, su icónica propiedad en California fue calificada como un intento de reconstruir una infancia que, según él mismo, nunca tuvo. Con parque de diversiones, zoológico y cine privado, el lugar simbolizaba tanto su poder económico como su desconexión del mundo. Para algunos, era un refugio; para otros, una evidencia de sus excesos.

A pesar del ruido que lo acompañó hasta el último día de su existencia, influenció a generaciones enteras de artistas que heredaron su forma de entender el escenario, el cuerpo y la imagen. Cambió la manera en que se produce música, cómo se construyen estrellas y cómo el entretenimiento se convierte en industria global. Incluso después de su muerte, su catálogo sigue generando ingresos millonarios y su figura continúa siendo objeto de consumo cultural, análisis y reinterpretación.

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