Sale a la venta la colección privada de los Rockefeller que se reunieron por más de US$500 millones

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El tamaño de la colección es tal que la subasta se ha dividido en seis sesiones

Joaquín Mauricio López Bejarano - jlopez@larepublica.com.co

Los objetos y obras de arte que David y Peggy Rockefeller se reunieron por más de US$500 millones y salir al mercado con fines benéficos. Es la mayor venta de una colección privada y la mayor subasta filantrópica de la historia.

El tamaño de la colección es tal que la subasta se ha dividido en seis sesiones, entre el 8 y el 10 de mayo. En total, son alrededor de 1.655 lotes (incluyendo una venta online entre el 1 y el 11 de mayo) con estimaciones desde los US$100. Pero más que de cantidad -ya bastante monumental- se trata de una cuestión de calidad.

En todo el año pasado Christie’s vendió 65 obras por encima de los 10 millones de libras, las míticas ocho cifras. En 2016, fueron 26. En el catálogo de esta puja hay hasta 22 presentadas con la fórmula “estimación bajo pedido”, a menudo reservada para lotes que sobrepasan ese valor. “No es que haya un monet o dos, es que hay cinco”. “Un seurat con el tamaño del que hay aquí, La rade de Grandcamp, no se ha visto nunca en el mercado. Un delacroix como Tigre jouant avec une tortue , tampoco”.

Y junto a ellos, Edward Hopper, Georgia O’Keeffe, Juan Gris, Miró, Renoir, Sargent, Calder, De Kooning…, hasta sumar 175 cuadros. Entre las piezas de porcelana hay una vajilla de Sèvres realizada en 1809 para Napoleón (hasta US$250.000).

Los 535 lotes de artes decorativas suman más de US$6,4 millones estimación conjunta. Un Buda de bronce del periodo Kangxi (1662-1722) de menos de medio metro de altura que había en Hudson Pines, su segunda residencia, a las afueras de Nueva York, parte con una estimación de US$600.000. Las cifras marean.

El lote estrella de la puja, no obstante, es un deslumbrante picasso del periodo rosa, Fillette à la corbeille fleurie, de 1905 (154,8 x 66,1 cm), con una estimación de entre 70 y 100 millones de dólares. Antes que en la biblioteca del piso de los Rockefeller en Manhattan, el cuadro había colgado de las paredes de los dos apartamentos parisinos de la crítica de arte y mecenas Gertrude Stein. La historia de cómo pasó de unas manos a otras es bastante curiosa.

Se espera que las obras tengan un alto nivel de demanda no solo por los propietarios anteriores que sirven como un enorme llamativo de aficionados, sino también por el valor histórico de cada una de las piezas. Incluso se habla de las ventas en tiempo récord.

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