Adiós al cuatro por mil

Definitivamente 1998 no fue un buen año en materia jurídica para Colombia, a ese año le debemos dos medidas que en teoría debieron tener una aplicación temporal y cuya debilidad legal se escondió detrás de situaciones de crisis. Me refiero a la restricción al tránsito vehicular del "pico y placa", la cual comentamos brevemente la semana y cuyas contradicciones jurídicas requerirían de unas cuantas columnas adicionales, así como a la creación del impuesto a las transacciones financieras (GMF), más conocido hoy en día como el cuatro por mil.

En efecto, dentro de las medidas que se adoptaron para enfrentar la crisis económica del sector financiero, el entonces Presidente Pastrana junto con su Ministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo, promovieron la creación de un impuesto sobre la disposición de recursos en cuentas corrientes o de ahorros con una tarifa del dos por mil. Desafortunadamente, una serie de medidas que estaban destinadas a tener una vigencia limitada en el tiempo y cuya aplicación solo se justificaba ante una crisis de tal magnitud, terminaron sobreviviendo y quedándose en nuestro marco tributario con carácter permanente.

Tengo la absoluta seguridad que en condiciones normales un hacendista de la talla de Juan Camilo Restrepo jamás avalaría la creación de un impuesto que atenta contra los principios básicos del sistema tributario. Es evidente que la estructura del GMF es contraria a los principios de capacidad contributiva y progresividad, pues grava de la misma manera a personas que realizan una transacción por idéntico valor, sin que necesariamente cada una de ellas tenga el mismo margen o capacidad de contribución.

Existen casos extremos de empresas dedicadas a la intermediación en los que el pago del impuesto municipal de industria y comercio junto con el GMF representa más de la mitad de su utilidad. Es igualmente absurdo que cuando una empresa dispone de recursos para atender los pagos que le corresponden, por ejemplo, por concepto de impuesto de renta o IVA, resulte soportando el pago del GMF que se causa con motivo de la disposición de los fondos requeridos para atender esas obligaciones. Como quien dice, se castiga con GMF al contribuyente que cumple con el pago de sus demás impuestos.

Esta clase de absurdos y el elevado impacto que tiene el GMF en muchas empresas han conducido a que la creatividad de los asesores se desborde para encontrar maneras de eludir o minimizar el impuesto, obligando a la autoridad tributaria a desplegar una mayor actividad fiscalizadora, introduciendo complejidad a los esquemas comerciales o incrementando la inseguridad por delitos como el fleteo que aprovechan el mayor uso del efectivo como mecanismo para no incurrir en el impuesto.

A pesar de las múltiples críticas que desde su origen ha recibido este impuesto, asumo que ante el volumen de recaudación, la facilidad para el cobro y su mínimo nivel de evasión, nuestros mandatarios se han dejado tentar por sus bondades y han olvidado las debilidades jurídicas de esta clase de impuestos, así como el daño que le causan a los procesos de formalización y bancarización.

Cabe destacar el buen criterio que el gobierno del Presidente Santos, y en particular su Ministro de Hacienda Juan Carlos Echeverry, tuvieron al promover un desmonte definitivo del GMF a partir del año 2018. Sin embargo, seis años son todavía demasiado tiempo como para soportar este mal y por eso considero que el proyecto de ley presentado por el Representante a la Cámara David Barguil para desmontar en forma anticipada el GMF  merece todo el respaldo por parte de la comunidad jurídica y financiera.

Aunque el proyecto original era más ambicioso y planteaba una eliminación definitiva del GMF a partir del momento en que fuese aprobada la ley, la discusión que se ha dado al interior de la Cámara ha considerado prudente un desmonte gradual reduciendo el GMF al dos por mil a partir del 2013, al uno por mil en el 2014 y su eliminación definitiva a partir del 2016. Esperemos que este proyecto se convierta en ley muy pronto y que haya llegado por fin el momento de decirle adiós al GMF en forma definitiva.