América Latina y China: nada es gratis

Gracias a su poder adquisitivo y gran demanda de recursos naturales, China se ha convertido rápidamente en un potente jugador en América Latina. Nos enteramos esta semana que el gobierno chino y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) crearán un fondo de inversión de US$1.000 millones para la región.

"Es algo bastante novedoso y es un camino que esperamos seguir abriendo con las autoridades chinas", dijo Luis Alberto Moreno, presidente del BID, al Financial Times en Uruguay durante la reunión anual del Banco. Se espera que el fondo financie una combinación de proyectos de infraestructura y energía.

América Latina sigue abriendo sus puertas a la segunda economía más grande del mundo, pero es importante recordar el adagio popular de que "nada es gratis en la vida".

El ministro brasileño de Planificación, Miriam Belchior, lo resumió muy bien cuando le dijo a Reuters: "Tenemos que mirar este tipo de propuestas con cautela debido a que la presencia china en algunos lugares ha significado que traen sus propios trabajadores y prácticas".

China invierte en recursos naturales
China se convirtió en miembro del BID durante el 2009 y de acuerdo con un reciente informe publicado por el Diálogo Interamericano, los bancos estatales chinos prestaron más de US $75 millones a América Latina entre los años 2005-10. Durante el 2010 los bancos estatales chinos desembolsaron US$37.000 millones más que el Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo y el Ex-Im Bank estadounidense combinados.

Sin embargo, la participación de China en América Latina sigue siendo desigual, beneficiando principalmente a productores de materias primas de Sur América. Más del 91% de los préstamos chinos a la región van dirigidos a Argentina, Brasil, Ecuador y Venezuela. Los préstamos han ido principalmente a proyectos de energía, minería, petróleo e infraestructura.

China es visto tanto como un salvador, que ha ayudado a las economías latinoamericanas a sobrevivir a la crisis económica mundial, como una amenaza, que manipula su moneda, trata mal a los trabajadores y juega con sus propias reglas. La realidad es que China puede ser ambas cosas a la vez. La demanda china ha ayudado a los productores de mercancías de Sur América a diversificar su comercio y servir de colchón a sus cuentas fiscales. Pero sustituir la dependencia a los EE.UU. por la dependencia a China no es la respuesta.

Una fuerte inversión de China en la región definitivamente no es gratis. Simplemente exportar más recursos naturales a China no traerá consigo desarrollo y prosperidad generalizada. La absorción de los ingresos de divisas de estas exportaciones y las inversiones mantendrán fuertes a las monedas de la región y aumentarán el costo de la producción de bienes a nivel local. Esto continuará dañando la competitividad de países como Brasil.

No hay que perder el foco
Adicionalmente, la facilidad de la exportación de recursos naturales a China puede distraer a algunos países de desarrollar industrias locales innovadoras y especializadas.

Aquellos que puedan competir a nivel mundial, no porque son económicos sino porque son eficientes y producen productos de calidad, serán los ganadores.

México es un gran ejemplo. Con la disminución de ingresos de recursos naturales y una economía abierta, México ha tenido que trabajar duro para competir a nivel mundial. Ahora está produciendo buenos productos que el mundo quiere comprar. La industria automotriz mexicana es de clase mundial y la economía mexicana tiene una de las más brillantes perspectivas a largo plazo en la región.

El impacto a largo plazo de la participación de China en América Latina dependerá de lo que hacen los gobiernos con los ingresos provenientes de sus recursos naturales. Si se invierten adecuadamente en esfuerzos para mejorar la educación y  la infraestructura, hacer más fácil el proceso de iniciar un negocio y reducir la informalidad, el impacto será positivo. Pero si los ingresos se pierden y los gobiernos no hacen nada para ser más competitivos, veremos el pasado repetirse. Cuando la economía china estornuda, a América del Sur le da gripa.