¿BCE de Fomento?

De los 27 países de la unión europea 6 no tienen al euro como moneda única sino que tienen su propia moneda y tipo de cambio flotante: Suecia, Gran Bretaña, Polonia, Rumania, Hungría y República Checa. Por otro lado, 4 países tienen su propia moneda, pero está atada al euro: Dinamarca, Bulgaria, Latvia y Lituania. Los otros 17 países tienen al euro como moneda única y pertenecen a la zona euro: Grecia, Portugal, España, Italia, Holanda, Chipre, Eslovenia, Bélgica, Francia, Irlanda, Alemania, Austria, Luxemburgo, Finlandia, Malta, Eslovaquia y Estonia.

Los resultados económicos de Polonia son, hoy en día, un ejemplo a seguir en la unión europea, a tal punto, que el mismo Barack Obama ha hablado del asunto en reciente discurso económico.

Según las proyecciones del crecimiento del PIB para el 2012, dentro de los cinco primeros están: Polonia con un 2,5%, le sigue Lituania con un 2,3%, Latvia con un 2,15%, Rumania con un 1,65% y Bulgaria con un 1,4%. Dos de ellos tienen moneda propia y tipo de cambio flotante y los otros tres también tienen moneda propia pero atada al euro.

Por otro lado, en las proyecciones de crecimiento para el 2012, los cinco últimos países son: Grecia con un -4,4%, Portugal con un -3,3%, Italia con -1,3%, España con un -1% y Holanda con un -0,8%. Todos pertenecientes a la zona euro.

La diferencia entre los cinco primeros y los cinco últimos es que los primeros tienen bancos centrales independientes, por lo tanto políticas monetarias y cambiarias independientes, y los cinco últimos dependen de las políticas monetarias y cambiarias del Banco Central europeo (BCE). Lo que indica lo anterior es que pareciera que el euro es una camisa de fuerza muy complicada de manejar para algunos países de la zona euro.

Si se analizan los problemas de los últimos cinco países en proyecciones de crecimiento para el 2012, se resumen en lo siguiente: alto desempleo que es el resultado de la baja inversión de las empresas, que a su vez se debe a la baja demanda agregada de las economías internas. Por otro lado, balanzas comerciales negativas debido a la baja competitividad externa de sus productos, que curiosamente han hecho que Alemania tenga un gran balance positivo comercial dentro de la misma zona euro. Es decir, los flujos de euros vía balanza comercial van de lo países periféricos hacia Alemania.

Los flujos de capital en los dos últimos años también van de la periferia hacia Alemania y Francia, y ahora más, con los temores de corrida bancaria en Grecia, España, Portugal, Irlanda e Italia. Todo esto hace que los bancos comerciales en estos países estén con problemas de liquidez y que a la larga tengan que ser rescatados por el BCE, como es el caso de los 100.000 millones de euros de rescate a la banca española. Si los bancos comerciales están con problemas de liquidez, entonces las empresas y las familias que necesitan préstamos de éstos, pues no pueden acceder fácilmente a los recursos.  Y, ahí está el problema actual de los países de la periferia. ¿Cómo se puede resolver este problema y al mismo tiempo evitar la salida de la zona euro de estos países? La respuesta es que el BCE no solo sirva como comprador de bonos de deuda de los países en problemas y salvavidas del sector bancario en problemas, sino que sirva como un "Banco de Fomento" del sector real de la economía. Es decir, que incentive sectores claves en cada país así sea a través de los bancos comerciales, como bancos de segundo piso. Es la manera más rápida y tal vez la única, para generar inversión de las empresas y generar empleo en el corto plazo.

Estas políticas deberían estar coordinadas con la unificación de políticas fiscales, con la emisión de eurobonos y con la consolidación y fortalecimiento del sector bancario de la zona. Es la única manera de salvar al euro en el corto plazo para que se fortalezca en el largo plazo y que haría más competitivos a los países de la periferia.

En momentos en que la ortodoxia económica no funciona, pues es bueno algo de heterodoxia.