Bienvenida la competencia

Una interesante labor viene desarrollando la sección comercial de la Embajada de Estados Unidos para promover el ingreso de nuevos negocios hacia Colombia, particularmente la llegada de una serie de reconocidas franquicias cuyos representantes se reunirán a finales de este mes con potenciales inversionistas colombianos. Si todo sale bien muy pronto tendremos en Colombia productos tan populares como los pretzels Auntie Anne´s, las hamburguesas Fuddruckers, las pizzas de Round Table o las alitas de pollo de Wing Zone, por mencionar solo unos cuantos.

Entre lo positivo se destaca la generación de empleo que deberían generar estos nuevos negocios, el mayor recaudo de impuestos y los mejores niveles de precio, calidad y servicio que naturalmente conlleva una mayor competencia. Es indudable que los consumidores colombianos se deberían ver beneficiados con una mayor oferta de opciones, esperemos que esa competencia se incremente en otros sectores como el de la telefonía celular en donde la presencia de solo tres operadores ha permitido que se preste un servicio deficiente y se abuse del cliente, a pesar de los esfuerzos que viene realizando la Superintendencia de Industria y Comercio por defender a los usuarios.

Sin embargo, el desarrollo de estas franquicias no será una tarea fácil debido al elevado grado de inversión que se requiere, en especial en  la adquisición, arrendamiento o adecuación de  locales comerciales, cuyos precios cada vez se asimilan más a los de grandes urbes como Nueva York o Paris. Aunque el Banco de la República viene analizando a profundidad esta situación y ha expresado recientemente que en Colombia no hay una burbuja inmobiliaria, lo cierto es que varios empresarios del sector de hotelería y restaurantes ya empezaron a manifestar la imposibilidad de desarrollar negocios en nuestro país debido a los altos precios de la finca raíz.

Otros retos que no son menores para el desarrollo de las franquicias son la ausencia de un marco legal que regule con claridad los derechos y obligaciones para cada una de las partes, así como la existencia de un régimen tributario bajo el cual todos los pagos que se hacen al exterior por concepto de la explotación de marcas se encuentran sometidos a una retención o impuesto definitivo de renta del 33%. Por lo general, los franquiciantes suelen  pactar su remuneración en términos netos, con lo cual es el empresario colombiano quien acaba asumiendo económicamente esta carga con el consecuente encarecimiento de las regalías que debe pagar al exterior.

Esperemos que los obstáculos tributarios se resuelvan muy pronto con la suscripción del tratado para evitar la doble tributación entre Estados Unidos y Colombia que de manera proactiva viene impulsando la Dian.  Por su parte, confío en que la ausencia de un marco regulatorio para el contrato de franquicia en Colombia sea un tema que considere la Superintendencia de Sociedades, entidad que en la pasada administración había quedado en el olvido pero que ahora bajo el liderazgo de Luis Guillermo Vélez ha venido realizando una excelente gestión mediante el impulso de la doctrina mercantil o de nuevos proyectos de ley como el recientemente aprobado sobre garantías mobiliarias.

Por último, valdría la pena que una vez que finalice la misión de franquicias la sección comercial de la Embajada considere impulsar una misión de fabricantes, que analice y promueva el ingreso de compañías americanas que instalen sus unidades de producción en Colombia y nos permitan ampliar nuestra oferta de bienes exportables. Con el apoyo de la Embajada confió que podremos identificar los cambios que se requieren para que grandes compañías prefieran a Colombia como ubicación de su sede fabril, en lugar de establecerse en Centroamérica o en Asia, y que pronto podamos empezar a reemplazar ese Made in China por un Hecho en Colombia.