Bogotá: al quirófano a ciegas

La impresión que provocan las noticias de las últimas semanas sobre Bogotá es que el alcalde electo, el Sr Petro, con la ayuda del Gobierno de la Nación, del Gobierno de Cundinamarca y del Concejo, hubieran metido urgentemente a la Capital de la República al quirófano, con una banda en los ojos del cirujano y unos tapones en los oídos de las enfermeras.Nadie duda de que Bogotá sea un enfermo grave que necesita, tanto de tratamientos prolongados como de acciones urgentes y certeras.Pero el tratamiento prolongado debe estar prescrito por un equipo de “médicos” de todas las especialidades. Médicos que hayan concretado el diagnostico de las múltiples enfermedades, de las posibles curas, de las prioridades en caso de conflicto. Médicos que lo comuniquen al paciente: ciudadanos, visitantes y empresas locales y extranjeras que vivimos y visitamos la ciudad. También es cierto que para algunas de sus enfermedades, la ciudad debe entrar rápidamente en el quirófano.El plan de tráfico, la gestión de la seguridad, la revitalización del centro, la proyección urbana, la remodelación del sistema de conducciones subterráneas, las nuevas infraestructuras de transporte como el metro o el ALO, el problema del fomento de la educación infantil y juvenil, la cultura cívica y la reconquista de la ciudad para los ciudadanos, son algunas enfermedades de la ciudad que requieren acuerdos sostenidos en el tiempo, pero tomados con prontitud.Hay otras que son enfermedades de decisión rápida, ahí no queden bien mas que al 90%: la 26, los hundimientos como el de la 11, el SITP (que fue enfermedad de tratamiento, pero que ha pasado a situación de ejecuciones inmediatas), y otras muchas que ustedes podrían citar.Pero ¿que le parecería al Sr alcalde, o al Sr Ministro a los miembros del Concejo de la ciudad, si cuando empiezan a ser pacientes de múltiples enfermedades se encuentran en una clínica en la siguiente situación?: uno de los doctores le dice que lo primero es cortar la pierna, sin demora. A los cinco minutos otro le indica que todo menos cortar la pierna. Un tercero llega y le mete corriendo en el quirófano y empieza a cortar el brazo sin haber llamado al anestesista, que por esos ratos, esta almorzando con un buen whisky. ¿Quizás experimentarían algo de desconfianza?Pues así lo están viendo los observadores externos y así lo están viviendo los que habitan o transitan por la capital del país.Uno pensaría, escuchando a los candidatos y, especialmente al alcalde electo, que habían analizado la situación de la ciudad antes de llegar a sus puestos y que tenían claras algunas actuaciones. Sin embargo, los titulares hacen temblar. Tras cuarenta años de preparación (ya muy retrasada), el alcalde declara: “para hacer la ALO me tienen que tumbar”. Algo que debería haberse realizado hace años, salvando la vida natural, algo que no es tan difícil si se contrata a las ingenierías que ya han implantado sistemas sostenibles en muchos humedales alrededor del mundo. Pero ahora no es correcto, según el día: por los humedales, o por que beneficia mas a unos que a otros, ? En la séptima: podríamos cantar: “que tiran el puente que me traicionó, que no lo tiran por que lo amo, que me pongan un metro ligero, que lo dejan de poner, que se convierte en peatonal, que nunca lo será? que en cuatro semanas será una realidad”. Suena bien si le ponen música de ballenato, pero no genera mucha confianza.A veces, el ciudadano de a pie, colombiano o el extranjero y el analista, que es quien mas influye en las decisiones de los inversionistas, no saben si quienes gobiernan quieren el desarrollo de la ciudad o demostrar que ellos son capaces de cambiar el tratamiento al paciente, aunque para ello la única opción que les quede sea no darle tratamiento.Manuel Luis SanchezAnalista