Caso JP Morgan

Hace pocas semanas la inesperada pérdida de JP Morgan Chase & Co impactó no solo las principales acciones financieras del mundo sino la reputación del banco más grande de Estados Unidos de acuerdo a sus activos valorados en más de US$2 billones. El banco anunció pérdidas de al menos US$2.000 millones debido a una mala gestión de una cartera de derivados de créditos mientras sus  acciones han perdido casi US$30.000 millones de su valor de mercado desde esa fecha.

Esta operación le costó el puesto a su presidenta de inversiones, Ina Drew, considerada como una de las mejores administradoras de riesgo financiero, tras 30 años de servicio en la empresa, quien administraba una cartera que incluía instrumentos utilizados en cobertura. Después de esto, las calificadoras de riesgo no demoraron en pronunciarse y Fitch redujo la calificación del banco mientras Standard & Poor`s bajó su panorama de estable a negativo.

Este hecho ha reavivado los fantasmas de la crisis del 2008 y grandes temores sobre la administración de los bancos y sobre las actuales regulaciones del sistema bancario. Algunos reguladores y políticos confirman que las pérdidas de JPMorgan dejan ver la necesidad de una reforma mientras otros piden un reintegro de las compensaciones pagadas a los ejecutivos responsables por las pérdidas, incluyendo las de Ina Drew. 

Con el paso del tiempo las cosas no parecen mejorar, ahora el banco es blanco de dos demandas de accionistas que lo acusan  de tomar riesgos excesivos que causaron éstas pérdidas. Una de ellas afirma que la empresa no reveló que las pérdidas fueron resultado de un cambio del modelo de riesgo permitido, no informado a los inversores mientras la otra demanda  señalan al presidente y directivo financiero de la compañía de omitir  información en  una conferencia telefónica con inversores, el pasado mes de abril, donde debían informar  los resultados del banco. Ambas demandas fueron presentadas por accionistas.

Adicionalmente, el FBI abrió una investigación sobre las citadas pérdidas lo que aumentó la presión sobre el banco después de que la Comisión de Valores de Estados Unidos y la Reserva Federal dijeron que estaban analizando los negocios que originaron las pérdidas. Por ahora, el Ceo del banco, Jamie  Dimon, fue llamado a declarar al Senado del país ,sin embargo, aunque esto puede enviar un mensaje errado en una economía que muestra una débil recuperación, lo que si es importante, es dimensionar lo que representa esa pérdida para el sistema financiero y aquí hay muchas lecciones, aunque de hecho, es una abultada pérdida para una de las unidades de negocio del banco, no hay que olvidar que para ese mismo trimestre el banco  reportó una utilidad de más de US$5.000 millones, a su vez, esta pérdida representa para esta compañía menos de un 2% de su valor teniendo en cuenta que la empresa vale aproximadamente US$125.000 millones.

Aunque es claro, no se requiere un rescate financiero, si  surge la pregunta, de qué tan fácil es administrar un banco de más de US$2 billones en activos y, a su vez, pone a pensar a muchos legisladores sobre si es ya definitivamente necesario aplicar la conocida regla volcker, donde  se separa la banca comercial de la banca de inversión.  Aún no se sabe  a ciencia cierta las conclusiones de este tema, se puede esperar un largo debate político que puede generar cambios esperados en el sistema financiero estadounidense.