De administrar a liderar

Considero que el presidente Juan Manuel Santos Calderón demostró ser un buen administrador en los numerosos puestos públicos que desempeñó antes de ser presidente. En otras palabras, sí lo recuerdo como un buen segundo. Pero ya como líder, transcurridos dos años de su mandato, estimo que no ha descollado por tomar decisiones acertadas para despejar el futuro del país en temas clave.  Espero que no lo hayamos colocado en el "nivel de incompetencia" que acompaña a todo ser humano. 

Considero desacertado de su mandato no haberle otorgado  garantías a la Fuerza Pública para combatir a los grupos armados.  Por el contrario, cada vez se aprecia más incierto el fuero militar para ellas.  Incompresible el atizar la violencia con la absurda promoción de la legalización del cultivo de las drogas, porque cultivos más dosis personal igual violencia, inversión reducida, desempleo…

Inaceptable, así mismo, el proyecto del Gobierno promovido por algunos senadores sin barreras jurídicas para  amnistiar e indultar los delitos atroces de las guerrillas, ¿sin dejación de las armas? para luego llevar a sus jefes terroristas al Congreso, las gobernaciones, las alcaldías? para causarle al país desde allí con su ineptitud casi tantos daños como desde las guerrillas, como sucede ya hoy.

Controvertidos personajes como los señores José Miguel Vivanco y Baltasar Garzón censuran esta ley de Marco Jurídico para la Paz, pero en este caso no los escuchan como cuando le aconsejaron a Santos enredar el fuero militar.

Censurable "someter el Congreso al látigo burocrático" para hacerlo aprobar leyes confusas y sin presupuesto como las de víctimas, tierras, las casas gratis  y una reforma tributaria contra la clase media, al tiempo que no prosperan las reformas indispensables como la de la justicia o la de las pensiones de jubilación. Reprochables las declaraciones de la Cancillería en relación con nuestra soberanía sobre el Archipiélago de San Andrés y Providencia sin que el señor Presidente hubiera fijado su posición de líder. 

Voté por él y tan solo deseo que triunfe, porque, insisto, un fracaso suyo marcaría el final de los gobiernos de centro que hemos tenido durante décadas, por culpa, en especial, del debilitamiento de la autoridad del Estado y de la incompetencia de sus instituciones. 

Incierto, complejo, el aprovechamiento por Colombia de los TLC con los Estados Unidos y con otros países debido a que nuestra competitividad se ha menguado exageradamente los últimos años como resultado de las incompetencias de nuestras instituciones para: garantizar el orden público; atenuar la revaluación del peso colombiano; reconstruir la  infraestructura vial; rebajar los elevados precios de la gasolina, la energía y la mano de obra en dólares?

Los buenos resultados recientes de nuestra economía y del empleo no se pueden proyectar en un  escenario de debilidad e incompetencia de nuestras instituciones. Falso sostener que los inversionistas internacionales prefieren a la fecha a Colombia sobre todos los demás países de Suramérica. Expertos en inversiones como BlackRock recomiendan hoy más al Perú que a Colombia. 

Recordemos que el megalómano de Adolfo Hitler no pasaba de ser un cero a la izquierda en la política alemana al finalizar la década de los años 20, pero la Gran Depresión Económica de entonces le allanó el camino para llegar a la presidencia elegido en forma democrática.  Hitler presidente logró elevar el empleo y esto le valió el apoyo de su pueblo para el Hitler dictador y para lanzar el mundo a la Segunda Guerra Mundial. Conclusión: nadie sabe qué puede resultar de unas elecciones con desempleo.