De Kyoto a Durban, pasando por Colombia

Con la presencia de 195 países, se celebró la cumbre (organizada por la ONU) sobre cambio climático en Durban (Sudáfrica) a principios de diciembre del año pasado. La cumbre buscaba renovar acuerdos internacionales para la lucha contra el calentamiento global o, como lo dicen algunos expertos, contra el cambio climático.
La cuestión es que el calentamiento global debido al efecto invernadero produce climas extremos sobre la faz de la tierra.
 

En un artículo de The Economist (22 de octubre de 2011),  se analizan los resultados del promedio de temperatura a nivel mundial por parte de cuatro institutos independientes: tres son de los Estados Unidos (uno de la Nasa, el otro es de la National Oceanic and Atmospheric Administration "Noaa", y el último es el autodenominado Berkeley Earth Surface Temperature), el otro es entre la Met Office Británica y la Unidad de Investigaciones Climáticas de la universidad East Anglia.
 

Sin tener en cuenta las diferencias metodológicas, los resultados de las cuatro instituciones muestran la misma tendencia de la temperatura: en los últimos cincuenta años el promedio de temperatura global ha aumentado en 0,9 grados centígrados sobre el promedio histórico.
 

Los efectos se está viendo en todos los rincones de la tierra, en algunos más que en otros: lluvias extremas en algunos sitios, sequías extremas en otros, huracanes y ciclones por fuera de temporada, gran número de tornados, nevadas extremas por fuera de temporada y cambio en los pisos climáticos de algunas cosechas, entre muchos otros efectos climáticos extremos.
 

Por lo tanto, se entiende la importancia que debía tener la cumbre de Durban sobre cambio climático, más aún cuando el protocolo de Kyoto vence este año y requiere de otro protocolo y de acuerdos urgentes para controlar el calentamiento global.
 

Sin embargo, algunos países como China afirman que si no se logra este año una extensión de los acuerdos para la reducción de gases de efecto invernadero (limitar la emisión producida por combustibles fósiles) del protocolo de Kyoto, entonces los resultados de la cumbre de Durban y todo el sistema internacional para combatir el cambio climático estarán en peligro.
 

No obstante lo anterior, China e India, dos de los más grandes contaminantes con combustibles fósiles,  no tienen la obligación de reducir la emisión de gases bajo el protocolo de Kyoto de 1997, por lo que los Estados Unidos y la Unión Europea exigen que todos los países industrializados, incluida China e India, entren a un acuerdo para limitar la emisión de gases de origen fósil.
 

El problema es que Canadá, Japón y Rusia no firmarán un segundo protocolo si Estados Unidos y China no se comprometen, al igual que ellos, en metas serias de reducción de gases.
 

Por su parte los países de América Latina (un poco optimistas) exigen serios compromisos de los países desarrollados para lograr un segundo protocolo y recursos para contrarrestar los efectos del cambio climático.

Sin duda, Colombia ha sido uno de los países más perjudicados por el calentamiento global en América Latina. La temporada de lluvias ha sido de las más duras de las últimas décadas, y tiene en problemas toda la infraestructura de carreteras, con consecuencias ya conocidas.
 

Pero toda la culpa no se le puede achacar a los países industrializados y su gigante emisión de gases con origen en combustibles fósiles, que afectan a todo el planeta. Colombia tiene su aporte en el cambio climático: sistemas de transporte anticuados y grandes emisores de gases, población en aumento que ocupa y contamina zonas aledañas a ríos y de reserva natural, grandes cantidades de basura no reciclada o tratada, zonas industriales que arrojan sus desperdicios a los grandes ríos (por ejemplo al Bogotá).
 

Pero lo peor es la gran tala de bosques. Según el Ideam, en los últimos 20 años se han talado 6 millones 200 mil hectáreas de bosques, a un promedio de 310 mil hectáreas anuales.
Esto produce erosión, deslizamientos de tierra en invierno y disminución de la capacidad de absorción de dióxido de carbono emitido por todo lo que utilice combustibles fósiles.
Si Colombia y América Latina exigieron en Durban, lo mejor es que comiencen a ordenar la casa.