El descalabro del `Tigre Celta`

A partir de 1995, la República de Irlanda, un país de 4,5 millones de habitantes en la periferia europea, experimentó un proceso de rápido crecimiento que duró cerca de diez años. La inversión extranjera en manufacturas de productos electrónicos y farmacéuticos, así como el aumento de productividad de la fuerza laboral, permitieron equiparar el ingreso por habitante irlandés con el del promedio de los miembros de la Unión Europea. Esta época dorada dio lugar al mito del `Tigre Celta`, el pequeño país cuyos gobernantes habían descubierto la piedra filosofal de la prosperidad. Durante algunos años, el Wall Street Journal, y diversos centros cercanos al partido Republicano, promovieron a Irlanda como un ejemplo para el resto del mundo, incluyendo a Estados Unidos. Lo que se ofrecía como la clave del éxito era rebajar los impuestos de los grandes contribuyentes y desmantelar los sistemas de regulación y supervisión de la economía.A partir del año 2006, el milagro irlandés empezó a hacer agua. El naufragio tuvo lugar de manera espectacular en 2008, con el estallido de la burbuja de propiedad raíz, la insolvencia de una banca mal regulada e hipertrofiada. Un comportamiento gubernamental desacertado duplicó la deuda pública del país y colocó a Irlanda al borde de la bancarrota. El PIB de Irlanda en 2009 se redujo en 13,5%. La bolsa de valores tuvo una caída de 68%. Las familias irlandesas perdieron cerca de la mitad de sus activos financieros. Una descripción de este colapso y sus antecedentes aparece en Ship of Fools, por Fintan O`Toole. Este historiador y comentarista irlandés le asigna la responsabilidad por la debacle a la estupidez de las autoridades y a la corrupción generalizada de sus dirigentes políticos. O`Toole describe la costumbre del jefe de gobierno, Bertie Ahern, de recibir sobres con miles de euros de manos de empresarios de la construcción. Es posible imaginar el efecto que este comportamiento tuvo sobre los niveles inferiores de la administración y sobre el resto de la sociedad. La ausencia de una cultura cívica solidaria, propia de sociedades democráticas avanzadas, convirtió la evasión de impuestos en una práctica generalizada, sin sanción social, tolerada por las autoridades.El gobierno procedió a establecer el Centro Internacional de Servicios Financieros. Se trataba de permitirle a multinacionales extranjeras evadir impuestos, creando la ficción de que su centro de control estaba en Irlanda. El atractivo de un régimen regulatorio pro-negocios era, en efecto, la posibilidad de establecer bancos no sujetos a supervisión. El gobierno se jactaba que el rápido crecimiento del sector de seguros y reaseguros le estaba permitiendo a Dublín convertirse en la Bermuda de Europa. En cambio, el símil utilizado por el New York Times en 2005, era `el Oeste Salvaje de las finanzas europeas.` La tragedia de Irlanda consiste en que se intentó imponerle un régimen de individualismo capitalista desbordado a un sistema político clientelista y corrupto. Por lo demás, el diagnóstico gubernamental acerca de las causas del crecimiento irlandés entre 1995 y 2005 era incorrecto. Los factores que permitieron la transformación económica de Irlanda poco o nada tenían que ver con lo que proclamaban los propagandistas de una ideología complaciente. Irlanda prosperó, gracias al compromiso estatal de gobiernos anteriores con la educación, la solidaridad, reformas sociales progresistas y la transferencia masiva de recursos financieros por parte de la Unión Europea. Irlanda tardará años en salir del abismo al cual la condujeron unas élites irresponsables. Para hacerlo, tendrá que aprender que un gobierno legítimo debe basarse sobre principios éticos; y que la economía de mercado debe regirse por normas legales estrictas.Rodrigo Botero MontoyaAnalista