El nuevo foco de la inversión privada: Educación

América Latina, resurgida de la última crisis financiera global en mejor forma que gran parte del resto del mundo, está creciendo actualmente en muchas áreas –commodities, energía, e infraestructura. El financiamiento del sector privado está jugando un rol crucial en la promoción de este crecimiento y profesionalizando de sectores económicos enteros, a través de fusiones y adquisiciones de empresas de todo tamaño.

Esta realidad está evidenciada en un reciente informe de la Latin American Private Equity & Venture Capital Association, que reportó que en 2011 un record de US$10.3 mil millones fueron destinado a fondos de inversión de riesgo en América Latina. Esta suma representa un incremento del 27% desde 2010 –otro año record. Estas inversiones se han dado en los más variados sectores. Pero tal vez lo más novedoso sea el creciente foco de la inversión de riesgo en la educación.

El último mes, distintas fuentes reportaron que el proveedor global de educación con base en Baltimore Laureate Education, apoyado por fondos como el americano KKR y el Citigroup Private Equity, está preparando su salida a bolsa. Laureate genera la mitad de su facturación en Brasil, México y Chile, y el próximo IPO es un claro indicador de lo atractivo del sector para la inversión privada.

En enero de este año, Actis, un fondo privado global con foco en mercados emergentes, anunció un desembolso de US$102 millones para la adquisición de una participación minoritaria en la prestigiosa Universidad Cruzeiro do Sul Educacional de Brasil. El Apollo Group, por su parte, compañía madre de la Universidad de Phoenix, adquirió la Universidad de Artes, Ciencias y Comunicación de Chile en 2008 y la Universidad Latinoamericana en México en 2007.

Hay, además, otros numerosos actores expandiéndose en este mercado. La Universidad Whitney System, con financiamiento de inversores en Texas, opera en 18 países latinoamericanos, y alcanza a más de 80.000 estudiantes en la región a través de campus virtuales y de aprendizaje a distancia.

DeVry Inc., especializada en educación superior y valuada en US$3 mil millones con más de 90 campus en Norteamérica, también ha comenzado a mirar a América Latina. En 2009 DeVry adquirió el 82.3% de Fanor, una universidad del nordeste brasileño, por US$40,4 millones. En 2009, Linzor Capital, que opera en Chile, Argentina, México y Colombia, se introdujo en el mercado educativo de la región al adquirir el 57% de la Universidad Santo Tomás de Aquino, el instituto privado de educación superior más antiguo de Chile.

En 2010, otro importante player latinoamericano, DLJ South American Partners, adquirió una participación del 25% en Grupo Santillana de Ediciones, la editorial líder de libros de texto escolares en América Latina y España, que opera en 22 países, vendiendo en promedio 100 millones de libros al año.

Las instituciones multilaterales son también crecientemente parte de este mercado. La Corporación Financiera Internacional (CFI), la división del Banco Mundial que otorga préstamos al sector privado ha invertido US$200 millones en Brasil, Chile, Colombia, México y Perú, en centros educativos online y a distancia y en otras instituciones de educación superior.

Sin embargo, no todos creen que la inversión privada es beneficiosa. El año pasado las protestas estudiantiles en Chile incluyeron reclamos por los niveles de financiamiento, la inequidad en el acceso, y el involucramiento empresarial en la provisión de educación. Pero a pesar de las protestas y la evidente necesidad de regulaciones e implementaciones sólidas, la participación del sector privado en educación ha venido creciendo y parece que lo seguirá haciendo.

El financiamiento de los fondos privados se ha enfocado principalmente en la educación superior, pero –como ha sido el caso en Estados Unidos- el mercado de la educación primaria y secundaria pronto se volverá más atractivo, por su mayor tamaño, la imperiosa necesidad por una mayor calidad, y la creciente oportunidad en la incorporación de productos y servicios basados en nuevas tecnologías.

Para la educación, un sector que actualmente tiene mayoritariamente sólo un gran proveedor –los gobiernos-, el sector privado, bien regulado y supervisado, traerá un dinamismo y un espíritu emprendedor imperiosamente necesarios, aumentando las opciones para los padres y los niños y contribuyendo a una mejora de la calidad educativa.